Cuarenta y dos años atrás, en 1971, y coincidiendo con la segunda gira del seleccionado argentino de rugby por Africa del Sur, los Springboks sudafricanos, en gira por Nueva Zelanda, recibÃan los primeros indicios de que el deporte podrÃa coadyuvar a cambiar el panorama sociopolÃtico-étnico del paÃs en el que Nelson Mandela estaba preso.
Los abucheos con que los aficionados neocelandeses atacaron, no al juego, sino al régimen sangriento del paÃs de los visitantes, se convirtieron en moneda corriente durante toda la gira de los sudafricanos. Teniendo en cuenta que el rugby era y es, tanto en Nueva Zelanda como en Sudáfrica, el deporte más popular, de a poco, en especial entre los angloparlantes blancos sudafricanos –en Ciudad del Cabo como epicentro y no, por cierto, entre los descendientes de los boers–, se fue creando conciencia de algo impensable poco tiempo antes. Algo asà como que el rugby era más determinante que el apartheid.
El gran Nelson Mandela tuvo muchÃsimo que ver con la paulatina integración racial alrededor del rugby. Vale la pena ver la pelÃcula Invictus, con un genial Morgan Freeman como Mandela, para entender un poco mejor esta revolución cultural, polÃtica, económica y deportiva que tuvo como uno de los grandes protagonistas al enorme estadista fallecido el jueves.
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