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Lunes, 9 de diciembre de 2013

OPINION

En el principio fue el rugby

 Por Diego Bonadeo

Cuarenta y dos años atrás, en 1971, y coincidiendo con la segunda gira del seleccionado argentino de rugby por Africa del Sur, los Springboks sudafricanos, en gira por Nueva Zelanda, recibían los primeros indicios de que el deporte podría coadyuvar a cambiar el panorama sociopolítico-étnico del país en el que Nelson Mandela estaba preso.

Los abucheos con que los aficionados neocelandeses atacaron, no al juego, sino al régimen sangriento del país de los visitantes, se convirtieron en moneda corriente durante toda la gira de los sudafricanos. Teniendo en cuenta que el rugby era y es, tanto en Nueva Zelanda como en Sudáfrica, el deporte más popular, de a poco, en especial entre los angloparlantes blancos sudafricanos –en Ciudad del Cabo como epicentro y no, por cierto, entre los descendientes de los boers–, se fue creando conciencia de algo impensable poco tiempo antes. Algo así como que el rugby era más determinante que el apartheid.

El gran Nelson Mandela tuvo muchísimo que ver con la paulatina integración racial alrededor del rugby. Vale la pena ver la película Invictus, con un genial Morgan Freeman como Mandela, para entender un poco mejor esta revolución cultural, política, económica y deportiva que tuvo como uno de los grandes protagonistas al enorme estadista fallecido el jueves.

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