El 10 de agosto pasado murió en Rosario, su ciudad, el historiador Alberto Pla. Una de las personalidades más ricas de las ciencias sociales en Argentina, el profesor tenÃa un bien ganado prestigio tanto en el mundo académico como en el terreno de las disputas ideológicas y polÃticas. Pla vivió hasta los 82 años y pudo disfrutar en vida de merecidos homenajes, entre ellos los dos doctorados Honoris Causa que le otorgaron la Universidad de Salta (2001) y la Universidad de Rosario (2005). "Alberto es uno de esos últimos maestros con caracterÃsticas muy particulares. Lo conocà cuando él vuelve de su exilio en Venezuela y México, yo era estudiante y en ese momento habÃa mucha avidez entre todos nosotros por esta esperanza que se abrÃa a mediados de los `80", comienza para recordarlo la profesora Cristina Viano, primero alumna y después colaboradora de Pla.
"El aparece como una de las figuras intelectuales más importantes de Argentina y América Latina que empiezan a volver del exilio después de las dictaduras, todos esos profesores notables que habÃan sido expulsados a través de las amenazas de la Triple A, o directamente de la dictadura después", explica Viano a Rosario/12. Y asegura que "nos deslumbramos con su figura y con su inteligencia y empezamos a trabajar con él. Y Alberto era un tipo que siempre generaba espacios con gente joven, siempre entusiasmó a la juventud y se rodeaba de ella, tenÃa un trato siempre directo con los estudiantes en las clases, en los grupos de estudios. Creo que eso fue algo que lo mantuvo muy vital y productivo hasta los últimos años de su vida. El tenÃa varias obsesiones: La historia de América Latina, un compromiso con las ideas marxistas y socialistas que no abandonó a lo largo de toda su vida".
-Con respecto a la historia, su compromiso marxista era también con el método, ¿no?.
-Sin ninguna duda. El era muy insistente en esa manera dialéctica de pensar, de abordar los temas. Y en aquellos momentos de mucha hostilidad hacia las ideas y los estudios marxistas -hacia fines de los `80 y principios de los '90- Alberto se mantenÃa reivindicando la lectura de Marx, que Marx todavÃa podÃa ser útil para interpretar y modificar la situación de los tiempos presentes. Es más, sus trabajos de los '80 y los '90 estuvieron más que nada orientados a la profundización de la teorÃa de Marx. El discutÃa con esta idea de la globalización y proponÃa hablar de mundializción, seguÃa insistiendo sobre el carácter clasista que tenÃa el conflicto social; sobre la necesidad de seguir pensando en estas cosas cuando en realidad -desde la agenda de las ciencias sociales- lo que se intentaba era erradicar la noción de conflicto social. Y él seguÃa apostando a hacer una lectura crÃtica de la realidad desde esa perspectiva.
-Pla fue un poco el sostenÃa la vigencia de la escuela marxista en la facultad de Rosario, donde también crecÃa otra corriente como la francesa, por ejemplo.
-Alberto era el que sostenÃa. Inclusive yo recuerdo que una de las pocas polémicas que hubo al interior del mundo de los historiadores sobre fines de los `80, justamente estuvo agitada por una parte por Pla, y por otra parte por sus "contendientes" que aseguraban que no se podÃa seguir sosteniendo la noción de clase social. Entonces se da un fuerte debate en torno a la pertinencia o no de seguir usando la categorÃa de clase social, versus la noción de sectores populares. Ahà es cuando Alberto decide formar junto a algunos colegas de Rosario y Buenos Aires, el Centro de Estudios de Historia Obrera.
-¿Cómo lograba él conjugar militancia con la vida académica, cuando generalmente parecen cuestiones disociadas?
-Lo pudo hacer porque entendÃa que la vida académica debÃa asumir un compromiso con la sociedad de su tiempo. Y este es un rasgo muy particular que él mantiene a lo largo de su vida, porque él es un hombre de la universidad pero sin embargo su "ser" académico se despliega en una dirección horizontalista. Alberto fue un gestor de proyectos colectivos, y los más sobresalientes son las colecciones que dirige a principios de los '70 para el Centro Editor de América Latina: La historia del movimiento obrero que son cinco tomos y 110 fascÃculos, y Los hombres de América. Ahà nuclea a muchos autores, gran cantidad de gente porque se tiraban miles y miles de ejemplares semanales. Después estos trabajos van a ser reeditados entre 1986 y 1987, en un contexto muy diferente; y aún hoy son un material de consulta invaluable.
-Uno lo puede imaginar, pero ¿cuál era su relación histórica, académica y polÃtica con el peronismo?
-Bueno, él fue un marxista internacionalista-trotskista durante toda su vida. En ese marco su relación con el peronismo fue siempre muy crÃtica como lo fue con todos los nacionalismos y reformismos. No obstante lo cual, Alberto era un tipo que tenÃa buen diálogo con gente del peronismo de izquierda, básicamente porque era muy respetado.
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