Se pueden y deben aumentar los recursos públicos apelando a las ganancias extraordinarias de las fracciones dominantes del bloque capitalista que desde 1976 han incrementado la porción del excedente social que se apropian.
El gobierno celebra el superávit fiscal de 2024, aunque haya sido a fuerza de recortes en jubilaciones y en obras de infraestructura, entre otras partidas.
Un informe de Iaraf señala que el ajuste en la Administración Pública alcanzó a 4,2 puntos del PBI, centrado en el gasto social
Más allá de las matemáticas usualmente engañosas de los libertarios, lo cierto es que el ajuste fiscal a lo largo de 2024 tuvo proporciones históricas.
De cara a las próximas elecciones, se requiere de un plan detallado, factible y preciso para asegurar el crecimiento y desarrollo, gracias al protagonismo de un Estado presente y solidario.
El desarrollo del sector agropecuario argentino está vinculado a los avances en ciencia y tecnología impulsados por la investigación pública del INTA.
Al revés de como plantea Milei, el Presupuesto debe construirse a partir de establecer cuáles son las necesidades que la sociedad tiene.
Las erogaciones del sector público se ubicaron en torno al 10,2 por ciento del PBI, profundizando una tendencia a la baja.
La política fiscal es tosca y esconde bajo la alfombra varias maniobras cuestionables. La administración de los recursos públicos es un mamarracho. El ajuste tiene el aval tácito de los denominados economistas profesionales, a quienes Milei desprecia. Definir como el “ajuste más grande de la humanidad” es una exageración.
El consenso de los economistas convocados fue que la salida de los controles cambiarios debe ser gradual, algo que va en contra del pedido del mercado y los inversores, que pretenden que se terminen los controles en el cortísimo plazo.