El ministro de Energía, Juan José Aranguren, afirmó ayer que los 88 millones de dólares en depósitos en el exterior que tenía al momento de su última declaración jurada, “siguen ahí”. Y que su decisión personal de no traerlos al país “tiene que ver con la confianza que hemos perdido en Argentina”. El ejemplo de Aranguren, que se replica en un importante número de integrantes del gabinete nacional, explica la actitud de gran parte de la clase dominante de sostener una persistente fuga de divisas pese a tener un gobierno que responde a sus intereses. ¿Por qué no recuperó la confianza después de dos años de un gobierno al que el propio ministro pertenece? “Vivimos con un cepo cambiario durante mucho tiempo; el que se quemó con leche, ve una vaca y llora”, resumió Aranguren su postura. ¿Hasta cuando? “La decisión es personal, y se tomará cuando corresponda”, respondió.

 Lejos de todo sentido de ética en la función pública, Aranguren no es el primer miembro del gabinete nacional que se expresa en los mismos términos, en los que predomina el sentido individualista de que “la plata es mía y hago lo que me parece”. En términos similares se había expresado el titular de Hacienda, Nicolás Dujovne, cuando en España fue interrogado en el mismo sentido: por qué, si él con su plata decide dejarla afuera del país, podría esperar que los inversores extranjeros la llevaran a la Argentina. La lógica que siguen los funcionarios del gabinete de Macri, que el presidente de la Nación comparte, es que las decisiones sobre los fondos personales “no tienen nada que ver” con las oportunidades con las que se busca atraer a los inversores extranjeros. Así lo volvió a explicar Aranguren.  

Ayer, en su participación en un programa de Radio por Vos, el ministro escuchó de uno de sus entrevistadores: “Siempre están pidiendo que vengan las inversiones extranjeras al país; quiero saber si usted repatrió el dinero que tenía depositado en el exterior”. “No, lo sigo teniendo allá”, respondió, “pero son discusiones totalmente distintas”. Y se explayó: “Nadie pide inversiones, cuando alguien viene a invertir en Argentina no lo hace para hacer beneficencia, la inversión va a un país buscando rentabilidad. En mi caso, yo tengo esos fondos, ese ahorro, en una cuenta a la vista, en disponibilidad, con un interés del 0,1 por ciento anual. No es por hacer negocios. ¿Por qué la tengo allá? Eso tiene que ver con la confianza que hemos perdido en Argentina”. 

La respuesta, proviniendo de un funcionario del actual gobierno desde diciembre de 2015, sorprendió a los entrevistadores. Aranguren se vio obligado a ampliar la explicación. “Casi todo ese ahorro que tengo afuera fue producto de una bonificación que recibía de mi anterior empleador (Royal Dutch Shell) en acciones de esa empresa, que obviamente estaban en el exterior. Y era un momento en que Argentina, durante 3 o 4 años, tenía un cepo cambiario. Entonces, ¿para que iba a traerlo?” Pero pasaron más de dos años, el levantamiento del cepo cambiario fue una de las primeras medidas adoptadas por el gobierno de Cambiemos, y Aranguren –como muchos otros millonarios vernáculos– sigue manteniendo sus capitales en el exterior. Aranguren lo respondió así: “Hay un dicho: el que se quemó con leche, ve una vaca y llora”.  

¿Por cuánto tiempo más la imagen de la vaca le seguirá rememorando el momento de la quemadura a estos sensibles empresarios, sean hoy funcionarios o no? Aranguren asumió un desafío impensable, responder desde dos veredas diferentes al mismo tiempo: la del funcionario que debe inspirar confianza, y la del capitalista que debe ser convencido de volver a otorgar esa confianza. “La decisión es siempre personal, y se tomará cuando corresponda, cuando recuperemos la confianza perdida... Estamos trabajando para eso, con el vaso medio lleno, nosotros trabajamos para una Argentina donde no ocurra nunca más”.  



Aranguren, como Dujovne, o como Luis Caputo, en los tres casos en la primera línea de funcionarios que deben exhibir las bondades de invertir en Argentina, no creen que con sus decisiones patrimoniales están dando una pésima señal. La “decisión personal” de Aranguren es la ratificación de que no era “el cepo” lo que ahuyentaba las inversiones, así como la continuidad y aceleración de la fuga de divisas demuestra que su levantamiento no hizo más que facilitarle esa salida a los dueños del dinero. Todos ellos se beneficiaron de la megadevaluación de fines de 2015, y podrían estar esperando otra antes de tomar la decisión de repatriarlo. 

Tampoco les preocupa el juicio ético a su actitud. Ante la insistencia del periodista, que le preguntó “¿pero por qué mantiene la plata afuera? Yo también tengo excedentes, no mucho, pero lo tengo en el país. ¿Yo confío en Macri más que usted?”, Aranguren respondió, ya algo molesto: “Si usted quiere verlo así, que tiene más confianza en la Argentina que yo, lo dejo con esa virtud. Yo, lo que quiero es trabajar para que todos en Argentina recuperemos esa confianza”. Hasta entonces, seguirá la fuga.