Tanto por su responsabilidad histórica en la acumulación de gases de efecto invernadero (GEI) que provocan el calentamiento global como por ser grandes contaminantes de la actualidad, las potencias económicas llevan en su espalda el destino del equilibrio ecosistémico del planeta. Es decir, si no modifican drásticamente el rumbo de sus emisiones de carbono, la temperatura global superará en un puñado de décadas la suba del 1,5º respecto del período pre-industrial, con consecuencias negativas de carácter masivo pero especialmente para los países más pobres.

Por ello, cabe preguntarse qué acciones están llevando adelante en materia de descarbonización los Estados Unidos y la Unión Europea, responsables históricos de la emisión de GEI, junto a China, el país que por lejos es el primer emisor de carbono.

De acuerdo a los últimos datos disponibles, el 30,9 por ciento de las emisiones globales de GEI corresponden a China, seguida, de lejos, por Estados Unidos (13,5 por ciento), India (7 por ciento), Rusia (4,6), Japón (2,9) y Alemania (1,8 por ciento). Sin embargo, en términos per cápita Estados Unidos duplica las emisiones de China.

En virtud de sus ambiciosos compromisos climáticos asumidos en la arena global, que contemplan la neutralidad de carbono para 2050 en el caso de Estados Unidos y la Unión Europea y en 2060 para China, estas economías vienen acelerando año a año la adopción de medidas de mitigación, en particular las inversiones en energías renovables. Pero además, cada vez resulta más claro que no se trata solo de una carrera ambiental sino también industrial por el dominio de las nuevas tecnologías y asimismo asociada a la seguridad del abastecimiento interno.

Las renovables son solamente un aspecto de la transición energética, que es algo mucho más amplio e involucra temas como la conservación de ecosistemas, la eficiencia energética, la economía circular, cambios en los modos de producción y de consumo y transformación de sectores clave como transporte, el agro y la ganadería. Aun así, hay analistas que advierten que la velocidad de producción y consumo del capitalismo actual es incompatible con poder alcanzar las metas ambientales.

Estados Unidos

La matriz energética estadounidense depende en un 36 por ciento del petróleo y 33 por ciento del gas, seguido por las renovables (13 por ciento), carbón (10,0) y nuclear (8,0). De modo que el 80 por ciento de la energía que consume la potencia del norte proviene de fuentes fósiles, que impactan en el calentamiento global.

Sin embargo, se espera que en los próximos años estos números cambien a una velocidad bastante más grande de lo que viene pasando, en base a una serie políticas industriales muy fuertes que está aplicando Estados Unidos, en donde sobresale la Inflation Reduction Act (IRA). La IRA provee certificados de crédito fiscal para inversión asociadas a la transición energética, con un fondeo total de 369 mil millones de dólares.

La estrella de las inversiones es el sector de paneles fotovoltaicos, que podría crecer hasta un 75 por ciento en los próximos dos años. Las renovables junto a la hidroeléctrica podrían pasar a explicar un cuarto de la energía total que consume el país, mientras que caería el carbón, lo que implicaría una baja de la producción de ese mineral del 26 por ciento, que impactará en las regiones carboníferas norteamericanas.

A su vez, hay una notable expansión de la capacidad de almacenamiento de las baterías, con el fin de otorgar estabilidad a las renovables. Se espera que para 2026 la capacidad llegue a los 40GW, mientras que en 2019 se ubicaba en apenas 1GW. Con todo, Estados Unidos busca para 2030 reducir entre un 32 y un 42 por ciento sus emisiones respecto de 2005, gracias a que las renovables pasarían a explicar el 80 por ciento de la matriz eléctrica (que es un componente de la matriz energética total).

China

La matriz energética de China se explica en un 55 por ciento por el carbón, que es el combustible más contaminante. Le siguen en importancia el petróleo (17 por ciento), gas (8,5) e hidroeléctrica (7,7). La energía renovable se ubica en el 8 por ciento del mix total.

Con todo, las fuentes fósiles representan alrededor del 81 por ciento de la matriz energética total. Este número se ubicaba en el 92 por ciento en el año 2011. Tal reducción, si se tiene en cuenta el fuerte crecimiento de la economía, y por ende del consumo energético, en ese período, es muy importante.

Al mismo tiempo, la energía proveniente de fuentes con bajas o nulas emisiones de carbono se ubica en el 18,4 por ciento, cuando en el 2011 era de 7,8 por ciento. Solamente mirando a la matriz eléctrica, un tercio del consumo se abastece a través de renovables, lo cual incluye, en la medición china, a las hidroeléctricas.

El grado avance de las renovables en China es abrumador: en 2023, el gigante asiático puso en funcionamiento tanta energía solar fotovoltaica como el mundo entero en 2022, mientras que sus plantas de eólica también crecieron un 66 por ciento interanual.

Para China, la carrera tecnológica de las renovables representa además una fabulosa oportunidad de fortalecer su dominancia, ya que la producción de ese país explica el 80 por ciento del mercado global de paneles solares. También tiene una implicancia en cuanto a la seguridad energética, ya que China es un gran dependiente de las importaciones de petróleo (las compras externas representan el 85 por ciento del consumo interno), gas (40 por ciento del consumo interno) y carbón (7,0).

Unión Europea

Alrededor de la mitad de la energía que la Unión Europea consume es importada y el resto es producida internamente. Dentro del mix energético de la región, los derivados del petróleo explican un tercio de la matriz, seguido del gas (23 por ciento), renovables (17 por ciento) y energía nuclear (13 por ciento). Claro que estos porcentajes tienen gran variación a lo largo y ancho de la UE. Por ejemplo, mientras Chipre y Malta usan el petróleo en un 86 por ciento en su mix energético, Suecia tiene un 48 por ciento de renovables y Dinamarca, un 41 por ciento.

Si se observa solamente la matriz eléctrica, en 2022 el 40 por ciento de la producción provino de fuentes renovables --y subiría al 61 por ciento en 2028--, lo cual supone un gran avance frente al share de renovables de 2004, que era del 16 por ciento.

El avance de las energías renovables y la inversión de estos países para mejorar la eficiencia energética permitió que las emisiones de GEI en 2022 fueron un 22 por ciento más bajas que en 2008 y un 32 por ciento menores a las de 1990.

Una cuestión interesante es que el último avance de los paneles solares viene siendo impulsado por la energía distribuida, es decir, las instalaciones en casas y edificios. La principal causa de dicho avance es el encarecimiento de la electricidad, que vuelve atractiva la inversión en paneles que permiten luego dejar de comprar a la red y eventualmente vender electricidad. Los países que van a la delantera en este tema son Alemania, Italia, España, Suecia, el Reino Unidos, Francia, Holanda y Bélgica.