CULTURA › EL TERCER CINE EN UNA MUESTRA DEL MUSEO DEL CINE

La revolución es un sueño eterno

Fotos y documentos de los argentinos Grupo Cine Liberación y Grupo Cine de la Base, del Cinema Nôvo brasileño y del cine cubano dan cuenta de la proyección del movimiento.

 Por Oscar Ranzani

Entre mediados de los años sesenta y setenta, época signada por una fuerte efervescencia de los movimientos políticos y sociales latinoamericanos de liberación, el cine militante jugó un papel fundamental en la búsqueda por sociedades más democráticas e independientes y se convirtió en una verdadera herramienta de lucha. El llamado “Tercer Cine” congregó buena parte de los movimientos cinematográfico-políticos de América latina, desde los argentinos Grupo Cine Liberación –fundado por Fernando “Pino” Solanas y Octavio Getino– y Cine de la Base, de Raymundo Gleyzer, pasando por el Cinema Nôvo de Brasil, el cine cubano revolucionario y los trabajos del boliviano Jorge Sanjinés, entre otros. A todo este movimiento en su conjunto está dedicada la muestra El Tercer Cine, que se está exhibiendo en el Museo del Cine (Defensa 1220) y que puede visitarse de martes a viernes de 11 a 19 y los fines de semana de 11.30 a 18.30.
La exposición está compuesta por fotos, documentos y afiches de diversas escenas de películas emblemáticas y establece un recorrido visual por las obras de los distintos representantes de aquellos movimientos cinematográficos que confluían en el Tercer Cine. “Esta muestra propone una mirada histórica sobre este fenómeno que en la Argentina arranca con la obra de Fernando Birri y su film Tire dié, que en 1958 es la primera película que abarca la temática social, de manera cruda”, comenta María Magdalena Insausti, curadora de la muestra. Para la directora general de Museos de la Ciudad, Mónica Guariglio, la exposición “rescata las huellas del Tercer Cine, trascendiendo el documento, restableciendo la historia”. Para David Blaustein, director del Museo del Cine, esta muestra “es un homenaje al cine en el cual me formé”.
Blaustein reconoce que “aquel era un cine de una enorme vocación ideológica y política. Era mucho más audaz desde el punto de vista de la ruptura de los lenguajes y los códigos. La estética de Glauber Rocha, la de Sanjinés y la de Solanas es una estética que viene a romper con todo. Es una estética latinoamericana y propia. Hay que reconocerle una gran originalidad. Hoy probablemente uno pueda notar –con películas como Garage Olimpo, Kamchatka o las de Adolfo Aristarain– discursos políticos, y en salas comerciales. Pero aquel era un cine clandestino y de ruptura, muy apoyado primero por la crítica y después también por el público”.
En la exposición hay fotos de películas emblemáticas, como Tire dié (de Birri), Me matan si no trabajo y si trabajo me matan (Gleyzer), La batalla de Chile (Patricio Guzmán) y Los perros hambrientos, del cineasta peruano Luis Figueroa, además de otros títulos del brasileño Glauber Rocha y el mexicano Paul Leduc. Una vitrina contiene libros fundamentales de aquella época, como Una imagen recorre el mundo, del cubano Julio García Espinosa, La escuela documental de Santa Fe, de Birri, y Dialéctica del espectador, de Tomás Gutiérrez Alea.
Las curiosidades de la muestra son dos cartas que escribió Juan Domingo Perón en 1971, desde el exilio en España. “Una dirigida a mí en cuanto a la preparación de los documentales que íbamos a hacer con él y qué es lo que él creía que debería haber en esos documentales (La Revolución Justicialista y Actualización política y doctrinaria)”, comenta Getino. La otra estaba dirigida “a saludar la acción de los grupos de cine de liberación en Argentina como parte de lo que estaban haciendo los cineastas y los hombres de la cultura para volver a democratizar el país”, agrega.
Según Getino, la muestra trabaja sobre tres cuestiones centrales.
Por un lado, “trata de evocar los productos y las producciones que en ese momento se hicieron. Las imágenes aluden a las películas, a la producción concreta de films”. Por otro lado, la exposición también “intenta destacar el carácter independiente y autónomo que tenía este cine” y que “si se buscaba un cine que ayudase a cambiar la realidad también se pretendía que el cine mismo cambiase dentro de su propio lenguaje, documentación o su poesía”. Otro elemento que Getino destaca de la muestra es que “está presente el carácter latinoamericanista de esa propuesta y de ese cine. También creo está presente toda la inquietud teórica y crítica que surgió en ese entonces de los propios cineastas en América latina”, comenta.
“El Tercer Cine fue una especie de conceptualización para diferenciar el cine que queríamos hacer de lo que era el primer cine donde ubicábamos a Hollywood, el cine industrial y comercial”, recuerda Getino. “Ubicábamos un segundo cine que era más progresista llamado ‘cine de autor’, que ya escapaba un poco a las intenciones de la industria y trataba de respetar la estética y las ideas de autores cinematográficos tanto en Europa como en Argentina. Y nosotros planteábamos una tercera categoría, un tercer cine que fuese una instancia mucho más comprometida con los procesos sociales y políticos que se estaban viviendo. Y ya no solo denunciar las circunstancias que se estaban viviendo, sino que al mismo tiempo contribuyese a proponer y a orientar ciertos tipo de dinámicas sociales y culturales para concretar un cambio que entendíamos que se requería”, recuerda Getino.

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