DEPORTES › OPINION

El Mundial de la vergüenza

Por Gabriela Carchak
De la vergüenza ajena, deberíamos agregar. Porque los robos arteros de los impresentables árbitros contra España –ante Corea– y contra Turquía -ante Brasil– nos hicieron poner colorados a todos, de modo que terminamos observando los partidos con una mezcla de indignación y morbosa curiosidad. Es que, a pesar de todo, a pesar de la desilusión de quedar afuera –lo único que podemos declarar, ya que Argentina no fue víctima de los asaltos dolosos y presuntamente premeditados en esta Copa del Mundo–, a pesar de la frustración de saber que nuestros vecinos del samba y el jogo bonito siguen en carrera, nos sigue gustando el buen juego, el juego justo.
Pero por suerte este Mundial, con un nivel desastroso, probablemente por la fecha en que fue realizado, todavía tiene tiempo de ofrecernos alguna satisfacción: los turcos tendrán hoy su revancha. Y es posible que caigan derrotados ante Brasil, pero esta vez caerán jugando y no por la estocada traicionera de un juez de dudosa trayectoria internacional. Las oleadas (o maremotos) de críticas que recibió el patriarca Joseph Blatter acerca de los arbitrajes lo han hecho reconocer con su cara de carnero degollado y poco creíble diplomacia, que el sistema de designación ha sido desacertado. Seamos un poco crédulos, por una vez, y confiemos en que para Alemania 2006 serán los jugadores con su aptitud los que decidan los resultados del Mundial como corresponde, como se debe, como la sana lógica y el reglamento indican.
Esperemos, amantes del fútbol, esperemos. Tal vez luego de quedar desligado de acusaciones de corrupción y malversación de fondos, el mandamás tenga tiempo para cavilar en lo más saludable para el juego.

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