ECONOMíA › REPORTAJE A JOSEPH STIGLITZ, NOBEL DE ECONOMIA Y EX VICEPRESIDENTE DEL BANCO MUNDIAL

“El FMI quiere una pena ejemplar para Argentina”

Para Stiglitz, a diferencia de lo que sucede con Brasil y Uruguay, que recibirían fondos frescos de Washington, “el FMI quiere ser muy duro con Argentina” para que sirva de ejemplo a otros países, y no se declaren en default.

 Por Maximiliano Montenegro

Joseph Stiglitz, premio Nobel de Economía 2001, estuvo ahí. Durante buena parte de la década pasada, primero como jefe de asesores económicos de Clinton y luego como vicepresidente del Banco Mundial, formó parte del minúsculo grupo de hombres que toman decisiones de política económica que afectan a todo el mundo. Más interesante aún, como nunca antes había sucedido, Stiglitz “traicionó” a sus antiguos compañeros de ruta y contó los desmanejos del Tesoro norteamericano y del Fondo Monetario, en su afán por imponer un modelo económico global. Su último libro (El malestar de la globalización, según la edición local de Alfaguara), desborda de sabrosas anécdotas –narradas siempre “desde adentro”– que causaron conmoción en Washington. En este reportaje telefónico concedido a Página/12, analiza los alcances de la crisis financiera que hace tambalear a la región y el cuestionado papel de Estados Unidos.
–¿Cuáles son las principales causas que llevaron a la crisis financiera actual en Argentina, Uruguay y Brasil?
–El elemento común es la inestabilidad de los mercados de capitales. De alguna manera, los problemas de Argentina empezaron en 1997, con la crisis asiática, cuando las tasas de interés se incrementaron severamente para Argentina. Porque los inversores decidieron que los mercados emergentes eran más riesgosos. Hoy, los inversores decidieron, repentinamente, salir de Brasil, no porque Brasil esté haciendo algo mal sino por la histeria que caracteriza a los mercados de capitales.
–¿La extensión de la crisis a Brasil y Uruguay es consecuencia del “contagio” en los mercados financieros, o está mostrando algo más profundo: el fracaso del modelo promovido por el Consenso de Washington?
–Ambos aspectos son ciertos. El Consenso de Washington predicaba que si uno aplicaba “buenas políticas económicas”, el mercado lo recompensaría, bajarían las tasas de interés, habría estabilidad y alto crecimiento económico. Esto no era verdad. Argentina fue castigada en el ‘97-’98 simplemente porque, de golpe, los inversores se volvieron más adversos al riesgo, y reclamaron mayores compensaciones para seguir financiando a los mercados emergentes. Hoy en Brasil está sucediendo algo muy similar. Es muy impresionante cómo están tomando sus decisiones los inversores para salir del país. No hay ninguna queja sobre lo que ha hecho hasta ahora el gobierno. Hay sólo preocupaciones sobre el futuro. Pero los mercados se preocupan por cosas que no deberían y no se preocupan por cosas que deberían preocuparse. Esto se nota en el caso del escándalo de Enron en Estados Unidos. La situación actual se debe, en buena medida, a la irracionalidad de los mercados.
–¿Cuánto de la crisis se debe a las políticas equivocadas del FMI?
–En el caso de Argentina, las políticas del FMI tiene mucho que ver con los problemas actuales. El apoyo entusiasta al tipo de cambio fijo, cuando el FMI no debería haber alentado a Argentina para moverse hacia ese sistema. La mayoría de los economistas, que no fueran del equipo del FMI, sabían que no podía sobrevivir. La forma en que las privatizaciones fueron hechas, la privatización del sistema de seguridad social, son todos elementos que agravaron los problemas. Finalmente, las políticas fiscales contractivas, cuando la economía atravesaba una profunda recesión, fueron claramente equivocadas. Un punto más: las críticas a Argentina en el último tiempo, la pintura que hicieron de Argentina frente al mundo, fueron injustas. Eso terminó por socavar la confianza y derrumbar violentamente todo.
–¿Por qué Anne Krueger (la número dos del FMI) es tan dura con Argentina?–Puedo especular qué es lo que guía su visión crítica de Argentina. Una posible explicación es que todo el mundo reconoce hoy el fracaso del FMI en Argentina. Y entonces el FMI está muy ocupado en sugerir que el problema no es del FMI sino que el problema es Argentina. Así que criticando a Argentina, ella está tratando de desviar la responsabilidad del FMI. Es lo mismo que hicieron en el Sudeste asiático. Y es muy contraproducente porque el objetivo debería ser lograr una rápida recuperación del crecimiento en estos países.
–¿Argentina necesita del FMI para superar la crisis?
–La pregunta que debería hacerse es: ¿qué es más importante para Argentina hoy? Para mí, lo más importante debería ser que la economía arrancara de nuevo ¿Qué es lo que ayudaría a que la economía empiece a recuperarse? Las exportaciones, que las empresas tengan capital de trabajo de nuevo, producir no para el consumo interno sino para las exportaciones. Desafortunadamente, la mayor parte del dinero del FMI no se destinarán a esos fines. La mayor parte del dinero del FMI irán a repagar los propios créditos del FMI y del Banco Mundial. Es interesante el caso de Rusia, después del default, en el ‘98. Cuando el FMI negoció con Rusia, anunció públicamente que los 4 mil millones de dólares que estaban negociando no eran dinero que iría a Rusia sino que era dinero que volvería al FMI, para repagar deudas. Por lo tanto, no jugarían ningún papel en la recuperación de Rusia. Rusia se recuperó porque siguió su propio curso. Fue una importante lección que Rusia se diera cuenta de que no iba recibir dinero fresco. Y que se pusiera en una posición dura de negociación. Lo mismo vale para Argentina. Si Argentina debe pagar un alto precio en términos de más ajuste presupuestario y más deflación, el acuerdo con el FMI no vale ese precio.
–La semana entrante (entre hoy y el miércoles), el secretario del Tesoro, Paul O’Neill, viajará a Brasil, Uruguay y Argentina ¿Qué puede esperar Argentina de esta visita?
– ... Será muy interesante. Yo espero que vea las consecuencias de lo que ha pasado. Será muy difícil para él no notar el rechazo a Estados Unidos y a las políticas del FMI. Por supuesto, lo que me preocuparía es que sacara la conclusión equivocada. La lección equivocada sería pensar que el país está así porque no hizo las cosas correctamente. Cuando la lección correcta es que el país está sufriendo y necesita apoyo, incluyendo la apertura del mercado norteamericano.
–Paul O’Neill dijo que temía que una eventual asistencia financiera a Argentina, Uruguay y Brasil terminara en cuentas de bancos suizos ¿A qué se refería?
–Yo creo que él se refiere a lo sucedido con los créditos del FMI a Rusia, durante la administración Clinton. Unos 4 mil millones de dólares fueron girados a Moscú y al día siguiente, o en dos días, un monto equivalente de dinero fue transferido a cuentas en Chipre y en bancos suizos. Haciendo esta referencia creo que trata de remarcar que el problema no es la manera en que el Tesoro o el FMI administran la política económica sino que el problema está en Argentina, Brasil o Uruguay. Es parte de este esfuerzo por echarle la culpa a estos países, y desviar la atención de la responsabilidad que Washington tuvo en la aplicación de ciertas políticas en esos países.
–¿Por qué Brasil y Uruguay están recibiendo dinero de Washington, y Argentina seguirá esperando?
–Una interpretación es que, reflejando los intereses de los acreedores, el FMI quiere ser muy duro con Argentina para asegurarse de que otros países en la misma situación no declaren la cesación de pagos en el futuro. Quiere que los países sepan lo que significa el riesgo de default. Esta es una explicación que he escuchado de gente que ha trabajado incluso en el FMI.
–¿Es como un castigo?
–Es un castigo ejemplar. Un castigo no por qué esté enojado con Argentina sino para que sirva de ejemplo a otros países para que no declaren el default. Desafortunadamente, Argentina está pagando ese precio.
–¿El nuevo consenso de Washington puede significar el aval a políticos dictatoriales para imponer un nuevo orden social en Latinoamérica?
–No creo. Hay un reconocimiento creciente de que cualquier reforma en Latinoamérica, para tener éxito, debe prestar mucha más atención a la persistente desigualdad que existe en el continente. La estrategia de las reformas durante los ‘90 simplemente asumía que el crecimiento se derramaría a los pobres, pero no fue así: ese crecimiento fue absorbido desproporcionadamente por los más ricos. Entonces, cualquier nuevo consenso debe basarse en el reconocimiento de los problemas sociales.
–Pero la profundidad de la crisis social puede terminar socavando las democracias...
–El cuestionamiento a las democracias no debería ser un tema. El problema es que las democracias no son todo lo fuerte que podrían ser si las fuerzas democráticas trabajaran más efectivamente. Si así fuera, también habría demandas más fuertes para imponer políticas más igualitarias. El problema es la forma en que el FMI se ha relacionado con muchos países en Latinoamérica, dictándoles las políticas económicas que debían seguir. El resultado de eso ha sido que las democracias no lo han sido en un sentido completo. El FMI ha trasmitido la idea de que la economía es demasiado importante para dejarla exclusivamente en manos democráticas. Desde mi punto de vista, éste ha sido un gravísimo error.

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Stiglitz: “El FMI está muy influenciado por los bancos”.
 
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