ECONOMíA

Rodrigo Rato no podía irse sin antes tener una última pelea con Argentina

Las declaraciones del aún jefe del FMI cuestionando el manejo argentino con la inflación fueron rechazadas por el Gobierno. “Son un reflejo del pasado”, le respondió el ministro Peirano.

El gobierno argentino rechazó con dureza ayer las críticas del director saliente del FMI, Rodrigo Rato, diferenciando su postura de la sostenida por su futuro reemplazante, Dominique Strauss-Kahn. Rato había señalado el lunes, en Washington, que las autoridades del Fondo le habían “expresado” al gobierno argentino “nuestra visión de que la inflación era un peligro y también que la normalización de la economía requiere que la política monetaria se concentre más en la estabilidad de los precios que en el tipo de cambio”. “Las declaraciones que realizó Rato son el reflejo de la intención que permanentemente ha tenido el Fondo Monetario de auditar o intervenir en las decisiones de política económica de la Argentina”, expresó Miguel Peirano, ministro de Economía, en conferencia de prensa en la Casa Rosada, al término de una reunión con el presidente Néstor Kirchner en la que ambos consideraron el tema.

“Son una actitud de reflejo de un pasado negativo del FMI y que tenemos expectativas, con prudencia, de que esa realidad se modifique”, agregó Peirano, tanto en referencia a los dichos de Rato como a su inminente reemplazo por Strauss-Kahn. Agregó que el nuevo director del FMI “ha remarcado el rol absolutamente negativo que ha tenido el FMI, que en lugar de ayudar a los países a desarrollarse, a tener situaciones más favorables, ha actuado permanentemente como la intención de ser un gendarme en la región”.

“Si los propios países desarrollados que han elegido un nuevo director, y ese nuevo director incluso, señalan que realmente el rol del Fondo ha sido tan negativo, para nosotros esta es una discusión terminada”, sentenció el ministro, recordando la decisión del presidente Kirchner de fijar la autonomía del país con respecto al Fondo “para preservar el interés de la sociedad”. Argentina canceló su deuda con el FMI en enero de 2006, cerrando así el ciclo de monitoreos periódicos acompañados de políticas de ajustes –eufemísticamente llamadas “reformas estrucuturales”–, que eran condición ineludible para refinanciar los vencimientos de la deuda. A su vez, esta aprobación del Fondo al cumplimiento de las metas era tomada como referencia obligada por los acreedores privados para renegociar o volver a prestarle al país.

Rodrigo Rato dejará su lugar en el máximo peldaño del Fondo a fin de mes, luego de la reunión anual conjunta del FMI y el Banco Mundial, que se celebra en Washington a partir de esta semana. Precisamente, con ese rumbo parte hoy Peirano para participar del encuentro. Las expectativas estaban puestas en que el evento fuera aprovechado para un acercamiento entre el gobierno argentino y el FMI en el marco de la renegociación de la deuda con el Club de París. Pero las declaraciones de Rato y la respuesta del gobierno argentino volvieron a tensar la relación.

Las críticas de Rato a la política monetaria se insertan en plena campaña electoral, donde la economía ha pasado a ser uno de los ejes propuestos por la oposición y la inflación, en particular, un estilete para incomodar al Gobierno. La definición del número uno del Fondo en favor de una gestión monetaria que atienda más el equilibrio en la emisión que el sostenimiento del tipo de cambio, no sólo lo distancian con el Gobierno sino que lo acercan a las posturas de la candidata de la Coalición Cívica, Elisa Carrió, y de su candidato a ministro de Economía, Alfonso Prat Gay. En cambio, Roberto Lavagna, al ser consultado ayer sobre las declaraciones de Rato, respondió tajante: “Lo mejor que pueden hacer (los del Fondo) es cerrar la boca”.

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