EL MUNDO › OPINIóN

El Salvador: un nuevo gobierno de izquierda

 Por Oscar Laborde *

Asistir a la asunción de Mauricio Funes a la presidencia de El Salvador no sólo significó la emoción de poder presenciar la alegría de su pueblo. Fue rememorar la historia de nuestra América latina en estas últimas décadas, la lucha de sus pueblos, las utopías de una generación, las derrotas, el avance del neoliberalismo y las consecuencias de desocupación y hambre de nuestros pueblos. Llega a ser el primer presidente de izquierda de su país, encabezando una coalición de partidos, encabezada por la fuerza ex guerrillera, Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).

Este triunfo no es fruto de una casualidad coyuntural, ni de perfiles mediáticos, es parte de un proceso que reconoce una guerra, 75.000 muertos y la construcción política por parte de una organización guerrillera que supo reinterpretar conceptual y metodológicamente las expectativas y sueños de una parte muy importante de su pueblo y plasmarlo en una propuesta democrática.

Hoy aparecen los primeros desafíos, pues a la luz de los porcentajes electorales es claro que el conjunto de la ciudadanía se ha partido en dos, como en muchos de nuestros países, frente a proyectos que confrontaron democráticamente, pero a priori representan miradas totalmente diferentes, no sólo sobre la propia realidad salvadoreña, sino, también, sobre América latina en general y el Caribe en particular.

Es así que el nuevo presidente asume, a partir de aquí, una realidad compleja con temáticas que cruzan la historia de su país, como la pobreza estructural y la violencia, pero, como él bien definiera, en un contexto de esperanza, en un fortalecimiento de la democracia como marco posible de resolución de las contradicciones históricas que enfrentan los salvadoreños.

Por eso, hizo un fuerte hincapié en la necesidad de gobernar para todos y no para unos pocos, y resaltó la importancia de la creación de empleos, la construcción de viviendas y los subsidios a los sectores más pobres como herramientas fundamentales para comenzar a plantear propuestas de inclusión social. Y por eso también estableció la lucha contra el narcotráfico y el crimen organizado como prioritarias, en la nación con la menor territorialidad de América latina pero el índice de criminalidad más alto.

Como parte de ese equilibrio, en la política exterior reafirmó, por un lado, el principio de integración regional con el Caribe y Sudamérica y en ese contexto anunció el restablecimiento total de las relaciones con Cuba. Paralelamente, mencionó el vínculo con los Estados Unidos y el intercambio comercial entre los dos países.

El triunfo de Mauricio Funes también hace referencia explícita a esta nueva realidad continental y estimula y potencia las experiencias de integración regional que estamos llevando a cabo, con tanto esfuerzo, pero con la convicción de profundizar los cambios iniciados en América latina.

* Representante especial para la integración y la participación social. Cancillería Argentina.

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