EL MUNDO › BRASIL RECHAZó UNA BASE DE EE.UU. EN SU SUELO

Correa y un Valenzuela modesto

Un Arturo Valenzuela más medido y humilde se reunió ayer con el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, en el inicio de su segunda gira por la región. “Nosotros no venimos a dar cátedra, ya no tenemos aspiraciones hegemónicas. Esas son cosas del pasado”, aclaró el subsecretario de Estado para América latina en el aeropuerto, después de su encuentro con el mandatario. Fiel a su nuevo estilo, Valenzuela no transmitió críticas ni consejos en los 30 minutos que duró su reunión con Correa. El funcionario norteamericano, que alabó la seguridad jurídica de los años menemistas durante su paso por Buenos Aires en diciembre pasado, cuidó extremadamente sus palabras, inclusive para sembrar la duda sobre un posible acuerdo militar con Brasil. Desde Brasilia, sólo descartaron la instalación de una base norteamericana en su territorio.

En eso el asesor presidencial Marco Aurelio García fue tajante. “No hay ninguna posibilidad de que haya una base militar estadounidense en Brasil. Nosotros no tenemos doble discurso”, aseguró el hombre de confianza de Luiz Inácio Lula da Silva, quien recordó que ellos estuvieron entre los líderes latinoamericanos que más cuestionaron la cesión de siete bases militares colombianas al Pentágono. Pero el asesor presidencial no rechazó las declaraciones del lunes a la noche de Valenzuela. Al salir de una conferencia en Flacso, el funcionario norteamericano había comentado sobre los rumores de un posible acuerdo militar con Brasilia. “Estados Unidos está tramitando como siempre lo hace, porque cuando uno tiene una relación fluida con otros países del mundo lo que uno busca es establecer acuerdos marcos de cooperación”, había señalado.

La semana pasada, el jefe del Comando Sur estadounidense, Douglas Fraser, había hecho una visita fugaz por Río de Janeiro para reunirse con el jefe de la Policía Federal, Luiz Fernando Correa, y el ministro de Defensa, Nelson Jobim. Después del encuentro, los diarios Globo y O Estado de San Pablo publicaron que los dos gobiernos estarían negociando para que agregados militares norteamericanos operaran en una base de la marina en Río. Como en el caso colombiano, siempre en el marco de la guerra contra el narcotráfico.

Según relató a este diario Simón Pachano, profesor e investigador de Flacso en Ecuador, el tema del narcotráfico fue uno de los ejes de la conferencia que dio el funcionario antes de reunirse con el presidente Correa. “Reivindicó la nueva política de Obama, pero no planteó un cambio sustancial, fue siempre muy moderado”, recordó el académico.

La misma sensación dejó el enviado de Hillary Clinton en el Palacio de Carondelet. Después de media hora a puertas cerradas con Valenzuela, Correa posó para las fotos de rigor, sonrió a las cámaras, pero no habló. Más tarde, antes de subirse al avión camino a la vecina Colombia, Valenzuela calificó el encuentro como ameno y respetuoso. Desde Quito, el canciller ecuatoriano, Ricardo Patiño, lo secundó. “Ambos hemos dicho que una cosa es tener diferencias y otra cosa es convertirnos en enemigos”, aseguró.

Según la prensa local, Correa le recordó el desfavorable informe sobre la situación de los derechos humanos en Ecuador, publicado recientemente por Washington. Pero Valenzuela esquivó las críticas y no contestó. “No quiso confrontar. En Flacso sólo habló de los discursos cuestionadores de la región. Dijo que es evidente que existen y que su gobierno aspira a convivir armónicamente con ellos”, relató Pachano.

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