EL MUNDO › POR SUS NEXOS CON UN DETENIDO POR CORRUPCIóN EN CHILE

Cayó el ministro de Justicia

Ribero fue investigado por sus actuaciones como accionista de centros de educación superior, a los que el Estado otorga fondos.

 Por Christian Palma

Desde Santiago

El ceño del hasta ayer ministro de Justicia chileno lo decía todo. Con una mueca que revelaba pocas horas de sueño, Teodoro Ribera llegó antes de las 9 de la mañana al Palacio de La Moneda a presentar su renuncia al cargo que asumió a mediados del año pasado. Antes de ser jefe de cartera, el abogado había hecho una metódica carrera política –es miembro de Renovación Nacional, el partido de Sebastián Piñera– parlamentaria y como controlador de diferentes colegios y planteles de educación privados.

Justamente esta última actividad fue la que detonó su salida, en momentos en que el lucro en la educación chilena sigue siendo una piedra en el zapato para el gobierno.

La dimisión de Ribera se origina luego de que una investigación periodística revelara que cuando el ex ministro era rector de la Universidad Autónoma (privada, que ha exhibido un explosivo aumento de matrículas en los últimos años) intercambió emails con Luis Eugenio Díaz, consejero de la estatal Comisión Nacional de Acreditación (CNA) que hoy se encuentra detenido por haber recibido millonarios pagos por habilitar planteles de educación superior que no calificaban ni económica ni académicamente. Con estas acreditaciones, los establecimientos educacionales lograban agenciarse una buena cantidad de dineros frescos provenientes del Estado por concepto de becas y créditos para el alumnado. En 2010, la universidad de Ribera recibió cinco años de acreditación. La decisión no pasó inadvertida, pues ponía a la Autónoma en la primera línea académica por sobre otras ya consolidadas. Incluso, Díaz se atrevió a pedirle al ahora ex ministro un favor personal: que recibiera y becara en su universidad a un sobrino, lo que consta en los mails enviados.

Esta relación continuó cuando Teodoro Ribera ya ejercía como titular de Justicia y visó la contratación de Díaz para que éste asesorara a Gendarmería en diversas áreas.

Lo anterior es aún materia de investigación. Sin embargo, las erróneas declaraciones de Ribera para explicar estos hechos sólo aumentaron la presión sobre él y no sólo la opinión pública –que lo reventó en las redes sociales–, sino que de la propia Moneda. Esto a pesar de la cercanía de Ribera con el propio presidente Piñera.

“Este país está debatiendo que los hombres públicos tienen que estar completamente desvinculados de cualquier actividad privada, por tanto hay dos posibilidades para esto: o vamos a la hospedería del Hogar de Cristo a buscar hombres públicos que no tienen nada en el mundo o buscamos profesionales en la política que no tienen nada que ver con el mundo real porque se han profesionalizado en la política”, dijo el ex ministro. Pero no fue su única frase para el bronce: “La película tiene que tener un poquito de tensión, hay que mantener la tensión”, ironizó cuando se le consultó la semana pasada sobre su futuro.

Hasta ahí, más allá del enojo en La Moneda, Ribera seguía blindado por el gobierno. Sin embargo, el fiscal Carlos Gajardo inició una investigación al interior de la Universidad Autónoma que incluye la contabilidad en el período de rectoría del ex ministro Ribera y la decisión de la Cámara de Diputados de citarlo a declarar le quitó más piso. Finalmente, el endeble andamiaje que sostenía a Ribera cedió por completo, cuando se supo que el ex consejero de la CNA, Eugenio Daz, no se inhabilitó para votar en el proceso de acreditación del instituto profesional Incaea –donde Ribera es dueño del 7,5 por ciento de la propiedad– cuando tenía un contrato vigente con el Ministerio de Justicia y, es decir, con el ministro Ribera.

Ribera explicó en privado varias veces su situación a Piñera que este fin de semana analizó su situación. En público decía que “jamás” renunciaría por esta causa. Discurso que ayer cambió de rumbo. “He presentado mi renuncia indeclinable a mi cargo y he venido a agradecer al presidente los actos y declaraciones de confianza”, dijo Ribera a quien le fue aceptada su dimisión de inmediato.

“En las últimas semanas he sido objeto de acusaciones tendenciosas, basadas en hechos inconexos. Buscaron asociarme en hechos falsos. Se les ha dado tribuna a quienes han sido objeto de reproche por la Justicia, por un mero afán persecutorio”, agregó.

“Esto dificulta tanto mi labor como ministro, como las posibilidades de proteger mi imagen y familia y por eso he presentado mi renuncia indeclinable, con la convicción de que ninguna de mis acciones contraviene su honor”, insistió.

Con la salida de Ribera ya son varios los ministros de Piñera que han “abandonado” o “debido abandonar” un gabinete que en marzo de 2010 fue presentado como de excelencia, pero que a todas luces está lejos de merecer esa calificación.

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Varias veces Ribera le explicó su situación a Piñera; no funcionó.
 
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