EL MUNDO › COMO OPERA EL NUEVO “PODER ARCOIRIS” EN EUROPA

El otro círculo

La elección de dos gays declarados, Bertrand Delanoë como alcalde de París y de Klaus Wowereit como su contraparte en Berlín, mostró que gran parte de la arquitectura del prejuicio y la homofobia se ha derrumbado en Europa. En esta nota, un informe de lo que se está haciendo en esta dirección.

 Por Eduardo Febbro

Las siglas LC, “L’autre Cercle”, no designan ni una logia ni un cenáculo secreto. Reunidos en un restaurante del distrito 16 de la capital francesa, unos 60 de ejecutivos oriundos de todos los medios profesionales y pertenecientes a la pirámide más elevada de la sociedad discuten con algarabía los problemas de la actualidad. Vestidos a la última moda, los integrantes del Otro Círculo preparan una reunión posterior con otros movimientos semejantes presentes en Francia y en las demás capitales europeas. El Otro Círculo es una asociación francesa de dirigentes homosexuales creada hace cuatro anos por Alain Dro, el dueño de una PME (Pequeña y Mediana Empresa) instalada en París. De una edad promedio de 30 años, los integrantes de LC son ingenieros, informáticos, empresarios de alto vuelo, ejecutivos de peso, médicos o abogados. Gracias a la evolución favorable de la opinión, a las incesantes campanas contra la homofobia y a la lucha por la igualdad de los derechos entre las parejas heterosexuales y las homosexuales, los gays se han ido afirmando en todos los campos: de los medios de comunicación a la política, pasando por las empresas, “los homosexuales ya no tienen que esconderse como antes”, reconoce Paul, un miembro de LC. L’autre Cercle es, junto con el SNEG, el Sindicato Nacional de Empresarios Gays, una de las antenas locales del EGMA, el European Gay Managers Association. Marc, otro miembro del LC, define a la entidad que integra como “un círculo de amistades y de apoyo que busca crear nuevos lazos solidarios en el seno de la sociedad francesa”.
La opinión de los homosexuales del LC y del SNEG es unánime: la geografía social ha cambiado profundamente entre finales de los años 80 y hoy, donde los grupos de homosexuales son cada vez más numerosos y organizados, tanto dentro de las empresas –públicas y privadas– como fuera de ellas. En Francia, el Gay Pride –el gran desfile gay que tiene lugar cada año–, el famoso Pacto Civil de Solidaridad, PACS, que le otorga a las parejas homosexuales los mismos derechos que a las demás y el llamado “coming out”, es decir, la revelación pública de la identidad sexual de dirigentes políticos y artistas, contribuyó en mucho a que la sociedad cambiara la percepción que tenía de los homosexuales. Los gays son hoy “una suerte de poder muy organizado, con estructuras instaladas en el mundo económico, los medios de comunicación y la política”, reconoce Jean Jacques Patrico, un integrante del Sindicato Nacional de Empresarios gays. “Puede decirse que la década del 90 fue la del adiós a la vergüenza”, acota Alain Dro. Los gays europeos no sólo vieron parte de sus derechos reconocidos sino también su propia cultura adoptada por los heterosexuales: la moda, la música, la publicidad y los círculos vanguardistas y chics vehiculizan la estética gay como algo positivo. Alain Dro precisa que, con la salida del confinamiento, la comunidad homosexual no se ocupó en formar lobbies sino en crear ciertas estructuras dotadas de objetivos precisos: la lucha contra la discriminación –que siempre existe–, la militancia por la adopción de leyes igualitarias y las transformaciones del derecho laboral figuran entre las metas principales de esos círculos. Jean Paul Potard, presidente-director general de la casa de moda Jean Paul Gaultier, anima la asociación Cambacèrés. Este círculo de ejecutivos consagra lo mejor de sus energías a organizar debates y encuentros en torno de la homosexualidad, la adopción de niños por las parejas homosexuales, el lugar de los gays en las estructuras del Estado y el papel de las elites homosexuales. En Alemania y Gran Bretaña el fenómeno es aún más sólido. En Berlín, la Völklinger Kreis agrupa más de 700 miembros que ocupan puestos de responsabilidad en las empresas, la administración pública, la moda o la política. JörgMelsbach, presidente de Völklinger, asegura que “nadie falta en la asociación, todos los gremios están representados, desde la industria automovilística, pasando por la química o las finanzas”. La Völklinger organiza seminarios de reflexión y capacitación para ejecutivos de alto vuelo y prepara “encuentros cruzados” con dirigentes políticos con la meta de hacer progresar el derecho de los homosexuales. La Völk también entrega un premio anual a las empresas que se lucieron por su homofilia. El año pasado, el premio recayó en la filial Alemania de Ford situada en Colonia y, en el plano europeo, la sede londinense de IBM fue recompensada por el grado de integración de los gays.
“La época en que los diarios, los seminarios y la televisión se referían a la homosexualidad como a ‘un problema doloroso’ ha quedado atrás”, señala Christophe, ejecutivo en una agencia de publicidad y miembro del SNEG. “Proletarios del mundo... acaríciense”, gritaban en los años 60 y 70 los militantes del grupo Gazolines, uno de los primeros movimientos gay. En la actualidad, esa consigna lanzada en las calles de París despierta recuerdos llenos de nostalgia. Fréderic Martel, historiador francés del movimiento rosa, analiza con optimismo el ascenso de los gays y su consiguiente poder en la sociedad: “La aceptación, la comprensión, la integración de la noción de homosexualidad, en definitiva, la normalización de la vida de los gays es uno de los elementos más rotundos que Francia ha conocido desde finales de los años 60”.
Pierre Bergé, director general de la célebre casa de alta costura Yves Saint Laurent y gran pope de los derechos de la comunidad homosexual, milita desde hace tres décadas a favor del “derecho a la diferencia y, en primer lugar, a la indiferencia”. Para Bergé, lo esencial no es tanto el llamado “poder de los gays” sino la evolución social. El director de Yves Saint Laurent cita con satisfacción los estudios sociológicos: cuando hace 20 años se les preguntaba a los franceses “si la homosexualidad era una manera aceptable de vivir la sexualidad”, el 24% respondía “sí”. Hoy, esa cifra pasó al 60%. “Desde luego, no todo es rosa”, reconoce con humor Jean Jacques, otro ejecutivo miembro del SNEG. Las barreras y los prejuicios siguen siendo importantes, incluso si la adopción del PACS por la Asamblea Nacional legitimó las reivindicaciones de los homosexuales. Entonces, cuando se habla de “poder arcoiris”, las razones y la arquitectura de ese poder hay que ir a buscarlas en las luchas por los derechos y la igualdad. “Poder quiere decir sistema de defensa frente a la discriminación y no un esquema ofensivo”, alega Pierre Bergé. Sólo reagrupándose en tanto que “comunidad” los homosexuales obtuvieron no sólo el “poder del reconocimiento” sino, también, los circuitos que toman en cuenta sus propias particularidades. Así, en Francia, el pasado mes de enero se creó un seguro social específico para los homosexuales. Todas las asociaciones gays reconocen que “la cuestión del poder está ligada estrechamente al reconocimiento de los derechos”: derecho a la imagen, derecho laboral, derechos económicos, derechos sociales... y derechos de consumidor. Este último derecho ha desempeñado un papel importante ya que, desde el punto de vista del mercado, los homosexuales representan una jugosa parte: según cifras proporcionadas por el Observatorio francés del tratamiento de la homosexualidad en los medios de comunicación, la televisión francesa difundió en el curso del año 2000 551 programas que tocaron el tema de la homosexualidad. De esta cifra se desprende otra, más elocuente. Para el mismo organismo, la comunidad homosexual representa un mercado de 20.000 millones de dólares en Gran Bretaña, 800.000 millones en Estados Unidos y 6000 millones en Francia. Ello explica en mucho que el canal de televisión francés TFI –primero en Europa– se haya animado a producir una película cuyo tema central es la homosexualidad, Pédale douce (en argot francés, Pédale quiere decir homosexual de manera despectiva). La última realización de este constante ascenso hacia el reconocimiento, duranteeste año un canal de televisión gay empezará a difundir a través del cable.
Emblema supremo del poder arco iris en Europa, los actuales intendentes de París y Berlín son homosexuales que declararon su homosexualidad públicamente. Bertrand Delanoë y Klaus Wowereit ganaron en 2001 sus respectivas elecciones en capitales donde la burguesía conservadora es mayoritaria. El Intendente de París fue electo con una mayoría aplastante que, para Marc Leche, director del instituto de sondeos IPSOS, “prueba no sólo que el electorado pesó muy bien su decisión sino, también, que ese electorado es mucho menos frígido que hace 10 anos”. La historia de Klaus Wowereit es más palpitante. Totalmente desconocido del público, Wowereit saltó a la fama cuando, justo al comienzo de la campana electoral para las municipales, dijo: “Les voy a decir algo, camaradas. Soy homosexual y está muy bien que sea así”. En vez de sepultarlo, la frase le valió la notoriedad y lo llevó a la victoria. Wowereit fue el primer alto responsable político alemán que reveló públicamente su homosexualidad. Su legitimidad de campana fue precisamente esa: transformada en afiche, en spot televisivo y hasta en una dirección Internet, la frase “Y está muy bien que sea así”, se convirtió en el principal eslogan de campana. Al igual que Delanoë en París, Wowereit aclaró rápidamente que no se presentaba “para los homosexuales, sino en tanto que homosexual”. En Alemania, la moda gay tomó otro cariz que en Francia. Mientras en París la homosexualidad es presentada a través de un tamiz sofisticado, en Berlín los publicistas dieron vuelta esa imagen para poner en las pantallas otra forma de mostrar la vida de los gays. La campaña de los platos congelados Langnesse-Iglo muestra a Holger y Max, una pareja homo. Holger cocina platos congelados, arroz basmati o papas a la norteamericana, mientras que Max prueba los platos o toca la guitarra. “Había que comercializar una nueva generación de productos finos apuntando hacia las mujeres y el hogar. Pensamos que la imagen de los homosexuales exquisitos pegaba muy bien”, explica Petra Stachowiak, de la agencia de publicidad McCannErickson. La campana tuvo tanto éxito que ya se filmaron otras cinco publicidades y Holger y Max, concubinos desde hace cinco años, son estrellas de la pantalla chica. Kirsten Bollinger, encargado de estudios en el portal Eurogay, reconoce que “el tema de la homosexualidad está de moda. La confesión pública del intendente de Berlín sobre su homosexualidad jugó un gran papel, lo mismo que el debate acerca del estatuto de las parejas homosexuales.”
Si en el mundo de los ejecutivos, los medios, la política y la moda el poder gay ha desplegado sus líneas de defensa y obtenido derechos, en las esferas profesionales más básicas los derechos están aún lejos de ser una conquista. La burla y lo que Cyril Girard llama el “apartheid sexual” son moneda corriente. Este joven empleado del Métro de París y presidente de la AHTP, Asociación de Homosexuales de los Transportes Parisinos, constata la existencia de muchísimos medios profesionales donde la homofobia forma parte del sistema. Sin embargo, como lo demuestra la elección de los intendentes de París y Berlín, la sociedad empuja colectivamente hacia criterios de igualdad y de respeto que hacen de los casos de intolerancia y menosprecio islas sin mucho futuro.

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Una de las tantas marchas del orgullo gay, que presionan por una nueva actitud general.
 
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