EL MUNDO › EL PRESIDENTE MEXICANO HABLA DE “SUCESOS LAMENTABLES”

Peña Nieto minimiza la crisis

El mandatario apostó por invisibilizar las mayores crisis que ha enfrentado su administración en el último año en materia de derechos humanos, seguridad, economía y corrupción. Entre ellas, el caso de los 43 estudiantes.

 Por Gerardo Albarrán de Alba

Desde México, D. F.

Si sólo aquello que se nombra, existe, Enrique Peña Nieto apostó por invisibilizar las mayores crisis que ha enfrentado su administración en el último año en materia de derechos humanos, seguridad, economía y corrupción. En un discurso de dos horas en Palacio Nacional, ante sus 1500 invitados, el presidente mexicano apenas dedicó unas líneas al eufemismo y la alusión velada a las mayores faltas de su administración.

Peña Nieto dijo que los últimos 12 meses fueron un año “difícil”, en el que “nuestro país se vio profundamente lastimado por una serie de casos y sucesos lamentables”.

Así, la desaparición forzada de 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa se convirtió en los sucesos de Iguala, ciudad en la que fueron atacados los jóvenes el 26 de septiembre de 2014. La fuga de Joaquín Guzmán Loera, El Chapo, del penal de máxima seguridad de Almoloya, el pasado 11 de julio, se dio por sobreentendida al referirse solamente a “la fuga de un penal de alta seguridad”. Y la alusión a “conflictos de interés” que “incluso involucraron al titular del Ejecutivo”, o sea, él, fue todo lo dicho sobre la sospecha de corrupción por las mansiones adquiridas por el propio Peña Nito, por su esposa Angélica Rivera, y por su secretario de Hacienda, Luis Videgaray, que les fueron entregadas por un par de contratistas de obra pública que trabajan con Peña Nieto desde que era gobernador del Estado de México y que ahora se han visto beneficiados por contratos federales.

Si todo lo anterior generó “molestia e indignación” en la sociedad mexicana, según lo interpretó Peña Nieto, el hundimiento de la economía nacional se lo atribuyó a la crisis financiera global que “ha generado desencanto, malestar social e incertidumbre”. En realidad, la crisis de derechos humanos y seguridad ha generado hartazgo y crecientes movilizaciones incluso internacionales, mientras que aquellos que desde afuera celebraron el retorno del PRI al poder, y a Peña Nieto como el instrumento para la apertura total de la economía mexicana a los intereses financieros globales, ahora lo ven como la personificación de la ineptitud.

Eso explica que la confianza empresarial se encuentre en su nivel más bajo, según la medición gubernamental de la percepción en el comercio y la industria de la construcción, realizada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi). Tampoco es que los índices fueran muy altos (la calificación más alta había sido 58,9 puntos en la construcción), pero todos los rubros ahora apuntan a una percepción negativa para el presente y futuro de estos sectores.

El resto del largo discurso de Peña Nieto estuvo dedicado a la autocomplacencia, diseñado para el aplauso (25 veces fue interrumpido por la ovación de sus invitados, ausentes los dirigentes del PAN, el PRD y Morena, el nuevo partido del dos veces candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador).

Por si las dudas, Peña Nieto quiso conjurar cualquier colapso futuro, como consecuencia de sus primeros tres años sin resultados satisfactorios para nadie, ni dentro ni fuera del país. Para ello, advirtió que las crisis invitan a buscar “salidas rápidas”, es decir, para él existe el “riesgo de creer que la intolerancia, la demagogia y el populismo son verdaderas soluciones”.

Para muchos, estas palabras dieron el banderazo de salida para la sucesión presidencial, que en el papel deberá ocurrir hasta 2018. El discurso de Peña Nieto coincidió con la renuncia del presidente de Guatemala, país en la frontera sur de México, y el inicio de su proceso penal por corrupción. Algo que, por ahora, no ocurrirá en México, pues el presidente y su secretario de Hacienda han sido exonerados por conflictos de interés por las residencias entregadas por sus constructores favoritos. El escándalo estalló por una investigación periodística sobre la mansión de la esposa de Peña Nieto, valuada en 7 millones de dólares. Coincidentemente, mientras Peña Nieto celebraba su fiesta particular de media gestión, el reportaje que lo puso contra las cuerdas recibía el Premio Nacional de Periodismo 2014.

Más allá de la autocomplacencia, el tercer informe de gobierno de Peña Nieto quedó simbolizado en una transmisión previa por Internet, en la que el presidente quiso mostrarse vistiendo la banda presidencial, símbolo republicano del Poder Ejecutivo de la nación.

El miércoles pasado, durante un streaming en vivo, a través de Periscope, Peña Nieto se atora al decir las líneas claramente ensayadas. Tomado en el despacho que nunca ocupa en Palacio Nacional, el video comienza por marear al espectador, con una imagen que se mueve descontroladamente. Cuando se estabiliza, el presidente cuenta que se prepara para “dar mi tercer informe de gobierno”, pero en realidad se alistaba para presentarse ante sus invitados. La toma vertical lo muestra parado frente al escritorio presidencial, sobre el que reposa la banda. Peña Nieto da la espalda al teléfono o la tableta que sirve de cámara mientras toma la banda que deberá portar cruzada al pecho, y da las gracias a su imaginaria audiencia “por acompañarnos”. Fuera del guión, intenta regresar la banda al mismo lugar de donde la tomó, en la orilla del escritorio. La suelta y gira, cuando nota de reojo que la banda resbala y va a caer al suelo.

Nadie podrá regatearle a Peña Nieto sus buenos reflejos: en una fracción de segundo tira un manotazo hacia atrás y alcanza a detener la banda antes de que llegue al suelo.

El video se convirtió en viral en cuestión de minutos, sin que la oficina de Peña Nieto pudiera evitarlo: Periscope permite transmitir video en vivo y lo conserva por 24 horas, al alcance de cualquiera. Convertido en un video meme, el traspié de Peña Nieto ejemplificó el verdadero estado de la nación, con un presidente que apenas logra evitar que se desplome.

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Peña Nieto atribuyó el hundimiento de la economía a la coyuntura global.
Imagen: EFE
 
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