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Jean-Marie Le Pen, la bestia negra que surgió de las cenizas

El Frente Nacional francés había obtenido el 15 por ciento en las presidenciales del ‘97. El descenso del desempleo y las divisiones dentro del partido parecían haber dejado a Le Pen fuera de la influencia política que tenía en el pasado. Ahora volvió con todo.

 Por Eduardo Febbro

Desde París
Se la decía derrotada, disminuida, marginalizada por el descenso del desempleo, la moralización del debate político, la exitosa inserción de Francia dentro de la Unión Europea y sus divisiones internas: nada de eso fue cierto. Gritando y victoriosa, la extrema derecha está presente en una segunda vuelta electoral. Jean-Marie Le Pen, el fundador del Frente Nacional, puede frotarse las manos y los ojos. Su fórmula xenófoba “la preferencia nacional”, entiéndase “primero los franceses”, dio en el blanco de las urnas. Sus diatribas contra la inmigración, contra los negros, que son, según dijo, “una raza inferior” y una “amenaza para Francia”, su discurso de policía de barrio y su oposición radical a las políticas “mundialistas” sedujeron más de lo esperado.
El camino recorrido es largo y ascendente: 0,74 por ciento de los votos en 1974, 14 por ciento en 1988, 15 por ciento en el ‘95 y 17 por ciento hoy. Jean-Marie Le Pen, que hace unos años calificó al Holocausto de “detalle de la historia”, contaminó con sus ideas toda la vida política del país. A partir de los años ‘80, no hubo partido de derecha o de izquierda que no hurtara parte de sus fórmulas y su discurso. Llegó a todos los excesos morales e ideológicos y consiguió incluso que su influencia electoral se transformara en leyes. A fin de no perder ese electorado, conservadores y socialistas se sirvieron cómodamente de sus preceptos.
A sus 73 años, Jean-Marie Le Pen, por cuarta vez candidato a la presidencia, consigue el reconocimiento final: no el de las estructuras y la política sino el de la calle, el de esos millones de personas que piensan igual que él. De hecho, Le Pen se benefició de lo que él mismo llama “la lepenización de los espíritus”, lo cual significa que “todo el mundo habla como yo”. En vísperas de las elecciones, se autodefinió: “Socialmente soy de izquierda, económicamente de derecha, nacionalmente soy de Francia”.
En abril de 2000 fue despojado de su cargo de parlamentario europeo tras ser condenado por la Justicia francesa a una pena de inhabilitación para ostentar cargos públicos durante un año a causa de una agresión que cometió durante la campaña de las elecciones legislativas de 1997. Abogado de formación, Le Pen –quien durante años llevó un parche en uno de sus ojos– fue legionario en Indochina en 1953 y después en Argelia, y en 1956 se convirtió en el diputado más joven de Francia, dato con el que se jacta cada vez que puede. La imagen de Le Pen parece componerse de una fórmula particular: una imagen siempre impecable –se viste con trajes de saco cruzado– acompañada por un tono de habla y una gesticulación propias de un predicador estadounidense.
Anoche, Le Pen –al que sus amigos llaman “el menhir” por sus orígenes bretones– lanzó un llamamiento a todos los franceses para concretar la “oportunidad histórica” de llegar a la jefatura del Estado y convocó a concentrarse el 1 de mayo ante la estatua de Juana de Arco en París para “preparar la victoria”.
El resultado electoral demuestra que el Frente Nacional y su líder se recuperaron de la escisión de 1998, con la ruptura de su entonces lugarteniente Bruno Mégret, quien este año libró su primera campaña presidencial al frente del Movimiento Nacional Republicano (MNR), con un mensaje casi idéntico y un 2,4 por ciento de los votos. Los efectos de lo que Le Pen llamó entonces el “minigolpe” de Mégret se hicieron sentir en las elecciones europeas de junio de 1999, cuando el Frente Nacional consiguió sólo el 5,69 por ciento. Pese a su progresivo ascenso, el FN no tiene representantes en la Cámara de Diputados; el elegido en 1997, el alcalde de Toulon, Jean-Marie Le Chevallier, fue invalidado pocos meses después. El FN sólo cuenta con cargos electos a nivel local yregional (ha pasado de 223 miembros en las asambleas regionales en 1992 a 275 en 1998) y con cinco representantes en el Parlamento Europeo en Estrasburgo.

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“Ha habido una ‘lepenización’ de los espíritus. Observo que todo el mundo habla como yo.”
Para Le Pen, el Holocausto es “un detalle de la historia” y los negros “una raza inferior”.
 
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