EL MUNDO

La vuelta de los propagandistas

Por presiones de la comunidad cubana, el Miami Herald recontrató a los periodistas echados por cobrar para hablar mal de Castro.

La presión de la comunidad cubana pudo más. Después de un mes y medio, el presidente de la compañía que dirige los diarios The Miami Herald y El Nuevo Herald, Jesús Díaz, tuvo que revocar su decisión de despedir a tres periodistas que recibían dinero del gobierno estadounidense para participar en medios propagandísticos anticastristas. Los periodistas cobraban miles de dólares por aparecer en programas de Voice of America, y Radio y TV Martí, todos medios manejados y financiados por la Casa Blanca. Díaz afirmó ayer en un nuevo editorial que, aunque seguía sosteniendo que se trataba de un conflicto de intereses, ponía en duda que las políticas de la empresa sobre este tipo de situaciones habían sido debidamente explicadas a los periodistas. En el mismo artículo en el que defendió la decisión de revertir los despidos, y de clarificar el manual de ética de la publicación, Díaz anunció su renuncia.

Esta polémica empezó a mediados de agosto pasado. Para sorpresa de muchos –en Miami porque en Cuba se venía denunciando hace tiempo–, el diario El Nuevo Herald decidió despedir a tres periodistas por estar recibiendo sumas de dinero del gobierno estadounidense para difundir el discurso anticastrista de la Casa Blanca. Una investigación periodística del diario que se valió de la Ley de Acceso a la Información había revelado que Wilfredo Cancio, Pablo Alfonso y la colaboradora Olga Connor recibieron, desde el 2004 hasta el 2005 inclusive, entre 15 mil y 179 mil dólares cada uno. Ante la conmoción que causó la noticia en la poderosa comunidad cubana en Miami, Díaz decidió publicar un editorial explicando las razones de los despidos. En su artículo, agregó los nombres de otros diez periodistas de origen cubano que también cobraban dinero por criticar al gobierno dirigido por Fidel Castro en las emisoras Radio Martí y TV Martí. Entre ellos se destacaban el popular columnista Carlos Alberto Montaner y el periodista de Canal 51 de Miami Juan Manuel Cao. Este último fue el famoso detractor de Castro durante su última visita a Córdoba, en el marco de la reciente Cumbre del Mercosur (ver recuadro).

Desde los despidos, la dirección de The Miami Herald y El Nuevo Herald ha sido el blanco de los ataques de gran parte de la comunidad cubana anticastrista de esa región. Sólo en septiembre pasado, los dos diarios perdieron 1300 subscripciones. Los grupos anticastristas más importantes cuestionaron los despidos y llamaron a un boicot publicitario. “Rechazamos los intentos del Miami Herald de silenciar nuestras voces”, había explicado el mes pasado la directora del Consejo por la Libertad de Cuba, Remedios Díaz Oliver. Además, un grupo de alrededor de 400 escritores, pensadores e intelectuales ligados al anticastrismo adhirieron a una carta de apoyo a los tres periodistas, que circuló a través de los medios locales y de emails.

Las críticas también vinieron desde adentro del diario. Decenas de periodistas y trabajadores de El Nuevo Herald publicaron en blogs y medios alternativos una carta abierta atacando la decisión de la empresa. Entre los argumentos que esgrimían se destacaban el supuesto estilo partisano de los periodistas que trabajan en los diarios latinos, y la naturaleza pública que tuvieron las apariciones mediáticas de los despedidos. Sin embargo, los medios anticastristas del gobierno estadounidense tienen una pequeña peculiaridad: las leyes estadounidenses contra la propaganda política no les permiten transmitir sus programas en su propio territorio. A su vez, los periodistas echados se justificaron diciendo que el trabajo “extra” lo había autorizado un editor que falleció hace dos años.

La presión surtió efecto. “Mientras todavía creo que recibir este tipo de pagos fue una violación a los principios ampliamente aceptados de la ética periodística, que violó la confianza con nuestros lectores, nuestras políticas contra este tipo de comportamiento podrían haber sido comunicadas de forma ambigua, aplicadas de forma inconsistente y malinterpretadas durante varios años en la redacción de El Nuevo Herald”, explicó Díaz en el editorial que publicó este mismo diario ayer.

Muy distinto era el tono del ex directivo unas semanas atrás, cuando afirmaba que no se podría asegurar la objetividad e integridad del matutino si algunos de sus periodistas recibían dinero de agencias gubernamentales.

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Jesús Díaz, director del matutino, renunció presionado.
 
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