EL MUNDO › LA ASAMBLEA VENEZOLANA APROBO LOS SUPERPODERES DE CHAVEZ POR DIECIOCHO MESES

Para gobernar a punta de lapicera

En medio de cánticos y celebraciones, la Legislatura chavista aprobó una ley especial que le confiere al presidente amplias facultades para dictar y anular leyes que regulan sectores estratégicos del Estado. La oposición recibió la noticia en silencio, pero sus líderes cuestionaron la legalidad de la futura reforma constitucional.

El chavismo festejó a lo grande ayer en Caracas. Mientras la Asamblea Nacional daba la aprobación definitiva a los superpoderes presidenciales, afuera, en la plaza Simón Bolívar, más de 500 simpatizantes del gobierno le daban la bienvenida a lo que ya habían denominado el inicio del socialismo siglo XXI. “¡Que viva la patria de Bolívar!, ¡Que viva el pueblo soberano!, ¡Que viva el presidente Hugo Chávez!, ¡Que viva el socialismo!”, exclamó la presidenta del Congreso unicameral, Cilia Flores, al terminar la sesión. La oposición prefirió no hacer comentarios. Todavía no saben cómo reaccionar a la batería de reformas que está preparando el gobierno y que, por el momento, parece no encontrar límites.

Chávez, todavía de visita en Cuba, no estuvo presente en el acto. Lo reemplazó el vicepresidente, Jorge Rodríguez. “Claro que queremos instaurar una dictadura, la dictadura de la democracia verdadera y la democracia es la dictadura de todos, ustedes, nosotros, juntos construyendo un país diferente, que se instaure para siempre”, aseguró y decenas de cohetes, aplausos y gritos inundaron toda la plaza, que ayer se volvió a vestir de rojo. Sumergido en el fervor chavista, el vicepresidente del Congreso, Roberto Hernández, también aprovechó para enfrentarse a los líderes opositores. “No sé si algún dictador en la historia del mundo ha decretado leyes para darle más poder al pueblo”, señaló.

Las caras de los dirigentes opositores contrastaban ayer con el optimismo y la alegría que impregnó la Asamblea Nacional y la plaza Simón Bolívar. Lejos de las movilizaciones multitudinarias y de los discursos públicos, los principales referentes de la oposición preparan su estrategia para detener la ola de cambios. Es comprensible, explican en Caracas analistas y periodistas, ya que lo que está en juego no permite ningún tipo de improvisaciones. Con la Ley Habilitante aprobada ayer, Chávez podrá legislar por decreto durante 18 meses en temas tan importantes como la reforma del Estado, el sector energético, el ordenamiento territorial, las finanzas, los impuestos, la defensa nacional y la seguridad interna, los servicios, el transporte y la infraestructura.

La parálisis de la oposición sumada al entusiasmo del oficialismo ya causó temor entre los sectores medios y los más acomodados. Las embajadas de España, Portugal e Italia –las tres colonias de inmigrantes más importantes del país– atienden todos los días a cientos de venezolanos ansiosos por tener sus pasaportes al día en caso de tener que salir apurados del país. La mayoría son profesionales y empresarios, que a pesar de gozar de los beneficios de una bonanza económica, temen que las futuras reformas pongan fin a esa situación. Las colas matutinas también se repiten en la sede diplomática estadounidense. Según esta embajada, entre 2003 y 2004 se tramitaron alrededor de tres mil solicitudes de asilo político, de las cuales por ahora sólo se concretaron unas 350.

Además de los superpoderes, Chávez también impulsa una reforma constitucional, que según él mismo adelantó será mucho más profunda y completa que la de 1999. Esta reforma se había aprobado cuando el mandatario recién había cumplido un año en el poder. En aquel momento, ni la polarización política ni la fuerza del presidente llegaban a los niveles actuales. Por eso, la reforma se realizó por medio de una Asamblea Constituyente, con una nutrida participación de la oposición. Los cambios fueron moderados, según estiman ahora en el gobierno, y Chávez no había quedado conforme.

Dos años después decidió pedirle a la Asamblea Nacional, en donde ya contaba con una mayoría, una Ley Habilitante, como la que se votó ayer. Gracias a la reforma de 1999, estos superpoderes ya no tenían limitaciones. En los meses siguientes, Chávez aprobó 49 leyes, que según señalan muchos analistas fueron la chispa que encendió el enfrentamiento con la oposición, que más tarde llegaría a su clímax con el paro petrolero y el fallido golpe de Estado de 2002.

Gracias a su astucia, los errores de los golpistas y el apoyo masivo de los sectores más pobres del país, Chávez salió fortalecido de este tenso y violento período. La oposición, en cambio, quedó desprestigiada. Desde entonces intenta sacarse de encima el estigma de golpista. Por eso, el año pasado apostaron a participar de las elecciones presidenciales, ganando el reconocimiento del propio Chávez. Y por eso, esta semana, Julio Borge, ex precandidato presidencial opositor, acudió a la Sala Constitucional del Tribunal Supremo para intentar filtrar las reformas de Chávez a través de una Asamblea Constituyente, en donde ellos también pudieran participar. La iniciativa no tiene posibilidades y la oposición lo sabe, ya que ellos mismos tildan al Tribunal Supremo de oficialista. Pero su objetivo es otro. Su objetivo es hacerles creer a los venezolanos y al mundo que esta vez no son ellos los que violan la ley.

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Una mujer muestra un periódico con el dibujo de Chávez en la plaza Bolívar, durante la sesión parlamentaria de los superpoderes.
 
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