EL MUNDO › COMO FUE EL EJERCICIO BELICO EN QUE BAGDAD HUNDIO TODA LA FLOTA NORTEAMERICANA

La guerra que W. perdió contra “Saddam”

La guerra diplomática contra Irak sufrió un tropiezo ayer cuando Rusia, China y Francia le bajaron el pulgar, pero otra guerra, más militar –como ejercicio del Pentágono–ya terminó en agosto, cuando había peligro de que fuera ganada por Saddam Hussein.

Por Julian Borger *
Desde Washington
En pleno verano, mientras las conversaciones sobre una invasión a Irak se acumulaban en Washington como una oscura ola de tormenta, las Fuerzas Armadas estadounidenses hicieron un ensayo usando más de 13 mil tropas, incontables computadoras y 250 millones de dólares. Oficialmente, Estados Unidos ganó, y el Estado paria fue liberado de un malvado dictador. Pero lo que realmente pasó es una historia bien diferente, que comenzó a hacer sonar las alarmas a través del establishment de defensa de EE.UU., y generó interrogantes sobre el estado de preparación del ejército de EE.UU. para una invasión de Irak. En realidad, este juego de guerra fue ganado por Saddam Hussein o al menos por el marine retirado que jugaba el papel del dictador iraquí, el teniente general Paul Van Riper.
En los primeros días del ejercicio, usando tácticas sorpresivas y no ortodoxas, el veterano de Vietnam de 64 años de edad hundió la mayor parte de la flota expedicionaria en el Golfo Pérsico, deteniendo el ataque de EE.UU. Lo que sucedió después resultará familiar para cualquiera que haya jugado a los soldaditos de chico. Enfrentado con un abrupto y vergonzoso final para el ejercicio militar más caro y sofisticado en la historia estadounidense, los principales generales del Pentágono simplemente pretendieron que nada había ocurrido. Les ordenaron a las tropas muertas que volvieran a la vida y “reflotaron” la flota hundida. Luego les dieron instrucciones a las fuerzas enemigas a que miraran para otro lado mientras sus marines realizaban aterrizajes anfibios. Por fin, Van Riper se cansó tanto de toda esta trampa que se negó a seguir jugando. En cambio, se sentó a un lado haciendo observaciones irritantes hasta que el juego de guerra de tres semanas, grandiosamente titulado Desafío del Milenio, se deslizó a un final de barras y estrellas el 15 de agosto con una “victoria” de EE.UU.
Si el Pentágono pensó que podía mantener este percance en silencio, subestimó a Van Riper. Un marine clásico, de hablar directo y valiente, y con la condecoración del corazón púrpura en Vietnam para probarlo, su retiro significa que no tiene que aguantar las delicias burocráticas del Departamento de Defensa. De manera que dio el alerta. Su principal preocupación, dijo a este diario, es que cuando comience la verdadera lucha las tropas norteamericanas serán enviadas a la batalla con unas tácticas improvisadas que no han sido puestas a prueba. “No se aprendió nada de esto –dice–. Una cultura que no quiere pensar mucho y ponerse a prueba, no augura nada bueno para el futuro.” El ejercicio, sostiene, fue manipulado de modo fraudulento desde el comienzo.
El Desafío del Milenio fue el juego de guerra más grande de todos los tiempos. Había sido planeado durante dos años e involucraba operaciones integradas por el Ejército, la Marina, la Fuerza Aérea y los Marines. Los ejercicios eran en parte reales, con 13 mil tropas diseminadas por todos los Estados Unidos, apoyadas por aviones reales y barcos de guerra; y en parte eran virtuales, generados por sofisticados modelos computarizados. Era la misma técnica usada en los efectos especiales de Hollywood tales como en Gladiador. Los soldados en primer plano eran reales, las legiones detrás totalmente digitales.
El juego estaba teóricamente ubicado en el 2007 y enfrentaba a las fuerzas Azules (Estados Unidos) contra un país llamado Rojo. Rojo era una nación militarmente poderosa de Medio Oriente en el Golfo Pérsico, obra de un megalómano loco, pero astuto (Van Riper). Cuando primero se planearon los ejercicios en el 2000, Rojo podría haber sido Irán. Pero para julio de este año, cuando comenzó el juego, es improbable que alguien tuviera dudas acerca de cuál país comenzando con “I” Azul estaba en contra.
“El juego era descripto como libre. En otras palabras, los dos bandos tratando de ganar”, dice Van Riper. Y aun jugando de dictador malvado, el veterano marine toma muy seriamente la misión de ganar. Se dio cuenta de que Azul trataría de lanzar un ataque sorpresa, de acuerdo con la nuevadoctrina preventiva de la administración, “así que decidí que atacaría primero”.
Van Riper tenía a su disposición una flotilla generada por computación de pequeños barcos y aviones, muchos de ellos civiles, a los que mantuvo andando en círculos sobre el Golfo Pérsico virtual. En cuanto la flota de EE.UU. entró al Golfo, Van Riper dio una señal, no en una transmisión de radio que podía ser interceptada sino en un mensaje codificado emitido por los minaretes de las mezquitas a la hora de oración. Las aparentemente inocentes embarcaciones de placer y los aviones a propulsión de pronto se convirtieron en fuerzas mortíferas, golpeando los barcos Azules y los aeródromos a lo largo del Golfo en series de ataques suicidas estilo Al-Qaida. Mientras tanto, los misiles de crucero chinos, de tipo Silkworm, lanzados desde algunos de los pequeños barcos, hundían el único portaaviones de la flota de EE.UU. y dos helicópteros de transporte de la Marina. Las tácticas eran reminiscentes del ataque de Al-Qaida al USS Cole en Yemen dos años antes, pero la flota Azul no parecía estar preparada. Fueron hundidos 16 barcos en total, junto con miles de marines. Si realmente hubiera sucedido, habría sido el peor desastre naval desde Pearl Harbor. Fue en este punto que los generales y almirantes que monitoreaban el juego de la guerra dijeron que el juego había terminado. “Una frase que escuché una y otra vez era: ‘Eso nunca podría haber ocurrido’ –recuerda Van Riper–. Y dije: nadie hubiera pensado que alguien iba a volar un avión de línea dentro del World Trade Center... pero nadie pareció interesado.”
Al final, se dictaminó que las fuerzas Azules habían tenido los 250 millones de dólares equivalentes a sus dedos cruzados y no estaban realmente muertos, mientras que los barcos eran alzados de sus tumbas bajo el agua. Van Riper estaba bastante harto para este momento, pero las cosas se iban a poner peor. El “grupo de control”, los oficiales que arbitraban el ejercicio, le informaron que los aviones de guerra electrónicos de EE.UU. habían arruinado su costoso sistema de comunicaciones microondas.
“Va a tener que usar teléfonos celulares y satelitales, me dijeron. Yo dije no, no, no, vamos a usar mensajeros en motocicletas y hacer anuncios desde las mezquitas –dice–. Pero se negaron a aceptar que pudiéramos hacer algo que ellos no hicieran en Occidente.” Entonces se le dijo a Van Riper que apagara sus defensas aéreas en ciertos momentos y lugares donde las fuerzas Azules estaban por iniciar un ataque, y que sacara sus fuerzas de playas donde los marines habían planeado aterrizar. “Todo estaba marchando de acuerdo con un libreto previo”, dice. Dentro de su margen de maniobra cada vez más limitado, Van Riper siguió poniéndose pesado, acosando a las fuerzas Azules con un arsenal de tácticas no ortodoxas, hasta que un día, el 29 de julio, cree, se dio cuenta de que sus órdenes a sus oficiales subordinados ya no eran escuchadas. Estaban siendo contramandadas por el grupo de control. Así que Van Riper se fue. “Me quedé para dar consejos, pero dejé de dar órdenes. No tenía más sentido”, dice.
El relato de Van Riper del Desafío del Milenio no es discutido por el Pentágono. El Departamento de Defensa no niega haber “reflotado” la marina Azul, por ejemplo. Pero eso, sostiene, es el punto de un juego de guerra. El vicealmirante Cutler Dawson, el comandante de la aciaga flota, y comandante en la vida real de la 2ª Flota de Estados Unidos, dice: “Cuando uno juega, algunas cosas funcionan, otras no. Así es como se aprende del experimento”.
Todo el tema se convirtió en una causa célebre en la conferencia de prensa del Pentágono, donde el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, hizo que el vicepresidente del Estado Mayor Conjunto, general Peter Pace, explicara por qué las poderosas fuerzas de Estados Unidos habían necesitado dos vidas para poder ganar. “Me matan en el primer día y me siento durante los siguientes 13 días haciendo nada, o me vuelven a la vida y consiguen sacarme 13 días más de experimento. ¿Cuál es la mejormanera de hacerlo?”, preguntó el general Pace. Van Riper está de acuerdo con Pace en principio, pero dice que el argumento no viene al caso. “Hacer un guión no es un problema porque uno está tratando de aprender algo -dice–. La diferencia es que esto fue anunciado como juego libre para convalidar los conceptos que estaban tratando de poner a prueba, para ver si eran lo suficientemente fuertes como para ponerlos como doctrina.”
Son estos “conceptos” los que están en el centro de un serio debate que pone de relieve lo que de otra manera sería una pelea tonta acerca que quién jugaba limpio y quién no. Las FF.AA. de EE.UU. están a punto de lo que solía llamarse una “Revolución en Asuntos Militares” y ahora se le llama simplemente “transformación”. La idea general es hacer que el Ejército de EE.UU. sea más flexible, más móvil y más imaginativo. Fue esta transformación con la que Rumsfeld estaba obsesionado durante sus nueve primeros meses en funciones, hasta que el 11 de septiembre creó otras prioridades.
Los defensores de la transformación sostienen que requiere todo un nuevo estado mental, desde los generales hasta los simples infantes. De manera que los planificadores militares, en lugar de crear nuevas tácticas, formulan “conceptos” más amorfos destinados a cambiar fundamentalmente la visión que el soldado norteamericano tiene del campo de batalla. El principal concepto de juicio en el Desafío del Milenio fue llamado “operación decisiva rápida” (ODR), y en cuanto a lo que concierne a Van Riper y a muchos oficiales veteranos, es pura palabrería. “¡Como si alguien quisiera operaciones indecisas y lentas! Son sólo slogans”, dice.
La cuestión de la transformación y la utilidad de conceptos como el ODR son tema de una intensa batalla dentro del Pentágono, donde la vieja guardia uniformada a menudo está en desacuerdo con los estrategas civiles radicalizados del tipo que Rumsfeld llevó al Pentágono. John Pike, el jefe de Global Securities, org. un thinktank militar en Washington, cree que las divisiones sobre la transformación y todo el asunto Van Riper reflejan diferencias fundamentales de opinión sobre cómo emprender la guerra con Irak. “Una forma es marchar directamente a Bagdad, volando todo en el camino y luego por el shock y asombro que uno causa, el régimen colapsa -dice Pike–. Eso es de lo que se queja Rumsfeld cuando habla de rutina poco imaginativa. La alternativa es pasar de lado las fuerzas iraquíes y dar un golpe decisivo.”
Van Riper niega que se oponga al nuevo pensamiento militar. Simplemente piensa que debería estar escrito en simple inglés y puesto a prueba. “Mi preocupación principal era que podríamos ver a las futuras fuerzas tratando de usar estas cosas cuando no han sido adecuadamente fundadas en un experimento”, dice. El nombre Van Riper produce enojo o burla en el Pentágono estos días, pero hay señales anecdóticas de que tiene el silencioso apoyo del ejército uniformado, que, después de todo, será el primero en descubrir si los planes de invasión a Irak funcionan en realidad.
* De The Guardian de Gran Bretaña, especial para Página/12.
Traducción: Celita Doyhambéhère.

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Tropas iraquíes desfilan ante el Monumento al Soldado Desconocido en las afueras de Bagdad.
“Saddam”, en el ejercicio militar, supuso que se venía un golpe preventivo, y decidió atacar primero.
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