EL MUNDO › OPINION

La recuperación es sólo un espejismo

Por Wynne Godley *

Si se cree a los precios de las acciones en Wall Street, la recuperación estará en marcha en la segunda mitad del año en la economía norteamericana, actualmente golpeada por la recesión. Pero, ¿qué significa exactamente “recuperación”?
“Recesión” en Estados Unidos se define como dos trimestres consecutivos de crecimiento negativo, o sea quede que el crecimiento positivo, no importa lo pequeño que sea, puede calificarse de recuperación. Pero no hay diferencia significativa entre una caída del 0,1 por ciento por año y un crecimiento de la misma magnitud; los dos están tan lejos del crecimiento potencial que serán experimentados como una recesión crecientemente severa de mantenerse por cualquier período. Ninguna tasa de crecimiento muy por debajo del 3 por ciento puede ser calificada de “recuperación”, desde que el desempleo estaría subiendo al mismo tiempo, mientras estarían cayendo las ganancias y el uso de la capacidad instaladas.
La discusión pública se distorsiona aún más por la obsesión de Wall Street con el cortísimo plazo. La gente que quiere hacer dinero en la Bolsa intenta predecir qué va a pasar en los próximos meses. Pero la formación de política estratégica, especialmente de la política fiscal, requiere un horizonte temporal con varios años de anticipación. Los manejos de “sintonía fina” han sido desacreditados para siempre.
Adoptando este tipo de perspectiva estratégica, mi creencia es que, faltando un estímulo mayor y creciente desde el lado fiscal, la recesión en Estados Unidos continuará por varios años más, al menos en la forma de un crecimiento seriamente subnormal, aunque es fácil imaginar circunstancias (una recesión mundial o un derrumbe de la Bolsa) que pueden hacer continuar el declive en términos absolutos.
La expansión de los ‘90 estuvo energizada única y excepcionalmente por una enorme caída de los ahorros netos del sector privado. Durante este período, el balance entre los ingresos y los gastos del sector privado cayó en un 11,5 por ciento del Producto Bruto; en el tercer trimestre de 2000, los gastos privados excedieron a los ingresos en una cantidad equivalente al 6,2 por ciento del PBI, sin haberlo excedido significativamente nunca durante los últimos 30 años o más. Esto no podría haber ocurrido sin un enorme aumento de los préstamos, que volvió al sector privado más endeudado que nunca antes.
La recesión subsiguiente ha sido claramente asociada a una inversión de esta tendencia. Desde el tercer trimestre de 2000 se ha registrado una fuerte caída en los gastos privados en relación a los ingresos. Sin embargo, en el tercer trimestre de 2001, el déficit del sector privado era aún casi un 2,5 por ciento del PBI, mucho más alto que en cualquier período anterior pero suficiente para requerir tantos préstamos que la deuda privada en relación al PBI trepó a otro pico inédito.
El déficit privado probablemente recuperará todo el camino de regreso a su condición normal de superávit, lo que implicará una caída continua de los gastos privados en relación a los ingresos. Pero incluso si el déficit privado no fuera a recuperarse en absoluto, mi conclusión más importante seguiría incólume, porque la economía de EE.UU. seguiría sin el motor que la impulsó durante los ‘90. La demanda y la oferta totales en el resto del mundo están inusualmente estancadas, de modo que la demanda neta de exportaciones puede no crecer en absoluto.
Hay una cantidad de factores que pueden combinarse para hacer subir la demanda agregada en el cortísimo plazo. Una reducción de impuestos puso 40.000 millones de dólares en las manos de los consumidores norteamericanos en el tercer trimestre de 2000. Esto ha sido dejado a un lado como demasiado poco para ejercer una influencia, con un PBI de unos 10 billones de dólares por año. Pero si la reducción de impuestos es ciertamente menos de la mitad de un uno por ciento de un año de PBI, representó una suba del 1,6 por ciento del PBI en el tercer trimestre, suficiente para tener un efecto perceptible en el gasto.
Segundo, la enorme caída de las tasas de interés de corto plazo ha reducido las tasas de los créditos inmobiliarios a su nivel más bajo en décadas, disminuyendo la presión fiscal sobre los hogares. Tercero, es probable que pronto haya una recuperación en las inversiones en inventario, que fueron fuertemente negativas en el tercer trimestre. Y las ventas de autos han resurgido por el lanzamiento de créditos de interés cero.
Todas estas influencias tendrán un efecto positivo en el futuro inmediato. Sin embargo, algunas de ellas (como la reducción de impuestos) serán efímeras en el sentido de que sus efectos son de una sola vez y autorreversibles. Otros (menores pagos de interés y el alza de inversión en inventarios), si bien no son autorreversibles son no obstante de una sola vez, mientras que las ventas de autos tendrán un efecto de autocancelación, ya que las ventas han sido “robadas” de 2002.
Ninguno de los factores que tienden a atemperar la recesión en el corto plazo generarán un motor duradero para la expansión en los años inmediatos. Si se debe evitar una “recesión de crecimiento”, existe la necesidad estratégica de un nuevo motor para impulsar la economía, particularmente si se produce una caída mayor de los gastos privados en relación a los ingresos, lo que puede generar un agujero peor en la demanda agregada por valor de 400-500.000 millones de dólares. De modo que no hay que excitarse demasiado si Estados Unidos muestra algunos números de buen aspecto en los dos o tres próximos meses.
* El profesor Wynne Godley trabaja en el Carnegie Endowment for Research in Finance en Gran Bretaña.

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