EL MUNDO

A cacerolear, a cacerolear

Más cacerolazos por las restricciones impuestas por el “corralito” y también más represión. Continuaron las largas colas en los bancos, mientras aún no se anuncian las nuevas medidas económicas. El gobierno de Eduardo Duhalde busca pactar con el Fondo Monetario Internacional un paquete de ayuda. Mientras, el director del Fondo aclaró que para la Argentina “no hay éxito sin sufrimiento”.

Le Monde
En Buenos Aires, los grupos de cientos de manifestantes que representaban a los diferentes barrios de la capital donde habían tenido lugar asambleas populares, convergieron en el centro –sobre la Plaza de Mayo– protegidos por 1400 policías y barreras altas. Muchas mujeres, niños, familias enteras con llamativas cacerolas acompañaban los eslóganes que pedían levantar el “corralito”, la dimisión de los jueces de la Corte Suprema y el enjuiciamiento de los políticos corruptos. Muchos vestían la camiseta de la selección argentina pero ni uno llevaba una pancarta de un partido político o de un sindicato. Algunas banderas reclamaban el llamado a elecciones presidenciales y juzgaban ilegítimo al presidente Duhalde. (Christine Legrand).

The New York Times
Para detener las críticas Eduardo Duhalde ha usado un lenguaje apocalíptico que sugiere que encolumnarse detrás de él es la única alternativa para evitar el colapso. El país está al borde de una “guerra civil”, se enfrenta al “caos y la anarquía” y lucha por evitar un “baño de sangre”, dijo reiteradamente. “Un presidente que después de dos semanas en el poder dice algo así lo que hace es demostrar su fragilidad política”, dijo Rosendo Fraga, el director del Centro de Estudios para Nueva Mayoría. “Se equivoca. Existe el peligro de la violencia social pero ninguno de una guerra civil.” Duhalde ha evitado responder a la pregunta de qué bandos se enfrentarían en una guerra civil. (Larry Rohter).

The Washington Post
Duhalde ha resultado ser más pragmático que populista. Parece querer cambiar posiciones para enfrentar las realidades de una Argentina que va a tener que buscar apoyo fresco del FMI y a largo plazo, la vuelta de inversores extranjeros como parte de un esfuerzo para sobreponerse al colapso económico. En privado, sus asesores han expresado temor de que las condenas de Duhalde a medidas de libre mercado lo hayan colocado en la misma categoría que al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, un agitador de izquierda y amigo del líder cubano, Fidel Castro. “Como todas las naciones normales, tenemos que proteger lo que es nuestro”, dijo Duhalde, “pero vamos a jugar respetando las reglas”. (Anthony Faiola).

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