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“La pierna no me importa”

“Era como estar vivo en una tumba –contó Jacky Desbois, que pasó dos días bajo las ruinas de una iglesia hasta que fue rescatado por unos vecinos–. Rezaba, pero creí volverme loco. Pensé que nunca me encontrarían. Para sacarme, me rompieron la pierna. Ahora me tienen que operar pero estoy feliz de estar vivo. La pierna no me importa.”

Rose-Marie, de unos 20 años, llora y llora desde que la sacaron de los escombros del restaurante donde, cuando se produjo el terremoto, ella cenaba con amigos. Estuvo cuatro días rodeada por los cadáveres de esos amigos, y todavía no reaccionó. “Sólo repite nombres y gime. Cree que todavía está allí”, explica la enfermera que la atiende, en el hospital de campaña israelí de las afueras de Puerto Príncipe.

“Heridas infectadas, llenas de larvas, nunca vi nada igual”, exclamaba Jacques Lorblanches, médico francés, instalado en el Hospital General de Puerto Príncipe. Desde el sábado, su equipo operó a 30 personas, de las cuales 28 tuvieron que ser amputadas. Como los quirófanos fueron destrozados por el terremoto, el equipo improvisó uno en la antigua sección de radiología. En el hospital de campaña que instaló Israel, en las afueras de Puerto Príncipe, “de 48 operaciones que hicimos en dos días, casi todas fueron amputaciones”, contó el médico Amit Assa.

Ayer seguían llegando heridos a los precarios hospitales: piernas y brazos aplastados, heridas infectadas, gangrenas. “Ya pasó casi una semana y encontramos heridas en muy malas condiciones: claro que, si tuviéramos recursos para operar y hacer otros tratamientos, no necesitaríamos amputar tanto”, explica el médico haitiano Jean Toussaint, en el Hospital General.

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