EL MUNDO › EL MOVIMIENTO POLíTICO VIVIó ADAPTACIONES Y PROSCRIPCIONES EN EGIPTO

Qué es la Hermandad Musulmana

A la principal fuerza de oposición egipcia algunos medios la han comparado con el terrorismo iraní y le atribuyen intenciones de establecer un Estado Islámico. En esta nota, verdades y mentiras de un actor político clave.

 Por Eduardo Febbro

Desde París

Los Hermanos Musulmanes (Al Ijuan al Muslimin) son objeto de una encarnizada represión en Egipto y de una no menos férrea propaganda negativa en los medios de comunicación occidentales que llegan a ligarlos con el terrorismo contemporáneo iraní. Nada es, sin embargo, más inverosímil: los Hermanos Musulmanes son sunnitas y los iraníes chiítas. Entre los principios de sus fundadores y las adaptaciones a la realidad política del Egipto contemporáneo este movimiento poderoso e influyente de principios del siglo XIX ha vivido una transformación considerable. La divisa de sus orígenes dice: “Dios es nuestra meta, el profeta nuestro jefe, el Corán nuestra constitución, la Jihad nuestro camino, el martirio nuestra esperanza”. Los medios y los intelectuales occidentales han tejido una leyenda negra en torno de esta frase, tanto más cuanto que su lectura, luego de los atentados del 11 de septiembre, se presta a muchas manipulaciones e interpretaciones degradantes.

Los Hermanos Musulmanes no tienen existencia oficial. A pesar de que son el más antiguo movimiento político religioso del mundo árabe, el régimen de Hosni Mubarak los ha proscrito. El poder del Raïs los toleraba mediante arreglos como el que les permitió en 2005 conseguir una quinta parte de los escaños en las elecciones parlamentarias pero con la cortina de candidaturas independientes. Lo paradójico de la situación radica en que Mubarak asentó gran parte de su legitimidad nacional e internacional presentándose como el mejor amparo contra los que él calificaba como a los “los barbudos”.

La cofradía de los Hermanos Musulmanes fue fundada en 1928 por Hassan el-Banna. Su nacimiento coincidió con el momento político que vivía el Egipto de entonces, sobre todo las secuelas de la presencia británica y su pacto con el poder de la época, a quienes fustigan por su responsabilidad en la enajenación cultural y el desgaste de los valores culturales de Egipto. Desde el principio, su fundador, decía: “El Islam en el que creen los Hermanos Musulmanes ve en el poder político uno de sus pilares”. Versiones modernas le atribuyen a Al Ijuan al Muslimin la intención irrenunciable de establecer un Estado Islámico, lo que no es cierto. En sus comienzos, la cofradía militó por la regeneración de la sociedad, la recuperación de cierto orden moral y la sharia.

A lo largo de su historia, la cofradía ha tenido tres vertientes: la de un Islam “social” mediante una política de desarrollo de escuelas, centros de atención médica, ayudas a los más pobres; la de un Islam agresivo y comprometido en la lucha armada (años ’50), y la de un Islam político. Entre 1947-48 los Hermanos enviaron combatientes a Palestina y un año antes habían remitido una carta con letras de sangre a la ONU en donde exigían la independencia de Egipto. En 1951 participaron en la guerrilla que combatió a los británicos en el Canal de Suez sin haber abandonado por ello la dimensión política religiosa del movimiento. Con todo, Hassan el-Banna se opuso desde la fundación a la violencia mientras que sus discípulos y herederos más recientes impugnaron el terrorismo como instrumento de conquista. Para ellos, la violencia sólo se justifica por la defensa de las tierras musulmanas amenazadas por extranjeros. La prédica, la acción social y política y la moral son sus ejes de trabajo.

El espantapájaros de los Hermanos Musulmanes ha servido de pantalla para justificar políticas represivas. Los medios y ciertos pensadores han difundido sobre ellos versiones ultrajantes que hicieron de los barbudos terroristas en potencia, de las mezquitas depósitos de municiones y del Corán una guía del terror. El hecho de que los Hermanos Musulmanes hayan tenido una influencia determinante en grupos de resistencia nacionalista como el palestino Hamas o el libanés Hezbolá, ambos opuestos a la ocupación israelí, no los torna teóricos del terror. La cofradía de los Hermanos vio surgir hijastros violentos, como es el caso de Sayyid Qotb, un Hermano ultraejecutado por Nasser en 1966.

Sayyed Qotb es un pensador radical cuyas tesis derivaron en la creación del Jihad Islámico, en 1979, un grupo que asesinó al presidente Saddat en 1981 y al que pertenece el brazo derecho de Osama Bin Laden, el mundialmente conocido Al Zawahiri. Pero en ambos casos no se trata de una emanación programática de los Hermanos Musulmanes, sino de una rama disidente del Islam político y social de la cofradía. Una cosa es buscar expandir en el Valle del Nilo y en el resto de los países musulmanes la ley islámica y otra asesinar en nombre de ella. Los Hermanos Musulmanes rechazaron los acuerdos de paz firmados en 1979 al tiempo que condenaron sin ambigüedad los atentados perpetrados por Al Qaida el 11 de septiembre de 2001.

En enero del año pasado los Hermanos Musulmanes eligieron a un nuevo líder, Mohamed Badie, un profesor de Medicina Veterinaria de 67 años descripto por informes norteamericanos como un hombre “a la vez afable y discreto”. Badie fue acusado de organizar un complot para derrocar al gobierno en 1965. Pagó por ello con nueve años de cárcel. Anuar el Saddat lo excarceló en 1974 pero en 1999 fue vuelto a condenar a otros cuatro años por un tribunal militar. Cuando lo designaron a la cabeza de los Hermanos Musulmanes dijo que “los cristianos y los musulmanes constituyen de hecho una sola entidad social y cultural”.

A pesar de la elección de un conservador como Mohamed Badie, la interna en el seno de la cofradía sigue abierta entre el sector reformista, que pugna por una participación creciente en la política, y el ala más rígida, la conservadora, que apunta a profundizar la acción social y religiosa. Badie ya aclaró que llevará a cabo una estrategia doble: trabajo político junto al social y religioso. Las plumas occidentales y el régimen de Hosni Mubarak les pusieron a los Hermanos Musulmanes un halo de demonios. El argumento del miedo parece llegar a su fin. Es un movimiento islámico, como los hay de inspiración cristiana conservadora. Muy lejos del terror. Tal vez aprendamos a mirar las cosas como son, sin el velo del gran negocio ideológico en que se ha convertido el miedo al Islam.

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Saad Katatni, secretario general de los Hermanos Musulmanes, participó ayer de las conversaciones.
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