EL PAíS › LULA LE DIJO A KIRCHNER QUE EL ACUERDO
CON EL FMI HABIA SIDO “EXTRAORDINARIO” Y PIDIO CONFIANZA

“De compañero a compañero, si nos equivocamos, decímelo”

En una larga reunión, tras los chisporroteos entre la Argentina y Brasil, Kirchner y Lula hicieron todos los gestos posibles para dar cuenta de que buscan volver al idilio original, de cuando ambos hablaban de “sociedad estratégica” y juraban consultarse hasta la última movida. Discutieron la posible renegociación brasileña con el FMI y Kirchner pidió mayor institucionalización del Mercosur.

 Por Sergio Moreno

“De compañero a compañero, de hincha de Corintians a hincha de Racing: si hay algún problema, si nos equivocamos en algo, tenés que decírmelo.” Luiz Inácio Lula da Silva, presidente del país más poderoso al sur del río Grande, había entendido, finalmente, el mensaje que desde hace poco más de un mes le estaba enviando Néstor Kirchner: que su enojo no tenía que ver con peleas por supuestos liderazgos regionales sino con la chance de generar otro tipo de relación y negociación –más favorable para los países emergentes– con el Fondo Monetario Internacional. Lula reivindicó el tipo de acuerdo que Argentina firmó con el Fondo y replanteará su posición ante el organismo en octubre próximo. Así se lo hizo saber ayer al presidente argentino en la reunión de más de una hora que mantuvo en el hotel donde se hospeda Kirchner.
El brasileño también se lo había dicho a George W. Bush en el agasajo que el norteamericano dio anteayer a los presidentes asistentes a la Asamblea de la ONU. “Lo que hizo Kirchner con el FMI es de un impacto tan grande que va a cambiar la historia de la relación de los países con el Fondo”, dijo Lula. “Coincido con usted”, remató Bush.
Los gestos (políticos) que tuvo Lula para con la Agentina y su Presidente desde que llegó a Nueva York fueron, en sí mismos, un reconocimiento de su error madre, ése por el cual Kirchner comenzó a enviar mensajes cifrados al brasileño: la ausencia y el desentendimiento de Brasil del acuerdo que la Argentina firmó con el Fondo Monetario. Kirchner jugó a fondo en esa oportunidad. “A 26 horas del default, yo sabía que si (yo) caía me llevaba puesta a la burocracia del FMI”, confesó el patagónico a sus colaboradores el lunes a la noche en el Tango-01, cuando se dirigía hacia esa ciudad. Durante las tratativas –que finalmente salieron tal como Kirchner esperaba–, el Presidente contó con la colaboración y mediación de los presidentes de Chile y de México, Ricardo Lagos y Vicente Fox Quesada, respectivamente. La ausencia de Lula se hizo sentir. Kirchner evaluó esa falta como una mancada, la del grandote que, de sumarse a empujar el ariete, podría haber tumbado el portal mucho más rápido y más contundentemente. El Presidente pensó que Brasil no quiso o no pudo entender el embate que estaba dando la Argentina contra la política, las ideas y la forma de negociación que la burocracia del Fondo gusta desplegar (y con la cual presiona).
A partir de entonces volaron los mensajes cifrados hacia Brasilia, muchas veces a través de los medios de comunicación argentinos, en variadas formas. Kirchner nunca levantó el teléfono para desentrañar el malentendido. Lula tampoco.
Sun Tsu, en el Bing Fa (El arte de la Guerra), escrito en el siglo VI antes de Cristo, dice que “nunca se ha visto que debido a una guerra prolongada y sin resolverse el reino mantenga una situación ventajosa”.
Lula llegó a esta ciudad comprendiendo todo. Entonces nombró a la Argentina como socia indispensable en su discurso de apertura de sesiones de la Asamblea general de la ONU, anteayer. Argentina fue el único país nombrado en el speach. Después se acercó a Kirchner y le dijo que tenía que hablar, tras lo cual se fijó hora y lugar. Allí ofrendó otro gesto: el meeting se realizó en el hotel donde se aloja Kirchner, The Peninsula, en la 55 Street y 5th. Avenue. Lula movió su investidura, llegó al hotel, bajó de la limo con una sonrisa, subió los escalones y se abrazó con Kirchner. Ayer fue un día peronista en New York: no había quedado una sola nube. El día estaba esplendoroso, la gente llenaba las calles y avenidas, como olvidada de todo, como disfrutando de todo.
Tras saludar para las cámaras, ambos presidentes entraron al lobby del hotel hablando de transgénicos, de la soja y del medio ambiente. Lula recordó que en el estado de Bahía se cosechaba buen tabaco y se hacían puros, “pero ninguno es tan bueno como un Cohiba cubano”, reconoció, tras lo cual sacó un purito brasileño, lo prendió, y comenzó a echar humo (casi un sacrilegio para los norteamericanos; los muchachos del Secret Service lo hicieron pasar rápido a la suite donde se hizo la reunión).
Kirchner estuvo acompañado por el canciller Rafael Bielsa, el ministro del Interior, Aníbal Fernández, el secretario de Legal y Técnica, Carlos Zanini, el de Inteligencia y gobernador electo de Santa Cruz, Sergio Acevedo, los titulares de los bloques peronistas de Senadores, Miguel Angel Picchetto, y de Diputados, José María Díaz Bancalari, el diputado radical Marcelo Stubrin y el vocero presidencial Miguel Núñez. Lula fue con su canciller Celso Amorim.
Lula tomó la palabra y abrió la reunión reivindicando el camino seguido por la Argentina con el FMI, el mismo camino que, dijo, se plantea seguir para renegociar un acuerdo con el organismo, en la medida en que les convenga. Brasil debe sentarse en octubre con el Fondo y pretende que unos 4000 millones de dólares de su presupuesto sean contabilizados como inversión y no en rubro “gastos”. “Lo de ustedes fue extraordinario. Hay que convencer al Fondo Monetario de que tiene que hacer menos política fiscalista y más política de crecimiento económico”, dijo el ex gremialista. Lula dejó claro que esos 4000 millones, que volcará a inversión social, a las empresas estatales y a las ciudades, son inversiones indispensables para el desarrollo brasileño. “Si quieren discutir esto (los jefes del FMI), Brasil se sentará a la mesa de las negociaciones; pero Brasil también está más aliviado y no se va a renovar el acuerdo si no hay mejoras en las condiciones”, dijo el jefe del PT en relación, también, con la baja en la meta de superávit fiscal que actualmente está fijado para un 4,5 por ciento para el año entrante.
Lula destacó la grave situación de dos países del Cono Sur, Perú y Ecuador, para ejemplificar la nocividad de las políticas de ajuste del Fondo. “Están en una situación muy delicada que debemos atender”, dijo sobre las naciones citadas.
Kirchner se introdujo en la conversación aprovechando la voluta de humo que lanzaba, en ese momento, el parceiro. Distendido, con su rapidez verborrágica, el Presidente argentino comenzó a repasar, punto por punto, cómo había sido y en qué consistía el acuerdo al que nuestro país arribó con los tecnócratas del organismo. También se extendió sobre el aumento del presupuesto nacional para emprendimientos sociales, créditos para las pymes y planes de obras públicas. “Hay que hacerle entender al Fondo que sería muy riesgoso que los países pierdan el consenso interno –dijo–. Antes de que estallase la Argentina, el país tenía el beneplácito exterior, del Fondo, de Wall Street, mientras se incubaban las condiciones del desastre”, recordó.
–Hay que establecer las negociaciones con los socios del Fondo Monetario, una discusión política con ellos, ya que nosotros, nuestros países, también somos socios. ¿Para qué nos sirve hablar con tenedores de libros que aplican recetas que fracasaron en todas partes? –ensayó Lula, exponiendo una idea cara a su par patagónico.
–En algún lugar, la desigualdad social de los países pesa también en el tema del terrorismo –aportó Kirchner, un concepto que quizá también forme parte de su discurso de hoy ante la Asamblea de Naciones Unidas (ver aparte).
Kirchner ponderó el discurso que dio anteayer Lula en la ONU, resaltando el segmento sobre la necesidad de que la ONU atienda los temas de la pobreza y la desigualdad social en el mundo de manera efectiva, no declamativa.
“Argentina y Brasil deben ser una voz unida y tener una estrategia común en la negociación del ALCA y de la Organización Mundial del Comercio”, soltó el brasileño. “Mi voluntad política y decisión es que Brasil avance junto a la Argentina –siguió Lula, mirando a los ojos de Kirchner, el puro ya apagado aun entre sus dedos cortos–. Nos quieren dividir, debemos estar atentos; la relación con Argentina es prioritaria para nosotros, del éxito de Argentina depende el éxito del Mercosur y de América latina”, descerrajó.
En ese momento de la charla, Lula comenzó a hablar de “diplomacia telefónica”. Y preguntó –le preguntó a Kirchner– dónde había cometido el error para que circulasen tantas versiones sobre su enojo. “Los tres años y tres meses que me quedan de gobierno van a estar dedicados a que, cuando deje el Planalto, la relación entre nuestros países esté más sana y más fuerte. Ni las cuestiones comerciales pueden anteponerse a la voluntad política en ese sentido”, juramentó Lula, quien pidió teléfono abierto entre él y Kir- chner y entre los ministros de Economía y hacienda de las dos repúblicas, Roberto Lavagna y Palocci.
–Vamos a eliminar obstáculos por teléfono. Te voy a molestar constantemente –soltó Lula.
–No siempre lo que aparece en los diarios es la verdad –encaró, mesurado, Kirchner–. Vos me conocés, si yo me enojo te llamo por teléfono –continuó, con una mentira piadosa, el sureño–. Yo también quiero una mejor relación con Brasil, y quiero mejorar, además, las relaciones con América latina.
Aquí Kirchner se tomó un instante para ponderar a su amigo y admirado Ricardo Lagos, presidente chileno. Y siguió:
–Vos y yo tenemos una relación de diez. Pero hay intereses que atentan contra la integración. Hay que dejar de lado los personalismos.
Kirchner hizo una pausa para que sus palabras flotaran en el aire. Tomó un trago de agua mineral y continuó proponiendo algo muy del estilo K. “Hay que darle celeridad a la integración, avanzar en temas urticantes; crear el Parlamento del Mercosur, concretar la integración física y arancelaria, sueño con una discusión interbloque Mercosur-Unión Europea, y que no pase lo de Cancún, donde tuvimos algunas asincronías.”
Entonces intervinieron Bielsa y Amorim, los cancilleres. Bielsa dijo que la Argentina quería que la visita de Estado que Lula realizará a la Argentina el 16 y 17 de octubre “sea una visita histórica”, donde se firmen acuerdos sobre integración física (construir la autopista del Mercosur), sobre integración consular, sobre libre circulación de las personas –excepto para trabajar–, sobre financiación.
Bielsa, al respecto, hizo ayer, en otra reunión que mantuvo con Amorim, la propuesta formal de integración de las bancadas diplomáticas para los períodos consecutivos que les corresponden a ambos países en el Consejo de Seguridad de la ONU. Argentina tendrá una banca en 2004-2005; Brasil, en 2005-2006. Argentina pretende que ambos países compartan 2004-2006 con una bancada diplomática común. Brasil aceptará esta propuesta.
El próximo 6 de octubre, además, delegados de varios de los países que conformaron el Grupo de los 22 en Cancún se reunirán en Argentina para redactar lo que se ha dado en llamar el “Consenso de Buenos Aires”. Será el corolario de la continuación de las discusiones para trazar una estrategia común contra el proteccionismo primermundista y las trabas que tienen los países emergentes para ejercer el libre comercio global. Brasil bendijo la convocatoria.
–Debemos tener, Néstor, una estrategia común sobre el Fondo, sobre la OMC y sobre el ALCA –sugirió Lula ayer, en The Peninsula, mientras afuera brillaba el sol.
Lula, sabedor de que horas más tarde Kirchner y Fox se sentarían a almorzar para extender un paraguas político a fin de que los países que gobiernan firmen un tratado de Libre Comercio (ver aparte), solicitó que Brasil también forme parte del tratado de marras.
–Tenemos que ganarles a las políticas que resisten a la integración. Tenemos que fomentar la discusión sobre qué políticas de multilateralidad y qué FMI quieren –dijo Kirchner, retomando el tema central de la reunión.
Continuó: “La viabilidad de los países debe ser interna, tiene que haber otro tipo de negociación con el Fondo para la región, de lo contrario se pone en riesgo a la democracia”.
El gobierno argentino quedó más que contento con el resultado de la reunión, a partir del acuerdo de ambos presidentes sobre la posición adoptada (por Argentina) y a adoptar (por Brasil) ante el FMI. Veamos:
- Bielsa sostuvo que “Kirchner inauguró una nueva forma de negociar con el Fondo y acordar de otra manera; incorporó el concepto de crecimiento con equidad, que el mismo Hoerst Köhler utiliza. Por delante tenemos mucha más sangre, sudor y lágrimas, pero esperamos que sirva para algo y no sea durante tanto tiempo”.
-Aníbal Fernández dijo que “la Argentina se animó a plantear que los muertos no pagan la deuda; primero hay que vivir para poder pagarla”.
-José María Díaz Bancalari expresó que, en tal sentido, la política de Argentina y Brasil es común y convergente.
- Miguel Angel Pichetto dijo que hay acuerdo para hacer “un esfuerzo compartido entre ambos países para salir adelante”.
La reunión había terminado momentos antes de que los cuatro funcionarios mencionados diesen sus puntos de vista. El cierre del apontamento bilateral no pudo escapar a la máxima pasión de argentinos y brasileños.
–¿Cuándo hacemos el partido Corintians-Racing? –preguntó Lula.
–Primero podemos hacer uno entre ambos gobiernos –chuceó Kirchner.
–Puede ser. ¿Vos de qué jugás?
–Yo de armador, de 5. ¿Y vos?
–Yo de punta de lanza, como Pelé, como Maradona.
Todos rieron ante la comparación del brasileño. La reunión había terminado.

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Kirchner y Lula tras fumar el desayuno de la paz en Nueva York, durante la asamblea general de las Naciones Unidas.
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