EL PAíS › PANORAMA POLITICO

Patio trasero

 Por Luis Bruschtein

El decreto norteamericano que demoniza a Venezuela como una amenaza a su seguridad representa el mismo maltrato hipócrita de gran potencia que la excusa de los conservadores británicos para aumentar su presupuesto armamentístico ante inexistentes “acciones hostiles” del gobierno argentino por Malvinas. Ni Venezuela ni Argentina constituyen amenazas para los Estados Unidos o Gran Bretaña.

Los tories británicos ven peligrar su primacía ante los laboristas y usan el discurso nacionalista para retener el voto más retrógrado que se fuga tras expresiones aún más derechistas como el Partido para la Independencia del Reino Unido. El maltrato hacia Argentina es secundario frente a sus urgencias electorales.

Para Estados Unidos, Cuba sin la URSS no representa un gran problema, pero el petróleo de Venezuela en manos de un gobierno que se le rebela es un dolor de cabeza. Afloja con Cuba y endurece con Venezuela. Son acciones casi reflejas de la diplomacia norteamericana, aunque en este caso, también las necesita Barak Obama para contener la presión de los ultramontanos propios.

El presidente Obama y su secretario de Estado, John Kerry, viajaron a la Cumbre de las Américas. Obama destacó la importancia que tiene para su país la relación con el resto del continente. Sin embargo, los medios norteamericanos apenas dieron cuenta de la reunión en Panamá porque tradicionalmente les han dado poco espacio a los temas sobre América latina. Para la sociedad norteamericana tampoco es relevante. No es un tema que pesa en la política interna ni que figure en el debate electoral.

Washington tiende a encarar la relación con América latina como si fueran sus propias comunidades latinas. Pero esas comunidades tienen dinámicas muy diferentes a las de los países. El tiempo pasó, esta misma cumbre ha sido reflejo de esos cambios que Washington tomó como concesiones suyas o retrocesos de sus posiciones y no como parte de los procesos globales de reacomodos geopolíticos. No es necesario que Estados Unidos acuerde con las posiciones de los países latinoamericanos, pero tiene problemas para aceptar que la región construya sus planteos sobre la base de sus derechos y sus intereses y relacionarse a partir de allí.

Como resultado de esa asintonía, Estados Unidos se desayuna en cada reunión con los cambios que se han producido en la región que, con pocas excepciones, se alejó de la subordinación a control remoto que caracterizó las décadas en que primó la idea de “patio trasero”. La escalada de Gran Bretaña en Malvinas, que también es un tema regional, puso sobre la mesa un recuerdo más o menos reciente y poco grato sobre cuáles son las prioridades reales de Estados Unidos más allá de las palabras. También en Malvinas, Estados Unidos y Canadá quedaron enfrentados al resto de la región.

La imposibilidad de que la cumbre produjera un documento de consenso y debiera conformarse con el informe del anfitrión sobre “Prosperidad con equidad, el desafío de la cooperación en las Américas” puso en evidencia las rispideces y la falta de intereses comunes. Estados Unidos y Canadá quedaron prácticamente aislados en el tema Venezuela. Pero también hubo muchas dificultades para ponerse de acuerdo en otros puntos como la responsabilidad de los Estados en salud y educación.

La cumbre se celebra en la zona sur de la ciudad de Panamá. En la otra punta, en la entrada al Puente de las Américas, hace algunos años estaba el barrio El Chorrillo, un caserío humilde, con barracones de madera y calles estrechas, que fue incendiado por los bombarderos norteamericanos durante la invasión de 1989. Se calcula que los norteamericanos masacraron a cerca de 600 civiles al entrar en El Chorrillo, un barrio que ya no existe.

A varias cuadras de ese lugar, la delegación norteamericana expresó su sorpresa por el rechazo unánime que había provocado su escalada contra Venezuela. Los funcionarios se sorprendían de que se pensara que el gobierno norteamericano pudiera estar preparando una invasión a Venezuela. Seguramente a los sobrevivientes de El Chorrillo no les causa ninguna sorpresa. Las intervenciones norteamericanas en América latina siempre empiezan de la misma forma, con operaciones desestabilizadoras en los países marcados, después con una escalada declarativa a la que siguen sanciones económicas y, cuando las agencias internacionales ya satanizaron a la víctima, ponen en acción a sus fuerzas armadas. Otras veces han usado a las fuerzas armadas locales en golpes de Estado sin necesidad de involucrar a las suyas.

Estados Unidos se sorprende, pero América latina ve la vaca y llora, porque ya se quemó con leche. Durante la reunión de cancilleres, previa a la de los jefes de gobierno, hubo foros de empresarios, de jóvenes, de rectores de universidades, de la sociedad civil y el foro social. En el de la sociedad civil, al gobierno anfitrión –probablemente el más cercano a los Estados Unidos– se le ocurrió invitar a grupos anticastristas y antichavistas, que generaron un gran candombe al enfrentarse con los representantes chavistas y de la Revolución Cubana.

Las agencias internacionales venían preparando un escenario de desprestigio para los gobiernos que podían encabezar la resistencia a las posiciones norteamericanas. Se habló de Cuba y de Venezuela, pero también de Brasil o Bolivia por “reprimir con la policía manifestaciones opositoras” o Argentina “que llega con el asesinato de un fiscal que pocos días antes había denunciado al gobierno”. Si la intención fue no dejar en soledad a la Casa Blanca, el resultado no fue tan claro. A veces es mejor estar solo que mal acompañado.

Uno de los líos se produjo cuando los delegados cubanos que respaldan la revolución se enfurecieron al percatarse de que en una de las mesas estaba Félix Rodríguez, el cubano de la CIA que participó en el asesinato del Che en Bolivia. Si hay sectores de la oposición cubana con alguna legitimidad, seguramente no es Rodríguez, presentado como un luchador por la democracia pese a que estuvo relacionado con la dictadura de Fulgencio Batista y, como agente de la CIA, estuvo involucrado en atentados terroristas fuera de Cuba.

En el pleito venezolano también hubo tensiones. Los antichavistas difundieron un documento firmado por ex presidentes derechistas de la región, algunos bastante desprestigiados. El firmante argentino era Eduardo Duhalde. Los ex mandatarios reclamaban que en Venezuela se defiendan los derechos humanos, algo que varios de ellos no hicieron en su momento en sus países. Estaban las esposas de los alcaldes venezolanos presos Leopoldo López y Antonio Ledezma. En uno de los actos se cruzaron con el Comité de Víctimas de las Guarimbas (por las que está preso López). Amnistía Internacional responsabiliza al gobierno por los 43 muertos y más de 1800 heridos que se produjeron en esas barricadas convocadas por López para derrocar a un presidente que unos meses antes había ganado las elecciones en forma transparente. Sin embargo, la mayoría de las víctimas son chavistas, incluyendo a varios policías. “Las dos sufrimos por lo mismo”, le dijo Lilian Tintori, la esposa de López, a una de las mujeres del Comité, que le contestó: “Pero hay una diferencia, su marido está vivo mientras que al mío lo mataron en las guarimbas”.

La imposibilidad de consenso en la Cumbre de Panamá demuestra que, a pesar de Obama, a Estados Unidos le cuesta salir de la idea de “patio trasero” para aceptar que la región tenga sus propios planteos y negociar los posibles acuerdos a partir de esas diferencias. Esta imposibilidad tan puntual destaca también la relevancia de los organismos regionales de integración que han surgido en esta década, desde el ALBA, hasta el Mercosur, pasando por la Unasur y la Celac. A diferencia de la OEA y estas cumbres, en la Celac están representados todos los países de América latina y el Caribe, menos Estados Unidos y Canadá. Si no existieran estos organismos, las dos potencias del Norte impondrían sus tesituras o trabarían los consensos como ha sucedido históricamente. Quedará por ver si esta situación se cristaliza como algo definitivo o si futuros gobiernos pronorteamericanos inician el camino de regreso al sistema anterior de patio trasero.

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