EL PAíS › OPINIóN

La épica del obispo Federico Pagura

 Por Aníbal Sicardi *

En una época donde desaparecen los héroes clásicos en nombre de la calma y el consenso, surgen aquellos que recuperan la épica de la vida. Federico Pagura, obispo emérito de la Iglesia Metodista en Argentina, fue uno de ellos.

Nació el 9 de febrero de 1923 en Arroyo Seco, sur de la provincia de Santa Fe. Caminaba hacia los 93 años cuando el lunes 6 de junio falleció en la ciudad de Rosario. Allí había llegado de niño junto a su familia, allá por 1930. Madre, padre, hermanita, recalan en un conventillo. Solo una habitación. Federico duerme sobre un baúl preparado como cama. Viven la penuria de la época en búsqueda de empleo y comida.

Fue en Arroyo Seco donde su abuelo italiano, organista y sacristán en Italia, se le ocurre comprar y leer una Biblia. El cura local lo declara hereje. Cabezón, arma una iglesia con su numerosa familia. Altar y Biblia. Se agrega gente del barrio. Luego pasará a ser una de las iglesias metodistas en la que luego Pagura llegará a ser pastor.

Al final del 60, 1969, lo reclaman como obispo desde Costa Rica y Panamá. Allí va con su indeclinable esposa Rita Alegría. Descubre el desastre de la intervención de EEUU en Centroamérica, incluida la iglesia. Latinoamérica se introduce en su vida. Pasa a ser su casa. El continente será su pasión. La asignación de Pagura como defensor de los DD.HH. está relacionada a ese largo andar en medio de dictaduras, muertes, persecuciones.

En 1974 regresa a Argentina como pastor de la Iglesia Metodista en Mendoza. Lo reciben las consecuencias de la Dictadura de Pinochet. La atención de los refugiados chilenos se torna prioridad. Busca apoyo en las iglesias de la ciudad pero le responden que ellas están para predicar el evangelio y no para esas otras tareas. Pagura tiene otras enseñanzas. Entre ellas cuando joven militante del metodismo su pastor, Julio Manuel Sabanes, le pide que lo acompañe a dar una conferencia. La disertación era en la “Federación Anarco-Comunista de Rosario” Sus neuronas y venas quedan impregnadas. Por eso no lo intimida la bomba que explota en su casa mendocina como consecuencia de su fidelidad al evangelio.

En 1977 fue electo obispo de la Iglesia Metodista en Argentina. En la dictadura es el líder que se necesitaba. Marca la gesta metodista y de otras iglesias en la argentina noche del horror.

Su figura crece. Es referente indiscutible del Consejo Mundial de Iglesias (CMI) y del Consejo Latinoamericano de Iglesias (CLAI). Siempre asociado a grandes obispos católicos romanos como Leónidas Proaño, Pedro Casaldágila y Jaime de Nevares y Miguel E Hesayne, entre otros. También con personalidades y movimientos de la sociedad local y latinoamericana caribeña. Cuatro horas de conversación con Fidel Castro y la afirmación de Evo Morales que lo consideraba su consultor, registran su orientación de que en la predicación del evangelio no hay un adentro y un afuera, sino que es un todo. No es por azar que su velatorio haya sido en el Concejo Deliberante de la Ciudad de Rosario y no en un templo.

De los muchos reconocimientos que tuvo, lo impactó el del Consejo de Iglesias de Estados Unidos. Por gestión del pastor Oscar Bolioli, de la Iglesia Metodista en Uruguay, se le otorgó, en l997, el Premio Mauricio López que distingue a personalidades que se destacaron en América Latina. Mauricio López, de la Iglesia de los Hermanos Libres, Rector de la Universidad de San Luis, activo en el Consejo Mundial de Iglesias, fue secuestrado y desaparecido el primero de enero de 1977. Había sido un querido compañero de luchas de Pagura.

Este insigne personaje recibió, repetidamente, el calificativo de ser uno de los constructores del ecumenismo nacional y continental. En Pagura el ecumenismo nunca fue una cuestión de intercambio institucional ni de reuniones protocolares. Era la necesidad del andar del evangelio en un continente tomado por las fuerzas dictatoriales. Tiempo durante el cual, a instancias del Documento de Santa Fe del Departamento de Estado de EE.UU, se guiaba a los militares para perseguir a la iglesia rebelde victimizando tanto a pastores y sacerdotes, como a laicos y laicas.

Eriza la piel el comentario de Pagura sobre su madre, quien poco antes de fallecer, le dijo que ella era descendiente qom, la comunidad aborigen norteña. Antes de fallecer Pagura deja claro que no quería flores en su velatorio y que ese dinero fuese destinado a los qom.

Conventillo, abuelo sacristán, organista y lector de la Biblia, madre qom. Vivencias que en un momento determinado se plasman en acciones y pensamientos. ADN que fortaleció su humanidad y que se amplió con su compromiso de fe.

* Pastor (jubilado) de la Iglesia Metodista Central de Bahía Blanca.

Compartir: 

Twitter

 
EL PAíS
 indice

Logo de Página/12

© 2000-2022 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Política de privacidad | Todos los Derechos Reservados

Sitio desarrollado con software libre GNU/Linux.