EL PAíS › OPINION

Atentados, corrupción, políticas de Estado

Por Laura Ginsberg *

Semanas atrás, el programa “Punto.doc” emitió una investigación que vincula al ex embajador de Israel en la Argentina, Itzhak Avirán, con la malversación de 17 millones de dólares en concepto de ATNs que Avirán había conseguido para provincias con las que firmaba convenios de obras nunca concluidas. El programa presentaba estos hechos de corrupción como negocios privados de Avirán, sugiriendo que así habría comprado el silencio del Estado de Israel en el reclamo por el esclarecimiento de los ataques terroristas a su propia casa en Buenos Aires y a la AMIA.
¿Fue necesario pagar 17 millones de dólares para comprar el silencio del Estado de Israel en el año 1996, cuando el Estado argentino ya había gozado de ese silencio en forma gratuita durante 4 y 2 años? Los hechos de corrupción que puedan involucrar a Avirán no alcanzan para explicar el papel que jugó su Estado mandante al momento de ambos atentados. Desde hace 10 años el Estado de Israel no se hace el distraído, sino que ha tomado la decisión de acompañar al Estado argentino en el encubrimiento de ambos crímenes, y por eso trabajó en contra del reclamo de los familiares de las víctimas. La negativa del Estado de Israel de asumir la condición de querellante en la causa por la voladura de la embajada que instruye la Corte Suprema, la presión sostenida inmediatamente después de ambos ataques terroristas para responsabilizar a Irán y desviar la atención de la responsabilidad de las fuerzas de seguridad locales, brasileñas e israelíes que ya en 1993 sabían de la preparación de un próximo ataque en Buenos Aires, las presiones ejercidas para desarmar una querella independiente de AMIA y DAIA en el juicio, y la campaña por el “juicio oral ya”, son algunas consecuencias de esa decisión.
Dada la repercusión de la denuncia, Israel se hizo eco y envió una comisión investigadora. El responsable es Pinjas Avivi, encargado de Latinoamérica en la Cancillería israelí, que en septiembre de 2001 estuvo en Buenos Aires encabezando la Comisión Israelí sobre Desaparecidos Judíos en la Argentina. En épocas de la dictadura militar, Avivi bregaba para que “no se atacara al gobierno militar porque corría peligro nuestro trabajo” y 25 años después de haber pretendido jugar el papel de defensor de los derechos humanos, sostuvo que “todos fracasamos” (ver Página/12 del 8/9/01). Dicho sea de paso, sería importante hacer públicas las conclusiones a las que arribó su comisión más de un año después.
Con esta nueva comisión pretenden generar la ilusión de que Avivi, ex funcionario de la embajada en Buenos Aires y enviado de Peres, investigará el desempeño de Avirán, designado embajador por el propio Peres. Más bien pareciera que la Cancillería israelí, rápida de reflejos, tiene como objetivo abortar cualquier debate serio acerca de la función del Estado de Israel en el encubrimiento perpetrado por el Estado argentino. Este debate está pendiente y, después de 10 años, es hora de abordarlo. Por las dudas, la comisión ya articuló los acuerdos políticos necesarios para preservar a su funcionario, para lo cual invitó a los presidentes de DAIA y AMIA a sellarlos en Jerusalén.
Avirán no hizo otra cosa que llevar adelante las políticas de Estado de Israel en Argentina y los prósperos negocios que supo hacer con Menem y Duhalde son consecuencia de esas políticas de Estado, que fueron las que efectivamente se cobraron la vida de nuestros familiares en la AMIA. Era, según el difunto Di Tella, el precio que pagaba la Argentina por entrar al primer mundo. En este sentido, la representación del Estado de Israel en Buenos Aires no se menemizó, sino todo lo contrario: Menem y sus secuaces necesitaban contar sin fisuras con el apoyo del Estado de Israel para sostener, nacional e internacionalmente, las irregularidades cometidas por Galeano y los fiscales, para sostener un juicio oral cuyos jueces trabajan para resguardar los secretos de los espías de la SIDE y de sus pares extranjeros y para lograr, más temprano que tarde, el cierre de la causa. En definitiva, el apoyo de Israel resulta indispensable para el Estadoargentino para materializar el encubrimiento de su propia responsabilidad criminal en la masacre de nuestros familiares en la calle Pasteur.
Los Menem, Duhalde, Corach, Di Tella, Soria, Passero, Pellacchi, De la Rúa, Klodzcyk, Anzorreguy, Becerra, Ruckauf, Toma, son parte de una lista interminable de responsabilidades políticas que habla a las claras de que no se trata de individuos aislados con perfiles mafiosos enquistados en el aparato del Estado. Es una política del conjunto del Estado, cuyos administradores son hacedores de la criminalidad y encargados de perpetrar la impunidad antes y después de cometer los crímenes. Para ello hace falta la complicidad de otros Estados. Avirán fue elocuente a la hora de definir las inmejorables relaciones políticas que mantienen Argentina e Israel: “Son como un cielo celeste en el cual hay dos nubes...”, dijo una vez el ex embajador. El representante israelí sabe que el cielo siempre está y cree que a las nubes se las lleva el viento.
* Familiar de una víctima del ataque a la AMIA. Integrante de A.P.E.M.I.A.

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