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De los cortes a la Corte

Por M. W.

“Al gobierno uruguayo le preocupan más los cortes que la Corte”, sintetiza un negociador argentino que orejea la reacción oriental ante el heterodoxo anuncio de esta semana. El gobernador Jorge Busti comunicó una decisión nacional, acudir a la Corte Internacional de La Haya, si se prolonga la controversia sobre las papeleras.

La intención argentina no es llegar a esa instancia, cara y prolongada, en la que no tiene las mejores perspectivas de prevalecer. El objetivo deseado es incitar al gobierno uruguayo a buscar una solución negociada al conflicto. La advertencia también pretende interpelar (casi se diría desperezar) a las empresas española y finlandesa. Estas, seguramente, podrán seguir la explotación hasta que la Corte falle, ya que es casi imposible que se admita una medida de no innovar. Pero la inminencia del pleito les abre un horizonte incierto para dentro de cuatro o cinco años, plazo verosímil del litigio que coincide con el momento en que empezaría a cosechar ganancias importantes.

Más allá de las primeras reacciones uruguayas, muy críticas, el gobierno argentino cree entrever que existen más perspectivas de diálogo. Algún vestigio de deshielo atisbó el embajador en Uruguay, Hernán Patiño Mayer, que se entrevistó el jueves con el canciller Reinaldo Gárgano. Y aunque desde ambas orillas se nieguen, hay contactos oficiosos entre ocupantes de las dos casas de gobierno.

Como sugiere la frase inicial de esta nota, los funcionarios argentinos creen que la dureza del paso elegido se compensa con la posibilidad de aminorar los cortes de ruta, que enardecen a los uruguayos. La discusión acerca de su magnitud e impacto en los ingresos turísticos del Uruguay son un ítem ineludible de cualquier palique entre los dos gobiernos y, huelga decirlo, las estimaciones son muy discrepantes.

Para Argentina, la protesta fue funcional pues exteriorizó la importancia que tiene el tema para los habitantes de Entre Ríos. Aunque los funcionarios no lo confiesen, también les sirvió para emparchar su falta de respuesta tempestiva a una situación que tiene años y en la que los gobiernos nacionales se involucraron con enorme mora.

Los argentinos esperan con interés y cautela la reunión que mantendrá mañana Tabaré Vázquez con dirigentes de la oposición. “Los blancos y los colorados –sintetiza un ministro– respaldan a Tabaré en el peor sentido del término. No lo sueltan, lo empujan, lo suyo es puro condicionamiento, un abrazo del oso. Lo avalarán sólo si hace lo que ellos quieren, no quieren dejarle espacio.”

Si Vázquez está condicionado, la Argentina también tiene lo suyo. El gobierno chileno ya ha entrado en las conversaciones por el impacto de los cortes de ruta. La práctica forma parte de la cultura política argentina, es inasible para gentes de otros países. Pero, en este caso, vulnera normas vigentes del Mercosur sobre el tráfico internacional. Julio De Vido se reunió en la semana que pasó con el embajador chileno Luis Maira, en el contexto de otras discusiones más estratégicas (el reclamo de los camioneros argentinos de un cupo en el transporte que va de Chile a Brasil, también regulado por tratados) pero también abordaron el tema tratando de que se descomprima sin añadir leña al fuego. Desde luego, ese objetivo está supeditado a que la situación sea transitoria.

Uruguay tiene como punto débil haberse manejado unilateralmente en el manejo de un recurso internacional compartido. Y, a esta altura, no es sólo Argentina la que lo cuestiona por su desaprensión ambiental.

Argentina “viene de atrás”. Su recurso a La Haya salteando el Mercosur no suscitará beneplácito en la región. Por añadidura, ya se dijo, los cortes la ponen al borde de la ilegalidad. El nuevo rumbo que emprendió exige, como mínimo, un uso más cauto de las movilizaciones argentinas con impacto sobre el transporte internacional. Se supone que Busti debería informar debidamente a los ciudadanos, transmitiéndoles la necesidad de dosificar los cortes (imposibles de sostener si media una contienda legal) y las dificultades que comporta un reclamo ante la Justicia internacional.

Así las cosas, lo sensato sería que los dos países negociaran en pro de mejorar el tratamiento del papel y de los desechos, apelando a standards internacionales válidos. No parece simple pero, es el mejor camino. Negociadores baqueanos afirman entrever una luz entre tanta hostilidad y oscuridad. Optimismo de la voluntad, que le dicen.

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