ESPECTáCULOS › EL ACTOR HECTOR ANGLADA SE MATO EN UN ACCIDENTE CON UNA MOTO

Mal final para una vida de película

El “cordobés”, como lo conocían todos, tenía 27 años, y había conseguido popularidad gracias al film “Pizza, birra, faso” y a la tira “Campeones”.

Héctor Anglada, “el Cordobés” para amigos y conocidos, era actor por azar, y prefería las bailantas a los boliches top. Empezó de abajo, pero bien de abajo, y nunca quiso acomodarse a la lógica de ascenso socioeconómica que le propuso la notoriedad mediática. Se sentía tan ajeno al mundillo de la farándula que les decía a sus amigos y a los periodistas que pensaba dejar de actuar a los 30 años. El final de la película fue malo, como el de Pizza, birra, faso, el film de Adrián Caetano y Bruno Stagnaro que le hizo ganar prestigio en 1999. Murió ayer a la madrugada en la localidad bonaerense de Burzaco. Anglada iba en una moto con un amigo y, según afirman testigos, en la rotonda Los Pinos, en Hipólito Yrigoyen y ruta 4, un colectivo los pasó por encima, provocando la muerte de ambos. El episodio fue caratulado por la policía como “homicidio doble culposo”. Anglada tenía 27 años.
El Cordobés se hizo famoso por su papel en “Campeones”: allí era Capilla, boxeador y recolector de residuos. En “RRDT” había hecho de barrabrava. Sus interpretaciones de marginal, solía decir, no tenían que ver con su personalidad. Inclusive reconocía que no se sentía identificado con muchos de sus personajes. Decía que Capilla era “un tarado”, pero estaba particularmente enojado con el papel que hizo en La Furia: un guardiacárcel. “Tengo amigos en Córdoba y en el Bajo Flores que están privados de la libertad, y me acordé de ellos”, señaló en una entrevista publicada por Página/12. En los últimos tiempos, el actor no estaba embarcado en ningún proyecto laboral, pero esperaba con ansiedad el estreno local de Bolivia, la nueva película de Caetano, un film premiado internacionalmente, donde tenía una destacada participación. Gracias a su labor en Pizza, birra, faso, una película que marcó una tendencia en la cinematografía argentina, su cara y su estilo interpretativo resumieron el nuevo estilo estético que comenzó a imponerse para la elaboración de largometrajes en la industria local.
Pero Anglada llegó a ese film casi de casualidad. Estaba trabajando en un hotel de Villa Carlos Paz cuando conoció a Caetano. Los fines de semana jugaban juntos al fútbol. Un día, el cineasta le dijo: “Voy a hacer una película. ¿No querés trabajar?” Allí empezó su carrera artística. En rigor, la de ambos. El trabajo quedó plasmado en el cortometraje Visite Carlos Paz. Antes de ese descubrimiento fortuito, Anglada se había ganado la vida de los modos más diversos: fue diariero, heladero, peón de albañil, bombero voluntario, entre otras profesiones temporarias. Ya como actor, con el primer dinero importante que cobró, le compró un kiosco a su abuela, que lo crió desde que era chico, en Córdoba. La nueva condición de artista le había aparejado situaciones extrañas y risueñas. En el festival de Mar del Plata la saludó una mujer, y él le devolvió el saludo, por respeto, pero sin reconocerla. Después le dijeron que era Jacqueline Bisset. En otra oportunidad, durante el rodaje de Pizza..., la policía detuvo a los protagonistas de la película. Los había confundido con delincuentes de verdad. Lo mismo les ocurrió en el Festival de Gramado, en Brasil, cuando los uniformados estuvieron a punto de dispararles (Anglada estaba con el también actor Jorge Sesán). El Cordobés decía que la actuación “se aprende en la vida. No es que tenga que entrar a robar a una despensa para saber cómo hacer de chorro, pero en la calle se ve todo lo que pasa”.
Los restos del joven actor serán sepultados hoy a las 8 en el panteón de la Asociación Argentina de Actores del cementerio de la Chacarita.

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