ESPECTáCULOS › RETROSPECTIVA DE GUTIERREZ SOLANA EN MADRID

Imágenes de la España

A pocas cuadras de Atocha, el Museo Reina Sofía de Madrid inauguró dos días antes de los atentados una retrospectiva inquietante de Gutiérrez Solana, pintor de la España negra.

 Por Fabián Lebenglik

En un clima social y político dominado por los efectos de la masacre del 11 de marzo, así como por la victoria del PSOE del 14 y la ratificación de Rodríguez Zapatero de retirar las tropas españolas de Irak, el pueblo español sigue movilizado en las calles para manifestarse en contra del terrorismo y de la invasión a Irak iniciada hace un año.
El mundo del arte no es indiferente a todo esto y los artistas, así como los directivos y empleados de los museos, galerías y centros de arte se han expresado de distintas maneras en contra de la violencia: son continuos los homenajes y los minutos de silencio.
Dos de los tres museos más importantes de Madrid –el Reina Sofía y el Thyssen– quedan a pocas cuadras de la estación de Atocha –donde se produjeron las mayores explosiones y la mayor cantidad de muertos y heridos– y la onda expansiva hizo temblar los vidrios de ambos edificios, aunque sin producir daños.
Gran parte de la historia del arte consiste en una pelea estética contra la violencia, la muerte y la guerra. Y en este sentido, el Museo Reina Sofía inauguró sólo dos días antes del atentado una gran exposición retrospectiva que parece funcionar, en algunos aspectos, como una crónica de época, pero también como una señal premonitoria de las muertes que se venían. Y esto sucede porque Gutiérrez Solana es un artista de la España negra, de la España trágica: el arte, de algún modo, siempre resulta anticipatorio.
Gutiérrez Solana es un pintor –dibujante y grabador– que claramente se coloca en la genealogía de las pinturas negras de Goya, incluso cuando evoca los carnavales, las fiestas populares, los prostíbulos, los toros, el box. Todo en su obra tiene un clima que se inclina por la tragedia. Y esta tradición se combina con un notorio matiz expresionista, que se percibe en el manejo de las formas y el uso del color.
Aunque se trata de uno de los más grandes pintores españoles del siglo veinte, su obra es poco conocida incluso en España. La pintura de Gutiérrez Solana siempre resultó incómoda por su sordidez y esa es una de las causas por las que rara vez se la programara y mostrara en España.
La analogía un tanto esquemática que podría definir esta colocación es la que habla de Gutiérrez Solana como contracara de Picasso; uno fue un pintor hacia adentro de España, el otro un español internacionalista.
“Pablo Ruiz Picasso –dice Juan Manuel Bonet, director del Reina Sofía– es el gran nombre que da España a París, al arte moderno universal, el creador con cuyas Señoritas de Avignon se abre el arte moderno, que durante las cuatro primeras décadas del siglo XX tendría su epicentro en París. Solana, por su parte, ciudadano adoptivo de aquella ciudad tan sólo en la circunstancia histórica excepcional de la Guerra Civil de 1936, es el gran nombre que produce la España interior, aquel que a partir de un enraizamiento que casi podría calificar de ‘extremista’ alcanza una universalidad rara, singular, periférica, problemática, del tipo de la que alcanzan otros solitarios, como pueden ser James Ensor en Bélgica, Filippo de Pisis en Italia, Pedro Figari en Uruguay o Armando Reverón en Venezuela, y cito a cuatro pintores bien distintos entre sí, pero que tienen en común una cierta dificultad en el acceso a sus respectivas obras y una actual reevaluación, consecuencia de las últimas revisiones del canon del siglo recientemente concluido.”
José Gutiérrez Solana nació, vivió y murió en Madrid. Pasó largas temporadas en Santander y algún tiempo en París. Se formó en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando y construyó un estilo que entonces resultaba tan anacrónico como único, porque su obra, de un extraño carácter realista, no cuadraba ni con las regulaciones académicas ni con las innovaciones de las vanguardias.
Se lo considera un representante de la generación del ‘98. Era amigo y colega de varios de los principales intelectuales y artistas de su generación, como Valle Inclán, Gómez de la Serna, Pío Baroja y Zuloaga: compartía con ellos una visión oscura de la España profunda.
La muestra que presenta el Museo Reina Sofía, especialmente dedicada al período 1918-1940, incluye cerca de un centenar de pinturas, medio centenar de dibujos, 17 grabados, esculturas, libros de artista y objetos personales. Gutiérrez Solana también fue un escritor reconocido y se exhiben primeras ediciones de sus libros, así como originales y facsímiles de sus escritos. El más conocido de sus libros es Madrid: escenas y costumbres. La exposición, curada por María José Salazar y Andrés Trapiello, incluye una obra en préstamo que pertenece al Museo Larreta de Buenos Aires, en la que se evoca la vida cotidiana en una posada madrileña hacia los años 1918-1920. La muestra cuenta con obras del propio Reina Sofía, más el aporte, entre otros, del Museo Nacional de Arte de Cataluña, el de Bellas Artes de Santander y el de Bilbao, el Centro Pompidou de París, el Instituto de Detroit y de varias colecciones privadas.
Temáticamente, la obra se reparte en temas recurrentes: las fiestas populares, los cuadros costumbristas, los retratos, la España macabra, la religión, los toros... Sus pinturas están obsesivamente pobladas de muñecos, maniquíes y máscaras: allí se cruzan lo humano y lo inerte de un modo grotesco e impresionante. La muerte está muy presente y es casi el hilo conductor de toda su obra; no se trata tanto de un acercamiento metafísico a la muerte, sino familiar y permanente.
“Desde pequeño sentía yo cierta atracción por todo lo que las gentes califican de horrible –explicaba el pintor–: me gustaba ver los hospitales, el depósito de cadáveres, los que morían de muerte violenta, yo me metía en todos estos sitios.” Lo que impresiona de esta confesión es que el artista la hacía para referirse al Hospital de San Carlos, el cual, luego de reciclado, se transformó en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, que ahora presenta esta retrospectiva de su obra.
El impacto que está causando la exposición se debe no sólo a que se la toma como un redescubrimiento del artista –varias de las telas y dibujos exhibidos en estos eran muy poco conocidos– sino que su obra termina siendo anticipatoria, por el modo en que la muerte se ha vuelto un tema de trágica actualidad nacional. Una y otra vez se compara las imágenes de las víctimas recientes con las de la Guerra Civil.

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Recogiendo a los muertos, 1937, de José Gutiérrez Solana (1886-1945).
 
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