ESPECTáCULOS › A PARTIR DE MAÑANA, PAGINA/12 REEDITA LA DISCOGRAFIA COMPLETA DE LOS GATOS

El grupo que en los ’60 inventó el rock en castellano

Los cinco discos son un viaje a una época dorada de la música argentina de rock, aquella en que todo estaba por hacerse al conjuro de una década en que jóvenes de buena parte del mundo se proponían tomar los cielos por asalto. Esta nota cuenta cómo un grupo de adolescentes, varios de ellos rosarinos, ayudaron a disparar un proceso que cambio en la cultura hispanoparlante.

Por Claudio Kleiman

Los Gatos fueron, ni más ni menos, el primer grupo de rock en castellano. Punto. Eso los convierte en una influencia fundamental –directa o indirecta– sobre varias generaciones de músicos de rock de habla hispana. Aun para muchos que ni siquiera saben que alguna vez hubo un grupo con ese nombre. Cierto es que antes habían existido los “conjuntos” que hacían versiones en castellano de los éxitos del rock’n’roll (norte)americano, con los mexicanos Teen Tops a la cabeza, y luego una serie de imitadores locales, como los Pickups y los Tammys.
Pero Los Gatos o mejor dicho, su antecedente inmediato, Los Gatos Salvajes, fueron los primeros en recoger el guante de la influencia Beatles-Stones, y transformar el rock en una forma artística válida, donde a la manera de la mejor música popular (el tango incluido), los compositores y letristas podían expresar sus sentimientos y puntos de vista –en una palabra, su visión del mundo–, y los músicos podían experimentar libremente con sonidos, instrumentaciones y arreglos sin atenerse a ninguna ortodoxia.
Aquí conviene destruir el primer mito: normalmente se toma como punto de partida del “rock nacional” el primer simple de los Beatniks, el grupo que integraban Moris y Pajarito Zaguri, aparecido en 1966. Sin embargo, un grupo que había bajado a la Capital desde Rosario con muchos sueños, instrumentos precarios y un puñado de canciones, grabó un año antes, en 1965, un LP y un par de simples con canciones propias en su mayoría, cantadas y compuestas por un adolescente de voz aguda, cuyo verdadero nombre era Félix pero al que todos conocían como Litto Nebbia.

Prehistoria salvaje.La prehistoria de Los Gatos comienza con The Wild Cats, grupo de Rosario liderado por el tecladista Ciro Fogliatta, un músico que había comenzado tocando el clarinete en bandas de jazz y se pasó al piano bajo el influjo de Little Richard. Los Wild Cats habían grabado un simple, y estaban entre los más importantes de los grupos que se reunían a tocar en el Club Francés, epicentro de un intenso movimiento “moderno”. Cuando su cantante, el “Negro” Rojas, los abandona, deciden buscar un reemplazante. Cuenta la leyenda que Litto Nebbia falló la primera prueba: aún era un adolescente que estaba cambiando la voz, y su timbre casi aflautado no coincidía con las expectativas del momento para un cantante de rock. Eligen otro, pero luego de un par de actuaciones reconocen su error: Ciro va a buscar a Litto, que cantaba en otro grupo, y ahí la alianza queda sellada. Nebbia ya componía sus propias canciones, y cuando bajan a Buenos Aires para grabar un LP en Music-Hall, deciden “castellanizar” su nombre para Los Gatos Salvajes.
El conjunto es fichado por La Escala Musical, un programa de TV que monopolizaba todo el movimiento de la música beat, y se radica en Buenos Aires con un contrato por seis meses. Ciro Fogliatta, de vuelta en el país tras más de dos décadas en España (donde integró la banda de Andrés Calamaro), recuerda: “Nos pagaban un sueldo, que incluía hacer todo lo que la Escala quisiera. Desde tocar en fiestas y bailes, hasta filmar una película. Pero visto a la distancia, fue una experiencia impresionante, porque ahora no existe eso. Venir del interior, tener el hotel pago por seis meses y poder desarrollarte, además de integrarte a una ciudad como Buenos Aires, que es complicadísimo”.
Pero el contrato se acaba, la cosa se pone difícil, tres de los integrantes se vuelven a Rosario, y el conjunto termina por desarmarse. Los que deciden quedarse a pelearla en Capital son Ciro y Litto,compartiendo un cuarto de pensión. Pronto se les une un guitarrista de Buenos Aires, Alfredo Toth. Al poco tiempo, llegan otros dos excelentes músicos de Rosario: el baterista Oscar Moro y el guitarrista “Kay” Galiffi, un bohemio que había decidido abandonar sus estudios de medicina. Alfredo pasa al bajo, y el grupo es rebautizado Los Gatos. Corría el año 1966.

Salvados en una balsa. El “campo de entrenamiento” de Los Gatos fue la legendaria Cueva de la calle Pueyrredón, donde Litto llegó primero y paulatinamente fue llevando a sus compañeros, que terminaron reemplazando a los músicos de jazz que funcionaban como “banda estable” del local. “Ahí conocimos a Moris, Miguel Abuelo, Tanguito, Sandro, Javier Martínez y todos ustedes que estaban en la misma búsqueda que nosotros. Y además enganchamos nuestro primer laburo fijo, tocando todas las noches por unos pocos mangos. Era una explotación infernal, pero estábamos con la gente que nos gustaba, y nos alcanzaba para pagar la pensión y comer”, diría Nebbia a Pipo Lernoud en la revista Cantarock. El intenso intercambio creativo que se produjo entre ese grupo de jóvenes, daría origen al primer movimiento de rock en castellano.
Y “movimiento” es la palabra, porque cuando su manager Horacio Martínez les consigue a Los Gatos una prueba de grabación en RCA, el grupo –aunque Nebbia ya era un prolífico compositor– elige grabar algunos temas de otros artistas “cueveros”, con la intención de darlos a conocer. Estaba “La Balsa”, de Nebbia y Tango, y “Ayer Nomás”, de Moris y Pipo. Ciro recuerda que entre los cinco temas que registraron en los viejos estudios TNT de Santa Fe, también había una versión de un tema de Pajarito Zaguri, “Quiero Ser Libre”. La letra de “Ayer Nomás” tuvo que ser suavizada con respecto a la original (luego grabada por Moris), pero los autores estuvieron de acuerdo: lo importante era salir a la superficie, mostrar que ese movimiento existía.
Vaya si salieron a la superficie: la RCA decide editar un simple con “La Balsa” y “Ayer Nomás”, en las mismas versiones registradas en la prueba de grabación (a pesar de su juventud ya eran músicos experimentados, y una buena prueba es el excelente sonido logrado en su primera sesión en un estudio).
El resultado fue el primer gran éxito del rock nacional, con más de 250.000 discos vendidos. Además, fue un simple con dos caras “A”.Luego del éxito de “La Balsa”, las radios decidieron dar vuelta el disco y difundir “Ayer Nomás”. “En los primeros meses no pasó nada, pero en octubre el simple empezó a pegar, luego del trabajo que hicimos, llevando el disquito a los discjockeys de la radio”, relata Ciro. “Un día viene el Gordo Martínez y nos dice: ¡Hay cinco shows!”.
A partir de allí, todo es una vorágine. Giras, actuaciones, grabaciones, TV. Llegaron a hacer hasta diez shows en un fin de semana, cinco en un mismo día. Rápidamente, Los Gatos registran varios de los temas que integraban su repertorio de esa época –los que solían tocar en La Cueva– para su primer LP, Los Gatos, aparecido a fines de 1967. A mediados de 1968 aparece el segundo, también titulado Los Gatos, y a fines de ese mismo año el tercero, Seremos Amigos. Es una buena prueba del ritmo afiebrado que caracterizó los '60. Hubo giras por Bolivia y Brasil (donde participaron de un Festival Internacional de la Canción en Río), y sus temas se ubicaban en los primeros lugares de los rankings en países como Perú y El Salvador. En ese lapso, Los Gatos fueron absorbiendo influencias e incorporando a su propia personalidad todos los desarrollos que se iban produciendo en el ámbito del rock internacional. En el segundo disco, aparece claramente la impronta de la psicodelia, en temas como “Déjame buscar felicidad” (donde Kay toca una balalaika que emula el sonido de un sitar) y “Una nube en tu vida”. En el tercero hay un sonido más grupal y rockero, y aparece una de las primeras guitarras con distorsión, de la mano del “fuzztone” de Kay en “La chica del paraguas”.
En el grupo eran evidentes los esfuerzos por hacer de cada uno de los temas una obra diferente, redonda. El pulso de jazz dixieland en “Mi ciudad”, un caballo abriéndose paso por el bosque en “El rey lloró”, cintas pasadas al revés en “Jamás creí” (del primer LP), los efectos de tormenta en “El niño y el mar” (del segundo), los arreglos de orquesta –realizados por Rodolfo Alchourrón– en “Mañana” y el ritmo de bossa de “No me olvides” (de Seremos Amigos). “Eramos melómanos perdidos, nos pasábamos horas y horas escuchando música”, recuerda Ciro. “Ese era otro trabajo, además de tocar; era la única manera de aprender.”
Rock de la mujer podrida. Luego de la aparición del tercer disco, considerando que se había cumplido una etapa, Los Gatos se separan. Todo había sido muy rápido, y por otra parte, la música de rock estaba cambiando radicalmente. Jimi Hendrix, Cream, Deep Purple, Traffic, Santana, Frank Zappa, Johnny Winter, eran algunos de los muchísimos exponentes de un rock que se estaba volviendo crecientemente “progresivo”. Los integrantes de Los Gatos sienten que necesitan asimilar nuevas experiencias, escuchar de primera mano toda esa metamorfosis, y deciden viajar a los Estados Unidos. Todos, menos Litto. Había fallecido su padre, se casó, y se puso a trabajar en las canciones que integrarían su primer álbum solista, editado en 1969.
Pero luego de una impasse de alrededor de un año, surge una propuesta para reunir al grupo y Ciro, Alfredo y Moro regresan al país. Ya no tenían a su guitarrista, Kay, que se había enamorado de una brasileña, con la que se casó, radicándose en ese país, donde reside hasta hoy. Pero lo que sí tenían era una propuesta para rearmar el grupo sobre nuevas bases, incorporando todo lo aprendido. También habían renovado su equipamiento, un detalle para nada menor: Ciro traía un órgano Hammond con parlantes giratorios Leslie, y Moro una poderosa batería Ludwig de doble bombo, que constituía una atracción por sí misma.
“Ya éramos una banda de rock fuerte”, dice Ciro. “Habíamos cambiado el sonido, los instrumentos, y hasta el look. En Nueva York vivíamos en el Village, conviviendo con los hippies, íbamos al Fillmore East, teníamos amigos que trabajaban con Andy Warhol, estuvimos en manifestaciones contra la guerra de Vietnam, en el estreno de Easy Rider. Los tipos querían hacer una revolución ahí dentro, no era algo ficticio. Fue algo que me marcó.”
Pero faltaba la frutilla para completar la torta de estos nuevos Gatos. El guitarrista llamado para reemplazar a Kay era un joven del barrio de Paternal conocido como Pappo, que había tocado con los primeros Abuelos de la Nada, pero en ese momento estaba trabajando como sesionista con Carlos Bisso y su Conexión N 5. El era el único que tenía el sonido y la técnica, que podía tocar blues con la autoridad de sus ídolos, Jimi Hendrix y Peter Green. La nueva formación debuta con un gran concierto en el Gran Rex. Esta segunda etapa dura algo más de un año y en su desarrollo también registran tres LP. Beat N 1 aparece a fines de 1969, y Rock de la mujer perdida a mediados de 1970. Con ellos, Los Gatos se incorporaban de lleno al pujante movimiento de “música progresiva” que tenía como principales exponentes a Manal y Almendra.
En Beat N 1 (curioso nombre para un álbum con el que precisamente estaban abandonando esa música), las composiciones de un inspirado Nebbia se unen fluidamente a la evolución musical del grupo, con espléndidos resultados como “Sueña y corre”, “Escúchame, alúmbrame” y especialmente “Fuera de la ley”, un tema de once minutos con extensos pasajes instrumentales, algo que nunca habían encarado anteriormente.
En “Rock de la mujer perdida” (el título original era “Rock de la mujer podrido) las tendencias de rock y blues dentro del grupo –encabezadas por Pappo y Ciro–, se hacen más pronunciadas, incluyendo hasta una improvisación colectiva, como “Invasión”. Pero Litto también compuso espléndidos temas, como el rock’n’roll que da título al álbum y “Mujer de carbón”, y los blues “Los días de Actemio” (homenaje a un plomo de la banda) y “Blues de la calle 23”.
Epílogo. El tercer LP de esta etapa, En vivo y en estudio (cuyos temas se incluyen como bonus tracks en los dos últimos CD de la colección de Página/12), no llegó a aparecer en su momento por la separación del grupo, editándose por primera vez en 1987. Pappo, que recibió numerosas ofertas para convertirse en solista, deja Los Gatos para perseguir una orientación aún más blusera con su propio trío, Pappo’s Blues. Aún así, el grupo decide perseverar, pero sin reemplazar el guitarrista. Alfredo pasa a la guitarra, Litto se hace cargo del bajo, y Los Gatos continúan como cuarteto. Los nuevos temas de esta etapa reflejan nuevamente los cambios que se estaban produciendo a nivel internacional, con el movimiento de “vuelta a la naturaleza” representado por grupos como The Band, y las carreras solistas de George Harrison y Eric Clapton. Temas simples y melódicos, con una instrumentación más acústica.
Pero las cartas estaban echadas: luego de un recital en el Odeón (donde quedan registrados los temas en vivo), Los Gatos viajan a España (nuevamente sin Nebbia), y Litto, siempre el prolífico compositor, comienza a relacionarse con músicos de otros géneros y prosigue con su carrera solista (haría además un nuevo intento grupal, Huinca, donde también participaba Moro). Por su parte, Alfredo y Ciro continuarían la línea musical de esta última etapa de Los Gatos en el grupo Sacramento.
Pero al margen de las circunstancias individuales, era también el fin de una época: con el cambio de década, sobreviene el final de los Beatles, y aquí casi simultáneamente, se separaban los tres grupos líderes del movimiento rockero: Los Gatos, Almendra y Manal. Igualmente, la semilla ya estaba plantada. En este rincón del planeta, de allí en más, el rock se cantaría en nuestro idioma.

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La colección de cinco CD es la colección definitiva de Los Gatos.
 
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