SOCIEDAD › ROBERTO FELETTI, SECRETARIO DE INFRAESTRUCTURA PORTEÑO

“Me gustaría una ciudad más recuperada”

Quiere un progresismo “que ponga cemento” y demuestre que la obra pública no es patrimonio de la derecha. Los planes para integrar el lado sur de Buenos Aires, la relación con el Gobierno y la difícil tarea de gestionar una ciudad con tantas jurisdicciones superpuestas.

 Por Santiago Rodríguez

“Hoy es posible construir con la Nación una agenda de obras públicas”, sostiene el secretario de Infraestructura y Planeamiento porteño, Roberto Feletti, quien tiene sobre su espalda una responsabilidad que no es menor: conduce el área en la que, después de un primer mandato signado por la crisis, Aníbal Ibarra apuesta todas las fichas de su segundo período como jefe de Gobierno. Feletti hace un repaso de lo realizado en sus primeros meses de gestión, así como de lo que se propone en el futuro, y sostiene que el desafío es demostrar que el progresismo puede hacer obras de infraestructura. Tampoco pasa por alto el hecho de que se lo mencione como posible candidato a diputado el año próximo, aunque advierte que “es prematuro hablar de eso” y que si bien se siente “cómodo” en la función ejecutiva, hará lo que Ibarra considere mejor para la construcción de la centroizquierda. También se manifiesta de acuerdo con apoyar desde ese espacio político a Néstor Kirchner y destaca que “es la primera vez que estoy conforme con una gestión presidencial”.
–Hace poco más de 100 días que está en el cargo, ¿cuál es su balance, es lo que esperaba?
–Es mejor. En primer lugar porque hay mucho respaldo político para hacer; segundo, hay posibilidades de hacer. De hecho en estos 100 días uno ya pudo poner en la calle 40 millones de pesos en términos de pavimento, iluminación y semáforos, y empezamos ahora con veredas. También pudimos destrabar temas como el Corredor del Oeste y están las obras hídricas y las de los subtes. Lo que tenemos pendientes son ciertas reformas administrativas de fondo para ganar capacidad de ejecución, mejorar la aplicación de recursos y construir el consenso político para que un gobierno progresista pueda poner cemento.
–¿Cuáles son las reformas que habría que hacer?
–Hay dos claves y una ya está en marcha. Una es construir unidades ejecutoras con mayor autonomía en el manejo de los recursos sobre la base de proyectos concretos. Uno de esos ejemplos es Subterráneos de Buenos Aires que está construyendo en una obra de alto consenso y que se ha convertido en política de Estado. Otro caso que debería ser así es el de AUSA, que debería tener una mayor autonomía en el manejo del peaje que recauda y utilizarlo para construir la autopista que circunvala la ciudad. La otra reforma necesaria es desdoblar el mantenimiento urbano de la obra de infraestructura. Buenos Aires es una ciudad que reúne funciones de gobernación y de intendencia y no tener eso desdoblado hace que la discusión con la sociedad mezcle obras de infraestructura con demandas de mantenimiento urbano, cuyo control y plazo de ejecución deberían estar descentralizados. También habría que constituir un consejo de planificación en el que converjan el consejo del plan urbano ambiental, el plan estratégico y el presupuesto participativo y que trabaje la construcción de consenso en torno de las megaobras. Si no, terminamos siempre asociando que las obras de infraestructura son patrimonio de gobiernos de facto o poder político.
–¿El desafío entonces es demostrar que un gobierno progresista puede poner cemento, como usted dice?
–Este gobierno, así como demostró que podía administrar y sacar adelante al Estado en una de las peores crisis de la Argentina, tiene que demostrar que es capaz de elevar la competitividad de la ciudad e integrar. Eso se hace construyendo el poder político necesario para llevar adelante obras de infraestructura que, como toda intervención urbana, distribuyen renta del suelo. El gobierno lo que debe hacer es identificar claramente dónde está el interés público y defenderlo; no niego las discusiones de participación ciudadana, pero en un punto el Estado tiene que resolver. Este es el desafío de esta etapa; frente a los planteos dela derecha para que se rebajen los impuestos debemos demostrar que somos capaces de manejar el excedente fiscal para hacer obras.
–¿Cuál debería ser el sello de un gobierno progresista en lo que hace a obra pública e infraestructura?
–Deberían ser cuatro. Los que se vinculan a transporte y ahí básicamente hablamos de autopista y subte para complementar transporte privado y público. El otro es la obra hidráulica que alivie el proceso de inundaciones y permita recuperar zonas, como la del Maldonado que está degradada por falta de inversión pública. El tercero es construir un sistema de mantenimiento urbano para trabajar en función de un plan. Y otro costado es el de la regulación inmobiliaria, que debe apuntar a la radicación de inversión en el sur, y también del tránsito.
–Del sur y de su integración se viene hablando desde la primera gestión de Ibarra, pero no se ven grandes cambios.
–En el plan plurianual que Ibarra presentó el 1º de marzo el coeficiente de inversión pública tiene un 40 y pico por ciento que le toca al sur. El problema en el sur es la dificultad de apalancamiento público-privado que tiene que ver con la degradación del espacio público. Un ejemplo es que en dos años, si todo marcha según lo previsto, va a estar limpio el predio de la cárcel de Caseros y la cabecera de la línea H de subtes a dos cuadras, pero la pregunta es si va a haber radicación de capital privado en un contexto en que la renta financiera ha sido desplazada por la renta inmobiliaria o los vecinos van a plantear que quieren una plaza en una zona donde no hay densidad demográfica. Mi opinión es que el sur se desarrolla si uno crea densidad demográfica que acompañe la intervención del Estado. Otra cuestión que tiene que ver con el sur es que sufrió más el proceso de desindustrialización y sin cierta radicación de industrias no hay desarrollo sustentable posible.
–¿Qué perfil de ciudad se plantea dejar dentro de cuatro años?
–Me gustaría una ciudad más recuperada en términos de mantenimiento urbano, con su red de subtes en expansión, más industrial y más integrada al turismo, con un área central peatonalizada y con un tránsito más ordenado. No aspiro a grandes cambios, sino a objetivos cumplibles.
–Ibarra tuvo cuatro años de gestión, ¿por qué no se hizo algo de esto? ¿No era posible?
–Porque nos tocó una crisis del demonio y en aquel momento la preocupación fue sostener la inversión social. La discusión ahora es si nosotros, que fuimos capaces de sostener la inversión social sin desmadrar el Estado, podemos hacer obras de infraestructura e intervenir en la renta del suelo. Hoy, además, la gestión y el gabinete parecen más homogéneos y estamos todos más afiatados: somos gente que está fogueada en la gestión, que ha trabajado durante mucho tiempo en cercanías del jefe de Gobierno.
–En ese entonces también se advertía desde la ciudad que desde el gobierno nacional no acompañaban la realización de obras que requieren decisiones conjuntas de ambas jurisdicciones. ¿Cambió hoy esa situación?
–Efectivamente, otro problema que tiene la ciudad es el de los distintos conflictos interjurisdiccionales que hay. Sin embargo, recientemente con el proyecto de aeroparque hubo una competencia interjurisdiccional fuerte y el Gobierno de la Ciudad consiguió el consenso para la traza de la autopista en el tramo norte, donde hay decisión de dejar el aeroparque donde está y se discute con el concesionario un paquete de inversión. Hoy es posible construir con la Nación una agenda de obras públicas.
–¿Cómo es su relación con el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido?
–Excelente. A poco de asumir, tuvimos una reunión con su equipo donde se planteó una agenda de temas y en algunos se está trabajando de conjunto. El gobierno nacional tiene necesidad de alentar obras de infraestructura y el distrito con mejor capacidad para hacerlo y másvisible es la Ciudad de Buenos Aires, con lo cual hay una convergencia natural.
–Muchos lo mencionan como eventual candidato a diputado el año que viene. ¿Qué hay en concreto de su postulación?
–Yo me considero un hombre de administración y gestión. De hecho, en este cargo estoy cómodo, porque siento que estoy interviniendo en la economía real. Representar a la gente es algo que uno tiene que asumir con mucha responsabilidad, porque la sociedad está golpeada y hay que manejar con mucho cuidado lo que uno dice para representar a la gente, si es que quiere hacerlo bien. Hay que ver si estoy preparado si se llegara a plantear esa situación, pero como de costumbre voy a trabajar en lo que Ibarra considere mejor para la construcción política del proyecto de centroizquierda. Me parece prematuro hablar de esto ahora.
–¿Qué opinión tiene del gobierno nacional y del papel que le toca jugar hoy a la centroizquierda?
–Es la primera vez que estoy conforme con una gestión presidencial. Hay planteos de consolidar cosas que están presentes hoy en la economía argentina y que hace mucho tiempo no estaban, como son el equilibrio fiscal, el equilibrio externo, la pesificación de la economía sin renta financiera, la política monetaria expansiva; hay señales claras de mejor calidad institucional, como el tema de la Corte; hay un gabinete de ministros que más o menos tienen buena imagen en su conjunto; también se está dando una discusión que no es menor con el sistema político. Eso hace que haya una convergencia de los espacios de centroizquierda con capacidad de administración con las políticas del gobierno nacional. En ese sentido, uno podría definirse como una centroizquierda oficialista, si se quiere.
–Algunos, como Elisa Carrió, cuestionan esa posición de cercanía con el Gobierno.
–No sé si hay cercanía; hay un respaldo a políticas con las que uno coincide. Para ser justos, habría plantearse qué haría uno en la posición en que hoy está el gobierno nacional y creo que diferiría en muy poco; a lo mejor avanzaría más en el proceso de reforma del Estado. Además, después de la salida de la transición, el debate pendiente gira en torno del modelo de desarrollo y ahí la centroizquierda tiene que intervenir y también buscar cómo se dota al Gobierno de volumen político para encarar cuestiones de fondo como la reforma tributaria y la discusión de la coparticipación. No sé si hay tanta cercanía, sino la construcción de agendas de consenso, a las que adhiere hoy buena parte de la población y sobre todo en los sectores medios urbanos. Lo que tenemos pendiente como centroizquierda es empezar a impulsar fuertemente estas mejoras de la calidad institucional desde los distritos que administramos.

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