SOCIEDAD › EL EMPRESARIO LIBERADO CUENTA SU CAUTIVERIO

“El lugar era insoportable”

Por A. D.

José Bascoy es ahora uno más de la lista de nombres que han pasado algunos días como secuestrados. Nunca imaginó estar en ese lugar: no viajaba en una camioneta lujosa ni tenía demasiada fortuna atesorada, salvo su vida de inmigrante en el país, un pasado remoto en España, una empresa ahora quebrada en General Pacheco y un diagnóstico médico que lo obligaba a caminar varias cuadras al día. Estuvo nueve días no sabe dónde, en un cuarto, dice, de dos metros con cincuenta por tres. “Donde no se veía nada, un colchón todo sucio tirado en el piso, todo roto, lleno de tierra, que no tiene luz, no tiene agua, no tiene nada: una casa abandonada.” Es uno de los pocos secuestrados que habla después del cautiverio. Todavía está agitado, como escuchando aún la voces preocupadas de los secuestradores que dormían en el cuarto de al lado.
–Me di cuenta cuando me metieron adentro del auto: pensaba que era un secuestro. Estuve nueve días –dice en una entrevista con Página/12–, y ahí lamentablemente todo es terror. Me daba cuenta de que el lugar era tan terrible que lo menos que quería era ponerlos nerviosos y escuchar todos los comentarios. Cumplí con todo. Lo que era insoportable era ese cuarto oscuro, chiquito. Siempre estuve en el mismo lugar. Estuve como doscientas horas y eso sí fue terrible.
–¿Sentía ruidos, la presencia de alguna otra gente?
–No, gente nada. Lo único que se escuchaba eran muchos pájaros, algunos caballos que relinchaban. Había una tranquilidad absoluta, lo que era de terror era estar dentro de ese cuarto roñoso a oscuras. De día y de noche ahí no se veía la luz. Estaba tirado en el piso, no había dónde sentarse o dónde acostarse.
–Dicen que lo atendieron bien
–Por un boquete que había me dijeron: “Te vamos a dejar la bebida, ponete la capucha”. Era para que no los viera, me pasaban por ahí un poco de comida y la bebida siempre de noche. Y había que hacerla rendir hasta el otro día, no había para llenarse ni nada, pero por lo menos para no tener hambre alcanzaba. El trato fue muy bueno, la gente me atendió muy bien.
–La policía cree que lo liberaron porque se sintieron cercados. ¿Usted los notó nerviosos en algún momento?
–Y, posiblemente, porque la verdad yo los escuchaba a veces. Conmigo había dos, estaban en un cuarto pegado, conversaban algo de la policía, que estaba todo revuelto, pero hablaban entre ellos. No reconozco las voces y a ellos menos porque no los vi nunca.
–¿Por qué lo soltaron?
–No me dijeron nada. Me sacaron al campo hasta que apareció una camioneta que me llevaba y después dijeron: “Bueno, bajate y camina derechito”. Como estaba precintado con la capucha no sabía para qué lado caminar, me acomodó uno de ellos y me dijo: “Derechito”.

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