SOCIEDAD

El caso de Avellaneda

El 27 de septiembre del ‘93, siete personas murieron en Avellaneda por efectos de la emanación de gases tóxicos que surgían de las alcantarillas. El hecho ocurrió en una casa de familia, ubicada sobre la calle 25 de Mayo 319. Dentro de la vivienda, Manuel Nuin, de 79 años, se había desplomado. Su esposa, María Angela, de 80, intentó socorrerlo. El hombre no respondió y la mujer llamó a su hijo, Horacio, de 43, quien a su vez avisó a su esposa, Rosa Scala, de la misma edad, y a un centro de emergencias. Un equipo lo acompañó hasta la casa de sus padres.
Dentro, hallaron a Manuel y María Angela muertos, en el piso de la cocina. La médica Bibiana Otero de Turcutto (41), el camillero Roberto Voytezko (32) y el enfermero Orlando Cáceres (30) intentaron reanimarlos. Los tres, y Horacio Nunin y su esposa, murieron al respirar gases tóxicos.
Más tarde, el juez Guillermo Roberts determinó que la sustancia letal fue una combinación de gases tóxicos despedidos desde el sistema de desagües. Alguien había arrojado ácido sulfúrico y, desde otro lugar próximo, otra persona arrojó sales de cianuro a las cloacas. Al entrar en contacto ambas sustancias, se produce ácido cianhídrico, cuyos gases son letales. El caso sirvió como ejemplo para evitar el riesgo de los equipos médicos en casos de urgencia.

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