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Sábado, 26 de marzo de 2011

TEATRO › ALFREDO RAMOS PRESENTA SU PIEZA RETAZOS DE LA DOLCE VITA

El poder de las mujeres

En su nueva obra, a cargo del grupo Teatro Berreta de Cámara, que viene especializándose en “dramones” con elementos del grotesco y el esperpento, muy ligados al humor, el actor, director y dramaturgo recupera el espíritu de los años ’60.

 Por Cecilia Hopkins

A dos años del estreno de Los desórdenes de la carne, el actor, director y dramaturgo Alfredo Ramos vuelve a escena, por partida doble. Retazos de La dolce vita se llama la obra que ya está en cartel, en La Carpintería Teatro (Jean Jaurès 858). En la misma sala, el grupo Teatro Berreta de Cámara, que lidera Ramos, dará a conocer en breve Un perro pequinés, también con dramaturgia del director (ver recuadro). Fundado en 2002, el grupo viene especializándose en “dramones” con elementos del grotesco y el esperpento, muy ligados al humor. Si Los desórdenes... estaba inspirada en las comedias argentinas de teléfono blanco de los años ‘40, en Retazos... hay situaciones asociadas a la película que Fellini estrenó en 1960. La inspiración del vestuario (obra de Pía Drugueri y Leonel Elizondo) es de la época, y también se conservaron los nombres de los protagonistas, Marcello y Sylvia.

Pero la pieza se concentra en el reencuentro de un viudo y su ex amante, con quien había tenido un hijo veinte años atrás. Criado por él y su esposa junto a los otros tres hijos del matrimonio, ahora Sylvia llega para conocerlo. Con su aparición se renuevan las leyendas familiares sobre la madre muerta y también se regenera el instinto sexual en todos los personajes. Una genitalidad reprimida y, a la vez, desenfrenada, circula por el taller mecánico donde tiene lugar la obra. El incesto como forma de preservación familiar también aparece una y otra vez generando situaciones de peso dramático. La hermana defiende el incesto como algo natural, en función de su razonamiento: mejor que todo quede en familia. El elenco está integrado por Pablo De Nito, Flor Diszel, Leonel Elizondo, Carolina Ferrer, Leonardo Martínez, Gaby Moyano y Andrés Raiano.

“Veo películas de Fellini durante todo el año, además de todo el cine de autor, de los ‘60 y ‘70”, cuenta Ramos en una entrevista con Página/12. También le atrae el cine argentino de antaño, que suele usar como un modelo para generar en sus actores un modo de hablar y de moverse. Pero los climas de esas películas también lo capturan: “Me gusta pensar en atravesar la inocencia dramática de esas películas viejas haciendo estallar el drama”, afirma Ramos, quien practica la escritura, principalmente “por no encontrar una respuesta dramática en la actualidad”. Sus obras surgen de la improvisación con los actores convocados, sobre pautas muy fijadas por él. Una vez producidos los primeros materiales, Ramos se pone a escribir la obra. Los temas aparecen a partir de disparadores muy variados. En el caso de Retazos...la lectura del libro de Néstor Tirri Habíamos amado tanto a Cinecittà le hizo pensar en La dolce vita, de Fellini, a modo de punto de partida para un nuevo relato teatral. “La escena de la Fontana di Trevi es paradigmática en el cine. Tomarla y hacer algo con ella significaba, para mí, tenerlo a Fellini como propio, de alguna forma”, afirma el director. Es así como se las ingenió para que la pareja tuviese su escena en su propia “fontana”, transformada, claro está, respecto de la original, para la ocasión. A cargo de Félix Padrón, la escenografía también sigue fiel a la noción de “lo berreta”, algo que caracteriza al grupo y que tiene que ver con lo menor, con aquello que no se encuentra en el llamado teatro culto.

En Retazos...los hijos varones aparecen en la obra más necesitados de sexo que de amor y las mujeres detentan su poder utilizando la táctica de la administración de los permisos que se le dan al varón para que las vea o las toque. La madre ha muerto tiempo atrás, pero en la obra ese personaje brilla por su ausencia: los hijos creen que ha tenido una existencia heroica aunque esto suene a mitificación. “A veces es preferible la mitología, ¿para qué mancillar la historia?”, justifica Ramos.

–¿Sobre qué se propuso hablar en Retazos...?

–Sobre “el poder de la concha”. Las mujeres son un imán muy poderoso para el hombre. Y en la obra me interesó mostrar lo absurdo del sexo femenino utilizado para atrapar al hombre. La novia psicopatea al muchacho a partir del hecho de mostrarle o no lo que él espera ver.

–Pero en ese mismo contexto, el hombre también tiene sus modos de atrapar a una mujer...

–Sí, el padre sabe que, más que amor, lo que el hombre necesita es desagotarse, y sobre esto aconseja al hijo. La idea es apropiarse del cuerpo de la mujer a cualquier costo. Lo sentimental es lo que menos importa.

–¿Por qué la necesidad de sexo es un tema tan presente en la obra?

–La oferta sexual que hoy se encuentra en la calle es muy grande. Y no estoy hablando de prostitución. Cuando yo era chico eso no pasaba. Uno tenía que contentarse espiando a una prima. Me parece que el desnudo femenino hoy perdió interés y misterio. En Internet hay un nivel de imagen casi ginecológico. Hoy todo está demasiado cantado y a mí, al menos, me aleja del objeto del gran deseo.

–Evidentemente, Retazos... retrata un mundo que no es el de hoy...

–Me gusta rescatar mundos antiguos, tengo mucha admiración por el pasado. Lo contemporáneo me aplasta. Yo soy un historiador del tango, me interesa otra oralidad. No me gusta ni el acento que tienen hoy los jóvenes al hablar. Hay un sonido que extraño, que la ciudad perdió. No siempre los cambios son buenos.

–¿Se extraña a sí mismo en otra época?

–Yo me crié en la vereda. Mis tíos me mostraron un Buenos Aires que ya no es el de hoy. Y con ellos descubrí un tiempo que tampoco yo viví. Uno podría pensar que los ’70 no fueron una buena época para nadie por lo que nos pasó a todos después del golpe. Pero antes de eso, yo tenía expectativas y otra mirada del mundo. Por eso es una época que añoro.

–¿Le interesa que vaya a ver sus espectáculos un público de mayor edad que el que mayoritariamente va a las salas alternativas?

–Hace tiempo me parecía que el espectador mayor no era el deseable y ahora me parece encantador. Hablan durante la obra, reconocen referencias y mundos que los más jóvenes no pueden ver. Y a veces hasta les hablan a los actores.

–Sus preferencias formales no son las habituales dentro del circuito off.

–A mí no me gusta el teatro sin escenografía, con actores en jogging y zapatillas. A veces los textos parecen muy inteligentes, pero no tienen una historia que te capture. Me gusta entretener, es la misión principal del teatro. Como decía Piazzolla, yo también compongo para mí con la esperanza de que a los demás les guste.

–¿Por qué llamó a su grupo Teatro Berreta de Cámara?

–Decimos que es berreta porque siempre estamos mostrando el lado menor de algo. Por venir del barrio, tenemos que pelear contra gigantes, como Shakespeare o Chejov.

* Retazos de La dolce vita tiene funciones los sábados a las 23.30 en La Carpintería Teatro, Jean Jaurès 858.

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“No encuentro una respuesta dramática en la actualidad”, reconoce Ramos.
Imagen: Dafne Gentinetta
 
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