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Sábado, 1 de julio de 2006

TEATRO › “LAS PEQUEÑAS PATRIOTAS”

Los versitos de dos alumnas aplicadas

Norma Aleandro y Adriana Aizenberg se lucen en una obra con el candor y el fervor patriótico de los años ’50.

 Por Hilda Cabrera

No necesitan mimetizarse con el carácter simbólico de sus personajes, ni ironizar sobre éstos desde la perspectiva del presente, para ofrecer un espectáculo que se disfruta desde el comienzo hasta el fin. Norma Aleandro y Adriana Aizenberg componen a unas niñas en un acto escolar con la fibra de las grandes actrices. Les bastan mínimos y fugaces gestos para estampar en la escena imágenes de un tiempo pasado. Ellas son las seriecitas alumnas de tercer grado A del Colegio Juana Gorriti (abanderada y escolta) que intentan cumplir a rajatabla aquello que les ha marcado la profesora de piano, interpretada por el excelente Juan José Hermida. Los años serían los de la convulsionada década del ’50, que marcó fuertemente a quienes la vivieron, más allá del candor (mojigatería para algunos) y el superlativo fervor patriótico que retrata el acto aquí representado. Por eso sorprende gratamente este rescate despojado de prejuicios y carente de sátira o burla. Es así que las intérpretes y el músico, sabiamente conducidos por Helena Tritek, transmiten a la platea la alegría del más puro juego escénico.

El espectáculo es totalizador, cuenta con dramaturgia e improvisaciones de las actrices y la directora, y elementos estéticos y formales que influyen de forma activa en un público que se expresa acompañando con palmas algunos ritmos y recitando por lo bajo algunos versos. El supuesto autoritarismo de la maestra se desdibuja, tanto por el temperamento lúdico que Hermida imprime a su personaje como por las graciosas resoluciones (a veces huidas) de la alumna más asustada. Los textos (poesías y canciones) en los que prevalece el tono evocativo refuerzan el ánimo festivo de algunos sectores de la platea. Fuera de escena, el detalle de entregar una bolsita conteniendo un vaso plegable, una caja de crayones y un cuaderno a modo de programa participa de esa fugaz añoranza. En el estreno de 1992 de Las pequeñas patriotas se implementó ese rito. Aquel debut se concretó en la sala Pablo Picasso, del Paseo La Plaza, y el papel de la profesora de música estaba a cargo del fallecido Gualberto Rodríguez Córdoba, histriónico, pero no de modo exagerado.

En este divertimento (que las alumnas dedican a la memoria de Niní Marshall), el público oficia de anónimos papás, tíos y abuelos de las niñas que actúan. Una de ellas trata de visualizar a su abuela desde el inicio del acto escolar, anhelante y regocijada por saber que está allí. Y quizá sea a ella a quien dedique el esfuerzo de bailar, cantar, recitar y ajustarse a ciertas normas: pronunciar la “elle”, por ejemplo, y desechar el “yeísmo” del que entonces abominaban las profesoras de literatura. Era la época en que se exigía a los jóvenes “crecer y crecer” en una Argentina a la que aún se calificaba de granero del mundo. El gusto por el lugar común quería ver a los escolares como patriotas en germen, o angelitos que en las fiestas patrias debían vivar a los próceres, y si eran niñas, lucir grandes escarapelas y moños de organza en el pelo. Sin embargo, las canciones aquí laboriosamente seleccionadas no son todas patrias ni moralizantes. Justamente es en éstas donde una de las niñas tropieza: en el diálogo de las semillas, por ejemplo, donde una es rosa y la otra pensamiento. Se deslizan así ingenuidades, chistes o picardías sin que las chicas parezcan advertirlo. Lo interesante, en todo caso, es que estos flashbacks se suceden sin la pretensión de iluminar el presente.

La puesta presenta una escenografía única y simple (semejante a los dibujos de los libros escolares), pero embellecida por un afinado juego de luces. Aleandro y Aizenberg no dan aquí ningún otro paso en falso que el pedido por el libreto, e incursionan vivaces en el universo de los colores patrios con la originalidad de las buenas comediantes. Ellas podrían decir, como el niño o niña de una canción de Federico García Lorca: “Para entrar en el gris/ me pinté de gris. ¡Y cómo relumbraba/ en el gris!”.

8-LAS PEQUEÑAS PATRIOTAS

Intérpretes: Norma Aleandro y Adriana Aizenberg, acompañadas por el pianista Juan José Hermida.

Escenografía: Cristina Villamor.

Iluminación: Omar Possemato.

Colaboración: la violinista Alicia Morán.

Asistente de dirección: M.Moncarz.

Dirección: Helena Tritek.

Organización del “acto escolar”: Elio Marchi.

Producción artística: Lino Patalano.

Lugar: Teatro Maipo, Esmeralda 447. Funciones: miércoles a sábado a las 20.30 y domingo a las 19. Localidades: 40 pesos (platea), 30 (pullman) y 20 (superpullman).

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Las actrices se apoyan en la labor del pianista Juan José Hermida, la “profesora de piano”.
 
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