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Sábado, 26 de mayo de 2007

TEATRO › ENTREVISTA A LOS TRANSFORMISTAS CUBANOS FRANKIE KEIN Y MANUEL ARTE, QUE OFRECEN EN BUENOS AIRES “HOLLYWOOD EN SAN TELMO”

“Empezamos enamorándonos de nuestros personajes”

Marilyn Monroe, Sara Montiel, Marlene Dietrich, Julie Andrews, Liza Minnelli. Las grandes divas del espectáculo reaparecen en la piel de la dupla de transformistas más famosa del mundo. Kein y Arte recorren la historia de sus creaciones y dan cuenta de los sacrificios y dificultades que debieron enfrentar.

 Por Alina Mazzaferro

¿Qué no hubieran dado los fans de otras épocas por ver en vivo y en directo a Marilyn Monroe, Sara Montiel, Marlene Dietrich, Julie Andrews o Liza Minnelli? ¿Y qué no darían los de ésta por viajar en el tiempo y contemplar, en un acto mágico, a todas estas divas juntas? Recién llegados a la Argentina, los cubanos Frankie Kein y Manuel Arte, la dupla de transformistas más famosa del mundo, harán posible lo imposible: transformarán sus cuerpos para dar vida, por tan sólo dos horas, a las diosas del olimpo hollywoodense en sus momentos de gloria, acompañados de un cuerpo de bailarines y el esplendor de un vestuario antológico. Hollywood en San Telmo –que puede verse todos los jueves y viernes a las 20.30, los sábados a las 20 y los domingos a las 18 en el Teatro Margarita Xirgu (Chacabuco 875)– es “la oportunidad que tiene el público de revivir momentos perdidos, que lo impresionaron de alguna forma. Y nosotros se los vamos a traer de nuevo y los vamos a sorprender”, aseguran los cubanos en diálogo con Página/12.

Hace casi 30 años, en 1978, Kein y Arte deslumbraron al público argentino interpretando a Minnelli y Joel Grey en los más famosos números de Cabaret en ese mismo teatro de San Telmo; para ellos fue ése el gran éxito que los hizo despegar. En 2001 regresaron por última vez a Buenos Aires con Forever Liza, un clásico dentro de su repertorio. Esta vez doblarán la apuesta, con nuevos personajes: Kein le dará vida a la Monroe en su famosa interpretación de Diamonds are a Girl’s best Friends, a Julie Andrews en el papel de la novicia más rebelde de la historia del cine y a Gypsy Rose Lee, la stripper más famosa de Estados Unidos, personaje que estrenará en esta ciudad. Mientras tanto, Arte no sólo será, una vez más, el maestro de ceremonias de Cabaret que acompaña a la Liza de Kein, sino también la revolucionaria y sofisticada Marlene Dietrich, la exuberante morena Jane Russell y una españolísima Sara Montiel. Además, contarán con la presencia del argentino Guillermo Gil, invitado para la ocasión, que recreará en clave cómica a las estrellas del cine de oro local Tita Merello y Mirtha Legrand (ver recuadro).

La tarea del transformista es ardua. Recrear un personaje que existe o ha existido en la vida real implica tener en cuenta cada detalle. Kein y Arte se desplazan por el mundo llevando consigo 650 kilos de equipaje; varios de ellos corresponden a cinco grandes espejos con intensas luces fluorescentes, indispensables para el maquillaje, además del vestuario de lujo y los múltiples accesorios. Antes de cada espectáculo, la rutina comienza tres o cuatro horas antes. Hay que acomodar la ropa, separando los “cambios rápidos”. El maquillaje dura dos horas y cada uno lo ejecuta sobre su propio rostro, ya que éste es el momento del nacimiento de cada personaje y “nadie osa tocar la cara de nadie”. “Es muy difícil, porque vas a pintar sobre un lienzo la cara de una persona que no es la tuya”, explica Arte. Así, enfrente a ese espejo que simula la luz del cañón, empiezan a dibujar ojos, narices y bocas. “Todo lo hacemos como en un cuadro, buscando dimensiones con los colores. Cuando hago de Barbra Streisand, por ejemplo, la nariz solamente está pintada”, revela Arte, a quien es imposible creerle que logre parecerse a la actriz de Hello Dolly! con esa tiny nose. Una vez terminado el diseño facial, se peinan las pelucas y comienza la etapa de caracterización, que se completa con el vestuario, compuesto por réplicas y versiones de los originales. Resta mirarse una vez más en el espejo y... ya está. Una estrella volvió a la vida.

–¿Cómo es el proceso de composición de un personaje que vive o vivió?

Frankie Kein: –Los imitadores, que llevamos al escenario una ilusión casi perfecta, con todo el glamour de la época, empezamos por admirar a estos personajes, nos enamoramos de ellos. Si no los admiras, no los vas a “glamourizar”, los vas a ridiculizar.

–¿Cuándo comenzó a imitar a Liza Minnelli?

F. K.: –Liza fue mi primer personaje. Empecé cuando ella ganó el Oscar por la película Cabaret. Quedé impresionado, como quedó el mundo entero. Sus ademanes, su cara, sus gestos, sus ojos, todo me indicaba que era el personaje que debía hacer. En esa época no existía el video, la facilidad de alquilar un DVD. Manuel consiguió que en un cine me dejaran ingresar repetidas veces para ver el número famoso de las sillas, que está en los primeros diez minutos de la película. Entraba con un libro donde tenía pintadas muchas sillitas y dibujaba muñequitos en las diferentes posiciones y debajo escribía la letra de la canción. Me sentaba al fondo para poder hacerlo, porque estaba todo a oscuras...

–¿Y cómo apareció el partenaire de Liza, el maestro de ceremonias?

Manuel Arte: –Yo no empecé haciendo esto. Era un actor de teatro; conocí a Frank y me deslumbró con su talento. El ideó lo de Cabaret y me propuso hacer el personaje de Joel Grey. Yo estaba ocupado con otros trabajos y casi quince días antes del espectáculo decidí hacerlo, para mi suerte porque ya llevo 39 años de carrera.

–¿Cómo nacieron los demás personajes?

F. K.: –Yo me estaba cansando de ser el chico que hacía de Liza. Todo el mundo me identificaba como Liza, salía del teatro y me gritaban “ahí va Liza”. Entonces empecé a crear otros personajes en mi mente. Pero necesitaba que alguien estuviera en escena mientras yo me cambiaba de personaje y de maquillaje. Y pensé: “¡Qué bueno sería si Manuel pudiera hacerlo!”.

M. A.: –Un día él me dijo que había visto en mi cara el rostro de Marlene Dietrich. Me dijo que me iba a maquillar; yo decía que no y él que sí... Finalmente, un día me maquilló y era verdad, allí estaba Marlene Dietrich. Era 1976 cuando Manuel interpretó, por primera vez, a una mujer. Si Arte tuvo a Kein de maestro en el camino del transformismo, este último tuvo que arreglárselas solo, como un autodidacta. “No hay quien te enseñe esta disciplina. La primera vez que vi a Liza me fasciné tanto que empecé a imitarla para divertir a mis amigos. Me compré el disco y me la pasé escuchándolo. Hacía sólo los dos personajes y todos me decían que tenía mucha facilidad y que debía hacerlo profesionalmente. Las primeras veces me presenté frente a los estudiantes de la universidad de arte dramático y para los maestros, en un cuarto pequeñísimo en donde vivía Manuel”, relata el cubano. Frankie tuvo siempre facilidad para imitar a otros, recordar sus movimientos, sus gestos. De chico prefería encerrarse a mirar películas en vez de salir a treparse por los árboles. Imitaba a los superhéroes y a los dibujitos de la televisión. Si le regalaban un títere y una bicicleta, se abocaba al primero, olvidando por completo la segunda. “Yo metía la mano dentro del muñeco y hacía creer que el muñeco vivía”, recuerda. “Para mí sigue siendo el mismo juego, pero el títere es mi cuerpo. No meto la mano solamente, me convierto en el títere. Pongo el cuerpo entero y el alma en los artistas que estoy haciendo.”

Kein y Arte han dedicado una vida a esta disciplina mágica, que combina el arte del teatro con el del ilusionismo. A diferencia del actor ordinario, el objetivo del buen transformista es que nadie lo recuerde, que nadie conozca su rostro, que el público se olvide que es él quien está en escena, para sentir la vibración que produce el enfrentarse a la verdadera diva. “Es una disciplina muy dura, mata a cualquiera”, bromea Arte. “Si ves el espectáculo crees que al final Frankie debería estar muerto, porque es de verdad muy duro. Se necesita para hacerlo una gran disciplina. No puedes estar en misa y en procesión. No puedes salir a la noche, beber y subirte al otro día al escenario para hacer un espectáculo demoledor. Son años de llegar cuatro horas antes, peinar tus pelucas, tener tu maquillaje en orden y la responsabilidad de hacer un buen espectáculo.” Ambos han ofrecido sus vidas al transformismo. Han trabajado a lo largo de sus carreras para que cada show fuera impecable, único. El profesionalismo con que han realizado su labor les ha permitido dar la vuelta al mundo repetidas veces, actuar para todo tipo de público y ser reconocidos por ello. Ninguno se arrepiente de haber dedicado sus vidas a las divas que homenajean. Entrar en la piel de ellas, cada noche, es su recompensa.

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Kein y Arte con su cuerpo de bailarines. La disciplina que practican combina el teatro con el ilusionismo.
 
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