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Domingo, 16 de abril de 2006

LA RECUPERACION DE LAS REVISTAS DE ABELARDO CASTILLO

Las especies literarias

El grillo de papel, El escarabajo de oro y El ornitorrinco marcaron la vida cultural del país durante tres décadas. Un libro –que incluye un CD con todas las revistas digitalizadas– les rinde tributo.

 Por Silvina Friera

En el panorama de los estudios sobre la cultura argentina, había una deuda pendiente que se acaba de saldar con la aparición de Animales fabulosos. Las revistas de Abelardo Castillo (Editorial Martín), de Elisa Calabrese y Aymará de Llano. Las autoras, profesoras del Departamento de Letras de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Mar del Plata, hablan de la “caja feliz” o del “tres por uno”. Además del libro, que contiene los estudios críticos sobre las legendarias El grillo de papel (1959-1960) El escarabajo de oro (1961-1974) y El ornitorrinco (19771986), se ofrece también un CD con la totalidad de la revistas digitalizadas y la reproducción facsímil de tres números. Esa deuda con tres décadas –veintisiete años de gestos polémicos en el campo intelectual– era también de carácter histórico y político. Todos los episodios que conmovían al país y al mundo encontraban un espacio para el debate de ideas, desde la Revolución Cubana, el Cordobazo, la llegada del hombre a la Luna, el regreso de Perón, la polémica con Julio Cortázar entre los que se exiliaron y los que se quedaron y hasta los derechos humanos durante la dictadura.

El grillo de papel nació a partir de las disidencias ideológicas de Castillo y Arnoldo Liberman –que rechazaban la ortodoxia del Partido Comunista– con Pedro Orgambide, director de Gaceta literaria. Después de compartir una comida, los “disidentes” encontraron el nombre de la nueva revista. Haroldo Conti pronunció “El grillo...” y Castillo completó “de papel”. Para Calabrese, la elección de los nombres resulta “muy significativa”. La primera es un homenaje a la poesía, al evocar el título del conocido poema de Conrado Nalé Roxlo, y El escarabajo... recuerda al escritor Edgar Allan Poe. Sobre El ornitorrinco, Calabrese dice que puede ser leído en clave. “Se trata de un animal extraño que, pese a su condición de mamífero que pone huevos, es una suerte de resto primitivo de la evolución –cuenta una de las autoras en la entrevista con Página/12–. Esto indica que quienes publicaban la revista se atribuían, metafóricamente, el rango de supervivientes de una era extinguida.” El hilo conductor de las polémicas literarias que se plasmaron en las páginas de estas revistas “fabulosas” es la función de la literatura y cómo se refiere a la realidad social, o cómo el escritor cumple su misión de testigo, a la vez que marca rumbos al pensamiento. “Las revistas de Castillo plantearon una intervención múltiple, que no se puede definir exclusivamente a partir de la noción de compromiso sartreano”, subraya Calabrese.

–¿Por qué?

Elisa Calabrese: –El compromiso es situado en un contexto y la lectura es vernácula. Nuestra cultura es una cultura de mezcla y de traducción, de manera que en este sentido no hacen más que repetir una operación que es característica de la cultura nacional, aunque muy situada en su época. El pensamiento de Sartre aparece como contradictorio por las mutaciones que tuvo. El compromiso no es, como se suele creer, algo monovalente y sencillo. Y en este sentido las revistas de Abelardo lo modularon en relación con un contexto múltiple.

Aymará de Llano: –Trataron de demostrar en la praxis de la escritura que lo que estaban ofreciendo a sus lectores era un compromiso personal, que se evidenciaba en los editoriales de Liliana Heker y Abelardo Castillo. Ellos tienen muy en claro que el escritor vale por lo que escribe, no importa si tiene militancia o no. El compromiso es con la materialidad de la escritura, no con determinada línea política.

–Comparadas con otras revistas culturales de los años ’60, ¿El grillo de papel y El escarabajo de oro proponían la heterodoxia?

E. C.: –Absolutamente. La prueba está en que la causa de fundación de estas revistas es el disenso con el Partido Comunista. Castillo se separóde la revista que dirigía Pedro Orgambide por querer constituirse como una izquierda independiente de la ortodoxia del PC. Hay un pensamiento en estas revistas que podemos calificar de alternativo, aparte de una búsqueda de la polémica para instalarse en el campo intelectual.

A. D. LL.: –Lo alternativo tiene una manera de leerse en lo gráfico, en la forma de armado de las primeras revistas. El grillo... tiene una factura artesanal, muy dislocada, con un diseño tipo mosaico. O en el mismo El escarabajo había que hacer una especie de guía para saber dónde seguía un artículo, que empezaba en la contratapa, continuaba en la tapa y terminaba en la página del medio. Recuerdo una carta de lectores que decía que desde que leía la revista, Ulysses le parecía “una apocada novela rectilínea”.

–¿Qué heredan o qué influencias reciben estas publicaciones de Contorno?

E. C.: –Hay un gesto vanguardista importante. Más que una herencia, en el sentido consciente del término –y exceptuando la influencia sartreana que liga a estas revistas–, hay un reconocimiento de hecho de que Contorno modificó la manera de leer la tradición nacional y la misión de la crítica. Ya no fue posible leer de la misma forma la literatura argentina.

–¿Cuáles fueron las polémicas estéticas más fuertes que se desarrollaron en estas revistas?

E. C.: –El editorial de Heker La literatura como poder fue tan extenso que ocupó más de un número. Mientras antes se planteaba para qué se escribía, en los ’70 se preguntaban si la literatura era útil para la revolución. Ella citaba al propio Sartre, “que no existe libro alguno que haya impedido a un niño morir”, para afirmar que se lo había malinterpretado. El compromiso debe ser a partir de una elección consciente, es decir si uno cree que se debe actuar en la acción revolucionaria debe hacer la revolución, tomar un fusil, pero no escribir. Heker observaba que nuestros intelectuales hacían lo opuesto: habían elegido escribir, pero como necesitaban sentir que actuaban por la revolución, ubicaban su “cuartel de Moncada” en la literatura.

–¿Qué opina de las críticas que le hicieron a El ornitorrinco por haberse despolitizado?

E. C.: –Si con esto se refieren al tono de sordina, propio de la resistencia, desde luego que hubo una despolitización durante la dictadura. El debate está ausente porque no se lo puede inventar, está fuera de la escena directamente. Pero en El ornitorrinco se reprodujo la solicitada de las Madres de Plaza de Mayo en la que reclamaban por los desaparecidos. Además, Castillo escribió un editorial, en 1981, en el que se refería a la conmemoración del día de los derechos humanos. Señalaba que en momentos en que el lenguaje se había empobrecido parecía recuperar por sí mismo ciertas palabras, las recargaba de sentido y las volvía amenazantes. Mucho más no se podría haber hecho, porque el precio a pagar no hubiera sido el silencio de la palabra disidente, sino el de la tumba.

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Abelardo Castillo es el eje de estos “animales fabulosos”.
Imagen: Pablo Piovano
 
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