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Viernes, 18 de diciembre de 2009

MUSICA › ENTREVISTA A WILCO, EL SEXTETO DE ROCK Y ALT-COUNTRY QUE HIZO EL DISCO DEL AÑO (OTRA VEZ)

“Detestamos el clisé del artista torturado”

La banda de Jeff Tweedy ha soportado la ida de varios miembros, ser echada de un sello y hasta ver a su líder en rehabilitación, pero también ha entregado varios de los mejores discos de la década. Y Wilco (The Album) ya se ganó un lugar en esa lista.

 Por Fiona Sturges *

Imagine por un momento que usted es parte de una de las bandas más apreciadas del rock alternativo. Después de 15 años juntos, durante los cuales usted tuvo que lidiar con toda clase de trastornos, peleas con compañías discográficas y cambios de formación hasta debilitantes adicciones a las drogas, su imagen es la de una banda seria que aborda temas serios. Ahora, con su último álbum, usted quiere alegrar un poco el panorama, ofrecer un poco de alivio a sus oyentes. Entonces, ¿qué hace? “Simple”, sonríe Jeff Tweedy, de Wilco. “Alquila un camello y hace una fiesta de cumpleaños.”

Como ya saben los devotos de Wilco –que cada vez son más–, a lo que se refiere Tweedy es a la foto de tapa del séptimo y epónimo álbum de la banda, que recibió críticas elogiosas este año, en la cual se ve a un camello parado en un patio, con un gorro de fiesta en la cabeza. En la parte de atrás hay una mesa con una torta de cumpleaños y seis sillas vacías. “Originalmente, pensamos en poner a tipos muy viejos festejando un cumpleaños, pero una vez que encontramos al camello se hizo terriblemente obvio que la fiesta debía ser para él”, sonríe Tweedy. “Quería que la gente mirara la imagen y pensara ‘¿Qué carajo es eso? ¿Cómo sucedió? ¿Y por qué no me invitaron?’.”

La imagen logró el efecto deseado. Cuando salió el disco, los foros online se lanzaron a debatir sobre el significado de la tapa. Mientras que algunos tipos serios la interpretaron como una declaración acerca del proceso de paz en Medio Oriente y sobre la inútil búsqueda de la felicidad del hombre, la mayoría lo tomó por lo que era: Wilco relajándose. Wilco (The Album) es un trabajo que irradia confianza y satisfacción, lo que recuerda la simplicidad de los primeros discos de la banda, A. M. y Being There. El primer track, simplemente titulado “Wilco (The Song)”, encuentra a Tweedy rindiéndoles tributo a sus fans con guitarras a la Velvet Underground, y prometiendo que, no importa cuán brava se ponga la cosa, “Wilco siempre va a amarte, nena”.

Por otra parte, él lidia alegremente con temas que ha llegado a aceptar que están más allá de su control. Al considerar misterios existenciales en “Deeper Down”, él dice “adoro la falta de significado de ‘eso’ que no podemos expresar”, mientras que en “Solitaire” concluye: “Una vez pensé sin dudar que entendía todo... Me llevó demasiado tiempo ver que estaba equivocado por creer solamente en mí”. Es tentador ver el comportamiento optimista de Wilco, junto a su decisión de llamar como la banda a su séptimo álbum, a la manera de un grupo nuevo que lanza su debut y concluir que están poniendo a raya a la confusión que ha llegado a definir al grupo, que de algún modo están haciendo borrón y cuenta nueva. “Supongo que hay algo de eso”, dice Tweedy cautelosamente. “Después de cuarenta años, Glen Campbell sacó un disco llamado Meet Glen Campbell (Conozca a Glen Campbell), lo cual está bastante bien. Nosotros luchamos con un montón de otros títulos que eran más ejemplificadores de lo que era la música. Pero ningún otro era tan sucinto.”

Si el disco tiene un tema primordial, es la aceptación de las incertidumbres de la vida. “Creo que hay una naturaleza liberadora en ese concepto”, dice Tweedy. “Permite una alegría y un compromiso con la vida que es más disfrutable que la alternativa. He aspirado a expresar algunas de esas cosas durante mucho tiempo, quizá no tan claramente antes porque no me resultaba tan claro a mí. Pero creo que cuanta más habilidad tiene uno para tolerar la ambigüedad, más exitosamente puede conducir su vida. El punto de vista alternativo –la absoluta desestimación de la ambigüedad, tratando de racionalizar lo irracional– puede ser muy destructivo.”

A Tweedy se lo conoce por su retorcimiento filosófico, y le ha servido bien a él y a su música. Si hay una banda que aprendió a negociar y a sobreponerse a hechos al azar y falta de fortuna, ésa es Wilco. En primer lugar, tuvo frecuentes cambios de formación: del grupo original, formado en 1994 de las cenizas del grupo alt-country Uncle Tupelo, sólo quedan Tweedy y el bajista John Stirratt. Desde entonces, una sucesión de músicos ha llegado y se ha ido, incluyendo a Jay Bennett, quien dejó la banda en 2001 después de cortar relaciones con Tweedy, y quien murió inesperadamente este año. Todavía más desestabilizadora ha sido la relación de Wilco con la industria en la que opera. En 2001, su compañía discográfica Reprise, un subsello de Warner, rechazó su disco Yankee Hotel Foxtrot, sobre la base de que carecía de singles discernibles, y dejó ir a la banda. La respuesta de ésta fue comprar el master y ponerlo en streaming gratuito en internet. Medio millón de personas se bajó el disco y, como se corrió la voz de que estaban otra vez en el mercado, los miembros de Wilco se encontraron en la improbable posición de ser cortejados por treinta sellos distintos. Después de mucha deliberación, ellos firmaron con otra subsidiaria de Warner, Nonesuch, lo que significó que efectivamente la misma compañía les pagó dos veces por el mismo disco.

En 2003, la banda soportó más confusión cuando, durante la grabación de A Ghost Is Born, Tweedy se internó por decisión propia en una clínica para rehabilitarse de su adicción a los calmantes, que tomaba para suprimir las migrañas y ataques de pánico que lo habían afligido desde que era chico. La ferocidad de esos ataques fue capturada sombríamente en el documental de Sam Jones sobre Wilco, I Am Trying to Break your Heart, que mostraba a Tweedy doblado y vomitando por el dolor. La falta de predisposición de Wilco a regodearse con las dificultades es tan admirable como su habilidad para enfrentarlas. Tweedy se enoja un poco cuando se le pregunta hasta qué punto los dramas profesionales y personales han alimentado su arte. “No aspiraba a hacer discos rodeados de drama y no le doy la bienvenida al caos como puerta a la creatividad”, dice. “Estas cosas son simplemente nuestras experiencias. Más allá del consuelo que la música puede proveer por sí misma, creo que hay un consuelo en ver que el sufrimiento no tiene que ser desaprovechado. El reverso desafortunado de eso es que la gente lo ve de modo romántico, hasta el punto en que piensan que no podría existir sin el sufrimiento. El clisé del artista torturado es algo que realmente detesto. Lo que me parece más repulsivo de todo eso es que muy a menudo lo que es percibido como sufrimiento por los seguidores de un artista determinado en realidad es negarse a sufrir. La adicción a las drogas en particular sale de negarse a sufrir, cuando el sufrimiento es parte de la condición humana.”

Ciertamente Tweedy sabe una o dos cosas al respecto, aunque con su adicción a los calmantes bajo control tiene menos dolores de cabeza que antes. Mientras que antes eran casi constantes, ahora se redujeron a uno o dos por mes. “Hay una relación entre las migrañas y los desórdenes de pánico, y una vez que manejé esto último, creo que eso eliminó una buena cantidad de los dolores de cabeza que pasaban del pánico a la migraña”, dice. “Algo de lo que estoy seguro es que cuando sos adicto a los calmantes tu cuerpo realmente quiere sentir dolor, especialmente cuando querés tener una explicación racional para algo que sabés que está mal.”

Mientras Tweedy crecía en Chicago, sus héroes no eran los pavos reales del rock, sino los marginados e inadaptados. “The Minutemen, Hüsker Dü, The Replacements: me gustaban los antihéroes”, dice. “Tenía la tendencia a sospechar de la gente que se sentía lo suficientemente cómoda dentro de su cuerpo como para actuar como estrella de rock. Simplemente no soy esa clase de tipo. No soy David Lee Roth, por más que lo adore. Quiero decir, sería bastante útil poder sencillamente salir a escena y mover el culo durante un par de horas.” Junto con su instinto de supervivencia finamente sintonizado, el secreto de la longevidad de Wilco bien podría ser la permanente modestia de sus ambiciones. “Bueno, abandoné la idea de ser una sensación hace mucho, mucho tiempo”, sonríe Tweedy. “Eso hace que las apelaciones a mi ambición sean muy poco atractivas. Las compañías discográficas siempre apelan a tu ambición del mismo modo que las compañías de tarjetas de crédito apelan al deseo de la gente de tener status o cosas. Nosotros no podíamos bancarnos eso –micros de gira o videos, por ejemplo–, así que simplemente no los teníamos. Nuestro punto de vista siempre ha sido ése.”

Aun así, el número de fans de Wilco se ha incrementado sustancialmente durante los últimos quince años, y cada disco ha vendido más que el anterior. Wilco (The Album) llegó al número 4 del chart de álbumes norteamericano, el mejor puesto de la carrera de la banda. A Tweedy eso le encanta, pero al mismo tiempo no es la clase de tipo que vaya a hacer hincapié en las posiciones en el chart o las unidades despachadas. Por estos días, dice él, ve un futuro más calmo para Wilco en los años venideros. ¿Estará simplemente haciéndose ilusiones? “Pongámoslo de este modo: pienso que será más fácil sobrevivir los próximos quince años que lo que fue sobrevivir los últimos quince. Ahora estamos más ajustados en todos los sentidos para lo que sea que aparezca en el camino. Creo que vamos a seguir por acá por un buen rato.”

* The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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“Creo que vamos a seguir por acá un buen rato”, dice Jeff Tweedy. Si es con discos como Wilco (The Album), será para celebrar.
 
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