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Martes, 7 de junio de 2011

MUSICA

Adriana Varela, voz ideal para la puteada

Una exhalación engañosamente resignada antes que el ostinato del bandoneón entre señalando el norte. Lo que sigue es una metralla demoledora de insultos y reproches, poniéndoles un espejo a las miserias de un amante indigno, al mismo tiempo que se le muestra la puerta de salida. Así las cosas, el título de la pieza, “Hijo de puta”, es programático y probablemente no podría haber encontrado mejor vehículo que el fraseo reo y lleno de bilis de Adriana Varela. “Yo no la conocía; me la recomendaron y cuando escuché su voz increíblemente ruda en Internet lo supe enseguida: era ella quien tenía que interpretar ese tema.” Con esas palabras revela Nhoah la elección sin vueltas de la Gata Varela, cuya interpretación corta el aire como una versión avellanedense de Marianne Faithfull (otra voz que sabe ponerle el tono justo al despecho).

El relato de la propia Adriana Varela al teléfono da cuenta del deslumbramiento recíproco con los responsables de Tangowerk. “Cuando nos presentaron, se mostraron como gente seria y respetuosa. Tenían una avidez enorme de saber sobre mí y lo que yo pudiera aportarles. Me resultaron creíbles y, a su vez, me percibieron como alguien creíble. Me dieron además la posibilidad de trabajar en un estudio en el que me siento como en mi casa.” Una postal de ese ambiente de confianza doméstica se puede apreciar en el documental incluido en el DVD, donde la cantante aparece explicando la importancia decisiva de un “re” (no la nota musical, sino el prefijo para reforzar un calificativo) a la hora de putear, mientras sus interlocutores alemanes la escuchan y toman mate.

El siglo XXI dio a luz un mestizaje al que se rotuló como “tango electrónico”, subgénero que diez años después muestra señales claras de agotamiento. ¿Un motivo para aferrarse a la seguridad de la ortodoxia tanguera? Adriana Varela definitivamente no se ve a sí misma del lado de los que pretenden mantener al tango “como encerrado en un sarcófago” y completa: “No tengo problemas ni prejuicios en abrirme a lo lúdico; de hecho ya lo hice colaborando con Bajofondo y fue una experiencia magnífica. Sí soy selectiva. En el caso de Tangowerk pude percibir desde el primer momento un interés genuino del equipo, no sólo por lo estrictamente musical, sino también por lo que yo llamo ‘la mugre’ en el tango, en su cultura”.

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