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Sábado, 5 de abril de 2008

MUSICA › CHICO CéSAR EN EL TEATRO IFT

El nordestino intimista

 Por Karina Micheletto

Con su voz, un par de guitarras y un extraño instrumento que mezcla berimbau, cítara nordestina y distorsiones electrónicas, y sobre todo con un gran histrionismo en juego, Chico César monta un show que logra ser completo. No tiene más compañía en escena que la de Priscila Brigante, que por cierto es una percusionista sorprendente. Intimismo, dirán algunos, pero así mostrado es más bien despojo. El show sorprende al inicio, impacta por la forma en que el nordestino desarma sus temas jugando con la voz e incorporando al público en este juego. Se vuelve repetitivo hacia el segundo tramo de la noche, cuando los escasos recursos disponibles comienzan a reclamar otros apoyos musicales. Aun así, Chico César logra mostrarse como un artista con brillo propio y distintivo. Así Chico César va montando una a una sus canciones como pequeños shows en sí mismos: recita o juega con las vocales, raspa el micrófono, arma complicados coros con el público, bailotea solo, se mueve por el pasillo del teatro. El repertorio se basa en un recorrido por distintos discos, incluye grandes éxitos bailables como “Mama Africa” o “Pedra de responsa”, con letras que siempre embanderan una raza y una cultura.

Llega el momento de las canciones de amor, esas con las que los brasileños saben lograr un cruce infrecuente por estas tierras: que un buen tema suene de cortina en la telenovela de más rating. Como la bellísima “A primera vista”, de 1995. Entonces César, solo con su guitarra, empieza a llorar mientras canta. Se lanza el debate sobre la espontaneidad del llanto. Esta noche, cuando se repita la función en el teatro IFT, muchos chequearán si Chico sigue con la emoción fácil.

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