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Miércoles, 25 de febrero de 2015

LITERATURA › LA TIERRA DE ARACATACA EN LA CAJA DE LAS LETRAS

De Macondo al Instituto Cervantes

 Por Silvina Friera

Algo es mejor que nada. Aunque sean como oscuras migas de pan de un antiguo festín de papeles, un legado que fue vendido en diciembre pasado al Harry Ransom Center de la Universidad de Texas. El Instituto Cervantes de Madrid tiene desde ayer un pedazo de tierra de Aracataca, la ciudad donde nació Gabriel García Márquez el 6 de marzo de 1927, el espacio que inspiró al mítico Macondo, el pueblo de Cien años de soledad. La ministra colombiana de Cultura, Mariana Garcés, fue la encargada de depositar en la Caja de las Letras de la institución española una arqueta con tierra de la casa natal del narrador colombiano. Junto a la tierra se introdujo una placa que recuerda la frase inicial de la célebre novela: “Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo”. Beatriz Hernanz, directora Cultural del Cervantes, dijo que “millones de lectores sucumbieron fascinados ante unas historias que habían tenido en Aracataca y en la abuela Tranquilina la génesis de su creación”.

El legado del escritor colombiano, que murió el 17 de abril de 2014, es el primero que se deposita de manera póstuma en el Cervantes y permanecerá custodiado bajo llave en la caja 1483 de su antigua cámara acorazada. “Nada mejor para representar a Colombia”, declaró la ministra Garcés. “Mucho se podría decir de García Márquez, y siempre nos quedaríamos cortos”, señaló la ministra y agregó que la mejor manera de reivindicar a Gabo es que “las nuevas generaciones lo sigan leyendo”. Anteriormente, poetas como el argentino Juan Gelman y el chileno Nicanor Parra y escritoras como la mexicana Elena Poniatowska, todos ellos distinguidos con el Premio Cervantes, cedieron algunos objetos personales a la Caja de las Letras. “Las letras del siglo XX no se entenderían sin García Márquez”, afirmó José María Lasalle, secretario de Estado de Cultura. Para el número dos de Cultura del gobierno español, la tierra de Aracataca es “una especie de legado telúrico” que reposará “en este condensador espiritual que es el Cervantes”.

Los papeles de Gabo, toda su colección personal, lo que atesoraba en su casa en México, está en Texas. Las 40 cajas de cartón que llegaron al Harry Ransom Center en diciembre pasado contienen manuscritos originales de diez libros, desde Cien años de soledad (1967) y El amor en los tiempos del cólera (1985) a Memoria de mis putas tristes (2004), pasando por uno de los pocos manuscritos que existen de En agosto nos vemos, su novela inédita con la que batalló tanto que no se atrevió a mandarla a la imprenta; más de 2000 cartas –a Carlos Fuentes, a Graham Greene, a Julio Cortázar y a Milan Kundera–; borradores de su discurso al aceptar el Premio Nobel de Literatura, en 1982; más de 40 álbumes de fotografías; las máquinas de escribir y las computadoras en las cuales escribió algunos de los trabajos literarios más importantes del siglo XX y álbumes de recortes de periódicos de Latinoamérica y el mundo que recopilan meticulosamente su vida y obra.

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