La reedición de Nada que ver con otra historia ofrece un texto de 1971 que retrata, a partir de la mirada grotesca de un sucedáneo de Frankenstein, “una sociedad en la que empiezan a ajustarse las clavijas”. Una época que, según la dramaturga, aún se vincula con la actualidad: “Lo que pasó en Neuquén indica que las cosas cambian más en la superficie que en profundidad”.