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Martes, 15 de enero de 2008

TEATRO

La buena estrella de Diego Reinhold

Diego Reinhold se lleva uno de los mayores aplausos en Incomparable: lo logra brindando calidad y talento a un espectáculo en el que otros zafan. El –dice cuando se le pregunta– descree del reparto entre géneros cultos y piezas para masas. No siente que esté trabajando en “algo nuevo” sólo por integrar esta compañía. Lo responde con poca sutileza, cuando se lo interroga por su supuesto debut en la autoproclamada revista: “No es una experiencia nueva. Me dicen cosas tan raras, y después yo contesto cosas raras. No me voy a hacer el exacto. Yo los dejo hablar, pero esto no es nuevo”. Compara a Incomparable con la estética de algunos espectáculos que hizo anteriormente, como su participación en el Club 69, durante tres años, unidos en “el brillo y las plumas, una estética de los pájaros”. Dice que en esa búsqueda continua de dar con la mejor mujer alada (o emplumada) “hay algo”, que se atrevería a pensarlo como una metáfora de la mujer ovípara pero, cuando se le pide que avance en la interpretación, corta el argumento para saludar a la vedette principal y a unos bailarines. Su preferencia natural es negar las afirmaciones que se le postulan (en una actitud razonable, porque no son ideas muy elaboradas); por ejemplo, niega que haya una elección especial de estos shows por alentar la participación del público porque “el público participa en cualquier experiencia artística”. Se le replica que el concepto detrás de la pregunta es más lineal y apunta a la tendencia a hacerlos subir al escenario, y dice que “en Incomparable no sube nadie al escenario”. Incluso, él habría propuesto que lo hicieran para su número de baile sobre un supuesto piano, pero le respondieron que “podía salir mal”. Se arrepiente de aquella iniciativa apresurada: “Es cierto que en Mar del Plata hay mucha gente mayor, y habría que elegir con mucho cuidado a quien sube”. Su negativa entusiasma al cronista, que insiste con su idea de que sí hay una tendencia a “hacer actuar a la gente” y a veces hasta a agredirla. En ese punto, Reinhold admite que puede ser así, pero lejos de objetar dicha práctica evidencia una total aceptación a los fenómenos teatrales populares: “Empecé a sacarme las resistencias de encima”.

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Cherutti y Celina Rucci, en Incomparable.
 
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