Las “leyes” del progreso y el avance científico suelen ser dudosas y en general muy poco confiables. Al fin y al cabo, no son más que extrapolaciones bastante arbitrarias de una situación dada. Pero hay veces en las que ciertos observadores perspicaces pescan las tendencias profundas de su tiempo, la pegan y son recordados. Tal parece ser el caso del duetto de hermanos Adams, Henry y Brooks, que a principios del siglo XX imaginaron con bastante claridad cosas que a nosotros mismos nos parecen confusas.