El positivismo, tan odiado por la posmodernidad, nació a mediados del siglo XIX en gran parte como consecuencia del enorme desarrollo científico en marcha, pero también por la acción de una sola persona, Augusto Comte, que propuso un sistema epistemológico a caballo entre lo riguroso y lo fantástico y que más tarde entró en el terreno del delirio al constituirse en religión, con templos y sacerdotes. Parece ser el destino de cualquier credo iluminado, que no se somete a los imperativos de la realidad y se resiste a cambiar ante los embates de la dura y cruda empiria.
Por Pablo Capanna
ENERGIAS ALTERNATIVAS: NUEVO PARQUE EOLICO EN SANTA CRUZ