Es oficial: según la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), el pujante desarrollo económico de países asiáticos como China ya le roza los talones a Estados Unidos en materia científico-tecnológica. Así como ocurrió a fines del siglo XIX con Inglaterra y a principios del XX con Alemania, parecería que el poder innovativo se encontrase en plena transición: no sólo por el boom chino sino también por la política de la administración Bush que, alentada por un grupo de “teoconservadores”, silencia a científicos y pone trabas en tópicos como la contaminación ambiental, el cambio climático, la salud reproductiva, la investigación con células madre; todo esto con aires a cruzada religiosa.
Por Sergio Di Nucci
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