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Lunes, 16 de septiembre de 2002

ASI EN LA PAZ COMO EN LA GUERRA

El fútbol en Irak

Durante el receso previo al campeonato italiano, una selección de Irak jugó una serie de amistosos en la Península. Hoy, esos mismos jugadores están en vísperas de convertirse en soldados dispuestos a defender a su país en la guerra inminente.

 Por Gustavo Veiga

Acaso ya sepan que nada bueno les espera. Juegan en clubes como Talaba (estudiantes), Shurta (policía) o Jawwiya (fuerza aérea). Pero en lugar de enfrentar a otros equipos como lo hicieron en una gira reciente por Italia, durante septiembre, o a más tardar octubre, podrían entrar en combate para defender a su tierra, Irak. Son hijos de una nación que va por su tercera guerra, a razón de una por década. En los años ‘80 pelearon contra el vecino Irán y a principios de los ‘90, contra una aplastante coalición internacional. Las consecuencias han sido universalmente difundidas.
Emad Mohammed fue elegido como el mejor futbolista iraquí del 2001. Es goleador y pasó por Córdoba durante el último Mundial Sub-20 con los juveniles. Hassan Turki es una de esas promesas que, pese a su juventud, no se calla la boca: “Si alguien ataca nuestro país, todos estaremos listos para defenderlo”. Haidar Mahmoud es el capitán del seleccionado mayor y uno de los escasos jugadores que integró un equipo extranjero, el Johor FC de Malasia, durante tres años. El regresó en 1999 para sumarse al plantel de Al Zawraa, el más fuerte en la temporada pasada. Otros compatriotas, en cambio, siguieron su carrera en clubes de Corea, Líbano, Emiratos Arabes y hasta Inglaterra.
En agosto y, durante el prolongado receso del fútbol italiano, una selección iraquí disputó varios amistosos contra rivales menores del Calcio italiano. Golearon al Sorrento por 5 a 1, superaron a la Ebolitana 2 a 0 –de la ciudad que dio nombre a aquella película llamada Cristo se detuvo en Eboli, con Gian Maria Volonté–, en fin, jugaron como cinco partidos. Sin embargo, no pudieron darse el gusto mayor: enfrentar al Napoli, el equipo más popular de la región que visitaron. Los sucesores de Diego Maradona en ese club devaluado estaban concentrados en otro sitio realizando la pretemporada.
A estos muchachos de inconfundibles rasgos arábigos que profesan el Islam, la oposición política iraquí con base en Estados Unidos, los describe con hipócrita misericordia como “parte de la propaganda” que maneja Uday Hussein, hijo de Saddam y líder omnipresente de uno de los Ejes del Mal, desde 1979. Además, le atribuyen al primogénito los peores vejámenes contra aquellos jugadores nativos que perdieron algún partido con la camiseta nacional. Sostienen que Uday controla el fútbol de su país, como ocurre con el hijo de Muammar Kadafi en Libia. Con la diferencia de que, hasta ahora, no hay indicios de que el iraquí haya adquirido acciones de algún poderoso club europeo.
“Utiliza al equipo nacional, hace propaganda política”, trinan en una fundación de exiliados cuya sede está en Washington. No digirieron que la selección rompiera el creciente aislamiento internacional cuando efectuó aquella gira por Italia. Fue demasiado para ellos. Ocurre que en abril, un equipo juvenil realizó entrenamientos y también se enfrentó con los menores de 21 años del Milan y hasta con el Bologna del “Jardinero” Julio Cruz y Giuseppe Signori, que los despachó con un lapidario 5 a 1.
El heredero de Saddam, además del fútbol, se ocupa de varios medios de prensa, entre los que está VOI (Voz de Irak), donde pasan rock británico y estadounidense. Este personaje debería ser barrido del mapa como su padre, según el vocinglero lenguaje bélico de George Bush, el otro hijo más poderoso del planeta. Claro que, las actuales amenazas de invasión, omiten el apoyo que Estados Unidos le dispensó a Hussein mediante créditos e información satelital para contener al Irán del ayatollah Jomeini, durante la guerra que finalizó en 1988 y costó un millón de muertos. Cualquier semejanza con el respaldo a Bin Laden en la contienda que libraron Afganistán y la ex Unión Soviética es pura coincidencia.
“Esta es una gran ocasión, porque con el embargo es muy difícil que juguemos contra equipos extranjeros”, dijo el capitán Haidar Mahmoud en agosto pasado, mientras se desarrollaba la gira por Italia. “No tenemos ningún problema en jugar con ellos. Somos todos pacifistas”, devolvió lagentileza el capitán de la Ebolitana, Gaetano Chiagano, según Andrew Dampf, de AP, desde Nápoles, quien sugirió que los asiáticos no habrían hablado libremente por temor a las represalias.
Mientras se acerca la hora de los misiles y las bombas, mientras la sinrazón –o la razón del petróleo iraquí– avanza en su próxima expedición de escarmiento, un puñado de futbolistas acaba de indicar otro camino. Intuyen que a orillas de los milenarios Tigris y Eufrates, en poco tiempo no quedará otra cosa que desolación y muerte. Otra vez, como en 1990. No engendraron al monstruo, pero deben convivir con él. Están preocupados por sus familias y por los niños que perecen de a racimos, producto de un embargo que ya supera los diez años. Y critican las sanciones contra su país por las penurias que generan. Son algunas de las pocas voces involucradas que se alzan más allá de sus fronteras, contra lo que se pretende hacer aparecer como inevitable.
Juegan al fútbol en un país como Irak y, quizá, en cuestión de semanas, estén alistados para salir hacia el frente o aterrorizados en un refugio de Bagdad. Para entonces, la ligas norteamericanas y la Premier League de Inglaterra estarán en pleno desarrollo, con sus estadios poblados; un hot dog y una gaseosa bien a mano. La televisión, con su inmediatez manipulada a control remoto, le permitirá al espectador pasar de los bombardeos a un partido de fútbol. Con la misma rapidez con que una pelota puede correr entre decenas de cadáveres.

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