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Domingo, 4 de mayo de 2003

FERIA DEL LIBRO: ENTREVISTA

Las pruebas del héroe

En Erec y Enide, su última novela, Manuel Vázquez Montalbán vuelve su mirada a la Edad Media para encontrar allí la fuerza del amor que hoy nos falta.

Por Cecilia Sosa

La crítica ibérica gusta de calificar a Manuel Vázquez Montalbán como uno de los intelectuales “con la cabeza mejor amueblada de España”. “Debe ser por lo grande”, dice. “Siempre es mejor que ser un intelectual mueble”, bromea. Fuera de toda tasación mobiliaria, su extensísima obra también elude calificaciones fáciles: narrativa, periodismo crítico, poesía, gastronomía. En Erec y Enide, su nueva novela, Vázquez Montalbán retoma una leyenda del ciclo artúrico de la Baja Edad Media bretona para presentarla como un modelo de amor actual. “Es un intento de encarar el problema de los desamores, de los desencuentros consumados por el miedo a la vejez, el miedo a la muerte y hasta un intento de superar el amor como problema subjetivo o individual en una fuga solidaria”, dice el autor.
El hallazgo es que el mito artúrico, creado por Chrétien de Troyes en el siglo XII, se reescribe en sentidos múltiples, desdoblados y contradictorios. Mientras un 23 de diciembre, el profesor emérito Julio Matasanz espera su consagración internacional con una conferencia sobre la regeneración de la leyenda de Erec y Enide, en la cúspide de la burguesía barcelonesa, su coqueta mujer alterna gimnasio y compras navideñas. Y en algún paraje de América Central, su ahijado huye junto a su mujer de los paramilitares que han decidido decretar subversiva a toda misión extranjera, incluso la de la humanitaria ONG “Médicos sin fronteras”. Y en su huida, la pareja enfrenta los mismos obstáculos que el caballero de la Corte del rey Arturo. “Bajo el pretexto de la conferencia del viejo profesor se busca examinar el papel del mito en lo literario, sobre su significado en la Edad Media y también en la actualidad”, dice Montalbán.
Según confiesa el autor, el mayor desafío literario fue construir la conferencia del catedrático, “de modo tal que fuera verosímil y que la pudiera leer un especialista sin sentirse agredido”. Por eso, antes de ser publicada, la novela fue leída por tres especialistas de la literatura sajona. Entre ellos, la hija de Martín Riquer, aquel que hace 42 años deslumbró a Vázquez Montalbán con sus clases sobre el ciclo artúrico. Compartiendo acaso el capricho de su septuagenario protagonista, y en un nuevo giro del recorrido circular, el autor logró que la presentación de la novela se hiciera en la misma isla de San Simón, Galicia, donde se premia al catedrático, un “centro religioso, templario, disputado por reyes y obispos, conventual y sanitario, cárcel de rojos durante y después de la guerra civil de 1936... ruina y pre-ruina restaurada por la Xunta de Galicia para convertirla en centro cultural”.
El personaje del catedrático representa un modelo de intelectual muy distinto del suyo.
–El catedrático vive culturalmente. Hasta sus vivencias sexuales o sentimentales entran en un territorio que controla, el de su poder cultural. Está recluido en su torre de marfil, autojustificado por sus orígenes sociales. Se ha hecho a sí mismo un autista y cuando le asalta el terror es en la contemplación de su propia decadencia. El mundo académico es, en definitiva, un mundo muy precario, neurótico y, en un extremo, está por encima del bien y del mal.
Sus mujeres, en cambio, se relacionan con el mundo de otra manera.
–El mundo de Madrona, la mujer del especialista, es mucho más verosímil. Al principio no iba a aparecer mucho, pero el personaje comenzó a ganar fuerza hasta apoderarse de la estructura. Es que tras un aparentemente personaje superficial se oculta una persona con una necesidad de contacto y compromiso notables. Por su parte, Myrna (la amante eterna del catedrático) trata de salvarse incumpliendo el ritual de la vieja profesora y buscando salir del circulo alineándose a una ONG o recuperando a sus nietos.
La novela plantea un escenario dividido: mientras Europa consagra al gran especialista en literatura medieval, los verdaderos héroes luchan en América.
–En Europa todo está muy sedimentado, mientras que ustedes no tienen sedimentada ni la geografía. En términos de relaciones de poder, América también es una obra más abierta y plural. La prueba es que de vez en cuando el poder necesita un acto de brutalidad para domesticarla, como fue el genocidio en el Cono Sur. En Europa, si bien el sistema ha triunfado, aún existe un sedimento de cultura crítica, un sustrato dejado por todas las corrientes emancipatorias que inventó a lo largo de los siglos. Ésa es la cultura de la resistencia que debe aprovecharse y la que permite la emergencia de una sociedad civil crítica de la guerra o de la globalización, por ejemplo.
La conclusión de la ponencia del catedrático es que la única posibilidad del amor es el autoengaño.
–Una afirmación necesaria. En cualquier caso, sin autoengaño no existirían ni equipos de fútbol.
¿Una especie de extensión de la “mala fe” de Sartre?
–Estaría más en otra línea. La falsa conciencia de Sartre encubre un sentido trágico, la sorpresa de descubrirse frente un abismo. Pero esa sorpresa ya tiene 60, 70 años. Ahora hay que ser mucho más irónicos en la visión del fracaso de la razón. Sin cierta capacidad de autoengaño sería imposible creer en algo. Toda vida depende de la muerte, incluso para comer hay que matar. La creación podría haber sido de otra manera, si en lugar de siete días hubieran sido quince.
Pero, de todos modos, se construyen nuevos mitos, nuevos héroes.
–Luego de los fracasos de los mayos, un cantante catalán decía que los únicos héroes de nuestro tiempo eran los héroes del rock. Hoy, esos “héroes” tienen más de 60 años y es una cosa aterradora ver cantar a los Rolling Stones o a Paul McCartney. Originalmente, los mitos partían de la desinformación y buscaban explicaciones maravillosas y surrealistas a lo que estaba ocurriendo. Ahora, a pesar de la acumulación de información y de saber científico, persiste una tentación a la frustración. Y también la necesidad de depositar la confianza en algún elemento, aunque sea de manera ficticia o autoengañada.
¿El amor solidario es el mito que consagra la novela?
–El problema es que no se acaba de saber si la solidaridad es una superación del conflicto entre el yo y el nosotros o si es una huida hacia adelante. La pareja va a tener un hijo, ¿y qué va a hacer? ¿Va a continuar con su modelo de vida nómada o va a sedimentar en una existencia pequeño-burguesa?

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