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Jueves, 13 de octubre de 2005

DAVE MUSTAINE, DE MEGADETH, SE REFIERE AL PUBLICO ARGENTINO

“Ustedes me devolvieron mi carrera”

Desembarcó con su aplanadora metalera, renovando credenciales de fervor porteño. Antes del show habló con el No, rememorando sus primeras épocas. Hace 20 años decía que la paz podía venderse y que el problema era que no había comprador. “Las cosas no han cambiado tanto”, cree ahora.

POR DANIEL JIMENEZ

Son las cinco de la tarde de un sábado primaveral en Buenos Aires, y Dave Mustaine, con una ligera cara de haber dormido pocas horas en los últimos días, se desploma pesadamente en una silla para casi no moverse en los próximos cuarenta minutos. Desde una suite del piso 22 del Hotel Sheraton, el cantante y guitarrista de Megadeth, banda que lidera desde hace dos décadas y que acaba de tocar por quinta vez en la Argentina, apoya el mentón sobre su mano derecha, se acomoda su larga melena colorada y saluda caballerosamente: “Hola, Daniel, ¿cómo estás? Comenzamos cuando quieras”. Mustaine, uno de los pocos estandartes visibles del metal que aún quedan en pie y girando por el mundo, parece no haberse acostumbrado al cambio de horario y luce un tanto cansado. Algo que no le impedirá llevar adelante su papel de estrella de rock y cumplir con ciertos gajes del oficio como, por ejemplo, afrontar esta entrevista con hidalguía y buen humor. Con la excusa de seguir presentando su último disco The System Has Failed, el cuarteto pasó nuevamente por Buenos Aires, donde brindó un emotivo show al aire libre en Obras Sanitarias en el marco del festival Pepsi Music, que sirvió para confirmar el interminable romance con el público argentino y la vigencia de una de las más poderosas maquinarias de rock de fin de siglo.

–En 1986 te preguntabas: “La paz se vende, pero, ¿quién la compra?”. ¿Qué pensás ahora de eso, teniendo en cuenta los cambios que ha sufrido el mundo en los últimos veinte años?

–Es increíble, pero creo que aquellas canciones pueden servir tranquilamente para explicar el mundo de hoy, tan loco y tan desenfrenado. Creo que esa sentencia no ha perdido vigencia. Si no, pegale una mirada a los noticieros y te vas a dar cuenta de lo que hablo. Los espacios de poder no han cambiado en el mundo.

–Ya llevás más de veinte años de carrera. ¿Tu visión del rock ha cambiado mucho en este tiempo?

–Bueno, he crecido y las cosas que me importaban antes hoy me importan mucho más, porque me siento un poco más viejo y creo que la vida de todos ha cambiado. Cuando era un pendejo solamente pensaba en tener una banda y no en tener esposa e hijos. Pero ahora tenés que pensar que tus decisiones pueden incidir en los demás y que cada paso que des puede afectar a las personas que te rodean. Y eso es el inexpugnable paso del tiempo.

–¿Creés que la música de Megadeth también ha cambiado?

–Sí, absolutamente. Creo que ha regresado un poco al pasado y se ha vuelto más “heavy”, y eso tiene que ver con un gusto personal, que de una manera u otra ha incidido en los discos de Megadeth. Pienso que se ha vuelto más pesada y el mismo tiempo más melódica, con baterías más fuertes. Reconozco que me gustan las canciones de mid tempo y hasta algunas más bien lentas, pero no es el tipo de canciones que me gustaría tocar en vivo.

–¿Los motivos que hoy te llevan a salir de gira y grabar discos son los mismos del comienzo?

–Mirá, aún disfruto del sentimiento de tocar en vivo y de grabar discos que suenen bien, que son dos sensaciones que todavía me producen mucho placer. Pero hoy es más fácil grabar discos porque todo el mundo tiene a su favor la tecnología, incluso aquellos que no saben tocar; con una computadora al lado cualquiera graba un disco. Hoy tenemos el Pro Tools y entonces cortamos y pegamos pedazos y tenemos un gran álbum. Pero lo difícil es hacer un trabajo con amor y poner todo tu corazón en eso, y allí no hay tecnología que valga. Tampoco la computadora puede ayudarte a ponerle alma a un solo de guitarra. Pero lamentablemente hoy cualquiera que no sabe tocar puede tener un disco mezclado maravillosamente.

–¿Podés hacer una radiografía del típico fan de Megadeth?

–Es muy difícil, porque son todos diferentes. Hay gente muy joven, hay mayores, chicos, chicas y hasta niños que les gusta Megadeth. También los hay profesionales, callejeros, oficinistas y hasta amas de casa. Y también hay gente que se encuentra en prisión y que es fanática de Megadeth. Y eso te lo digo porque he estado con algunos de ellos que tenían Countdown to Extinction como disco de cabecera. Y a todos ellos aprovecho para decirles: “Ok, está todo bien, pero no vengan a buscarme” (risas).

–¿Cómo es tu relación con los fans?

–Me encanta estar cerca de ellos, pero a veces hay situaciones que se vuelven un tanto peligrosas, por la excitación que tu música produce en la gente y por esa misma cercanía de la que te hablaba. Pero trato de cuidarme y tengo a un “big boy” que me acompaña a todos lados para evitar ese tipo de inconvenientes. Me encantaría agradecerles el haberme dado, en cierta forma, el estilo de vida que llevo, pero no hay que confundirse. Dios me dio el regalo de poder tocar la guitarra, de hacer la música que me gusta y de ser un tipo feliz. Es una larga historia de esfuerzo y actitud la que uno ha forjado a través de los años.

–¿Qué es indispensable para ser exitoso en el negocio del rock?

–Hay que tener perseverancia, talento y estar preparado para que se diga cualquier cosa de vos. Hace poco me entrevistaron en Chile y el periodista escribió en su artículo “Dave Mustaine confiesa que no va a haber más giras de Megadeth”. Y yo nunca dije eso. Yo le había dicho a ese tipo: “En Buenos Aires, y cuando esté en el escenario, recién voy a decir qué es lo que voy a hacer”. Y la verdad es que pienso regresar a tocar a la Argentina antes de los próximos dos años, con Megadeth o solo, pero ya sé que voy a volver. Por eso creo que llevarse bien con la prensa es una de las partes más difíciles del negocio, además de viajar. Estás todo el tiempo probando otra comida, tomando otras bebidas, durmiendo en otras camas y nunca terminás de acomodarte a cada ciudad. Recuerdo que la primera vez que tocamos en Nueva York nos decían: “No se paren a ver los edificios porque los van a confundir con turistas y esta ciudad está llena de criminales esperando situaciones como ésa, así que si lo hacen es probable que los maten”.

–¿Considerás a Megadeth como una banda norteamericana?

–No me considero un músico norteamericano sino que me considero un músico internacional. Cuando estoy en Buenos Aires no me considero un norteamericano en la Argentina sino que me siento un simple músico en un país que amo y al que le voy a pertenecer a su gente por las próximas cuarenta y seis horas. Y lo mismo pasa con Megadeth, que es una banda internacional y no norteamericana, más allá de tener dos canadienses y dos americanos en el grupo. Creo que la música de Megadeth trasciende los límites de los Estados Unidos.

–¿Extrañás cosas de los primeros tiempos?

–No. Yo era un músico amateur antes de entrar a Metallica, donde me convertí en un músico profesional, y eso fue en 1982. Y la verdad es que no extraño cargar equipos y cobrar unos pocos centavos por tocar toda la noche en lugares mugrosos, eso sí que no. Eso de estar con una chica y decirle “no te vayas, que todavía tengo que cargar mi amplificador en la camioneta”, no me hace gracia (risas). Pero que me haya referido a Metallica no significa que quiera contestar preguntas sobre ellos.

–¿Y qué disfrutás hoy más que antes?

–Algunas cosas. Como, por ejemplo, dar cada tanto shows acústicos, como el que hicimos hace un tiempo aquí en Buenos Aires. Esas cosas me hacen feliz, porque además te permiten mostrar una faceta diferente de la que la gente está acostumbrada a ver.

–Decime cuál fue el último show que viste como fan y el último disco que escuchaste.

–(Piensa) Dejame ver... probablemente fue un show de Page y Plant en Filadelfia, y creo que eso fue hace como ¡siete años! Y el último disco que escuché fue The Best of Scorpions, el lunes pasado.

–¿Aún te intentás explicar el feeling que la banda mantiene con el público argentino?

–Creo que a esta altura ya no puedo explicarlo. Cuando tocamos en Chile algunos allegados y hasta parte de la banda me decía: “Este público es excepcional, estaban como locos”. Y yo les decía: “No, se equivocan; aún no han visto nada; porque en Buenos Aires siempre va a ser mejor”.

–¿Qué es Megadeth?

–Es mi banda, es donde quiero estar y adonde siempre regresaré.

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